Opinión

Alan Kurdi y la crisis migratoria

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La imagen desoladora de un niño de apenas tres años ahogado frente a las costas de Turquía hace unos días ha provocado alarma internacional por la crisis migratoria en Europa. La mayoría son ciudadanos sirios que escapan de una guerra intestina que azota a su país desde 2011, ahora agravada por el poderoso surgimiento de ISIS (Estado Islámico) que controla ya todo el norte del país.

El Comisionado Migratorio europeo basado en Bruselas estima en 350 mil los migrantes que cruzaron el Mediterráneo en busca de asilo en los últimos 14 meses.

Grecia, Italia, España, Portugal han recibido cuotas que oscilan entre los mil y mil quinientos sirios, aunque también hay afganos, iraquíes y de otras nacionalidades del medio oriente.

Se calcula que en lo que va de este año han muerto en el mar dos mil 640 personas por naufragios, sobrecupo de embarcaciones o accidentes, como el trágico caso del pequeño Alan quien se soltó de las manos de su padre en un esfuerzo enorme por retenerlo.

Desde la Segunda Guerra Mundial el continente europeo no enfrentaba una movilización de personas –en su mayoría por causas humanitarias–de las dimensiones que esta crisis impone a la Unión y sus integrantes. Desde la destrucción nazi y la derrota alemana, no se veían cientos de miles de personas cruzando aguas internacionales, improvisando embarcaciones caseras y con frecuencia insuficientes, para buscar la vida en otra parte, en pleno escape del infierno de donde provienen.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) ha tomado cartas en el asunto al presionar a la autoridad europea y fijar cuotas por países y capacidades económicas para recibir por miles a estos refugiados. Las primeras cifras aparecieron ayer en Bruselas, al asignarle a Alemania 26 por ciento de los inmigrantes, cerca de 31 mil 443; Francia 20 por ciento con 24 mil refugiados; España 12 por ciento con 14 mil 900; Polonia 7.0 por ciento con nueve mil 280 y así sucesivamente se incluyen Holanda, Rumania, Bélgica.

Desde América Latina aparecen generosas invitaciones de territorios tan lejanos como amigables: Brasil ha recibido ya a más de dos mil sirios mientras que Argentina –con una numerosa comunidad siria establecida por décadas- a poco más de mil.

La crisis no tiene comparación. ACNUR afirma que en casos de guerra y conflicto armado los desplazados son siempre por decenas de miles, lo han coordinado y atendido en África y Asia, pero lo que sucede hoy en Europa supera todo cálculo y previsión.

España ha respondido ya que no tiene capacidad para recibir o tramitar a más de 15 mil personas, mientras que Portugal apenas ha contribuido con unos cuantos cientos.

El fenómeno migratorio en Europa se ha transformado profundamente en las últimas décadas. Alemania solía recibir a turcos, que se convirtieron en los mexicanos de Estados Unidos, el segmento de la población que realiza los trabajos de menor remuneración o aquellos que son rechazados por los locales; Italia ha lidiado con bosnios, croatas en las últimas dos décadas, mientras que España con marroquíes y magrebíes del norte africano. Francia, al igual que Gran Bretaña, han recibido extensas comunidades musulmanas de diferentes nacionalidades: iraquíes, algunos iraníes, muchos paquistaníes y demás.

Pero el escenario que acecha hoy a Europa no tiene precedentes por el volumen y por las características. En el Medio Oriente se libra un conflicto ideológico, religioso, de brutal crueldad a manos del Estado Islámico. No sólo es su destrucción de ruinas y tesoros arqueológicos, sino la esclavización absoluta de regiones y poblados completos donde rebelarse significa la muerte.

Siria, por su parte, vive esta guerra interna entre los simpatizantes del régimen de Bashar al-Asad y su terca y sangrienta permanencia en el poder a cualquier costo. La debilidad del régimen y la complejidad de las alianzas permitió la aparición creciente del criminal Estado Islámico.

El futuro económico del mundo, con predicciones nada halagadoras para el próximo año, agravan el panorama de una crisis migratoria y humanitaria para cientos de miles de personas cuyo estatus puede ser el de refugiado político, o refugiado por conflicto armado, a países donde el desempleo se agrava (España, Italia, Portugal) o donde las perspectivas de crecimiento son más bien conservadoras (Francia, Alemania, Bélgica).

Twitter: @LKourchenko

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