Opinión

Al vapor

Todo es muy raro. Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, regresó al estrado de Bucareli con una respuesta al pliego petitorio presentado (ah, la voz pasiva) por el movimiento politécnico en protesta por la imposición de un nuevo reglamento educativo en el IPN. La respuesta: sí a todas las demandas. Todo sí, todo sí.

Gamés no recuerda una negociación política más exitosa. Uno de los jóvenes que encabezan el movimiento dijo: “Queremos dejar en claro que no se tiene confianza en el gobierno federal, ni en su palabra. Por eso es que la comunidad se pondrá de acuerdo en sí acepta o no la respuesta que nos está dando”. Aigoeeei.

Gamés no se perdería ese momento histórico en el cual los jóvenes regresan a entrevistarse con Osorio Chong y le dicen que no están de acuerdo en que todas sus demandas hayan sido aceptadas: queremos, señor secretario, que al menos una de las peticiones del pliego sea rechazada porque la verdad, así no tiene chiste protestar y, mucho menos, negociar. De modo que usted regresa a su oficina y rechaza algo del pliego, luego vuelve en mangas de camisa a decirnos que hay un punto que de plano no pasa. Entonces nosotros protestamos por la falta de flexibilidad del gobierno y el movimiento crece y vuela.

Si Gil ha entendido algo, los jóvenes del Politécnico se encuentran en el último grado del desconcierto. Y ora qué hacemos, wey, ya nos dijeron que sí a todo, qué pex. Así las casas (muletilla inmobiliaria), Gilga pregunta: ¿es o no todo muy raro?

Que sí, que no, el ruletero

Gil estaba leyendo su periódico La Jornada, más precisamente la nota de Fabiola Martínez, Arturo Sánchez y Emir Olivares. El título de la nota hechizó a Gamés: “Y los alumnos dijeron ‘no’ a los diálogos al vapor”.

Hacía mucho tiempo que Gamés no se daba una machincuepa doble en el mullido sillón. Oigan esto: “Los estudiantes sólo dieron acuse de recibo. La última palabra la tomará su comunidad. Y enfáticos, conscientes de su fuerza, acordaron que siempre no, que antes de que se vaya (Yoloxóchitl Bustamante) la funcionaria debe trasparentar su gestión”.

Todo el teatro del absurdo es una broma frente a la nota de estos reporteros y, de ser cierta, ante la postura de los jóvenes del Politécnico: que siempre no, que no renuncie la señora Bustamante, que se quede en el cargo y trasparente su administración. ¿Pues no querían que renunciara? ¿Quién entiende algo? El movimiento politécnico parece un mambo, el del Ruletero. Sólo falta que bailen y como el Cara de Foca emitan aquel sonido: ahhggg.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿no queríamos una respuesta inmediata del gobierno? Pues no, no queremos diálogo al vapor”. Mecachis en veinte. Pues entonces que se dialogue en Baño María y asunto arreglado. A veces Gil piensa que se ha vuelto loco.

La nota de La Jornada: “Por tercera ocasión en menos de diez días, esa marea bicolor dio muestras de eficiente organización para salir a las calles (…) Los politécnicos volvieron a inundar con sus huélum las calles de la ciudad. Desde antes de la una de la tarde miles se congregaron en sus escuelas para ir al Monumento a la Revolución. Con una singular pero efectiva forma de comunicación, los chavos se pasaban la voz: la táctica era sólo escuchar al funcionario: ni aplausos ni abucheos”.

Van a perdonar a Gamés, pero ¿cuál es la singular y efectiva forma de comunicación? Se pasa un mensaje de boca en boca y punto, qué hay de único en eso, qué ganas de buscarle chalecos a las mangas, o como se diga.

El hombre invisible

La lectora y lector se preguntaran tal y como Gil lo ha hecho en estos días en el mullido sillón del amplísimo estudio: ¿recuerdan la época en que México tenía un secretario de Educación? Emilio Chuaiffet ha logrado convertirse en el hombre invisible.

Un problema relacionado con la educación y Chuaiffet desaparece; un tema que ameritaría un comentario del secretario de Educación y Chuaiffet se hace humo. Ocupado como está en desaparecer, el hombre de la educación en México no mete la mano en nada que se relacione, precisamente, con la educación en México. Sólo Chuaiffet podría repetir con pleno conocimiento de causa el aforismo de Canetti: yo no me meto en mis problemas personales.

La máxima de Publio Siro espetó dentro del ático de las frases célebres: “El que sabe vencerse en la victoria es dos veces vencedor”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX