Opinión

Al sexenio le quedan
tres años y al país
muchos más

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tercer informe

Cortar el sexenio a la mitad resulta atractivo para evaluar los logros obtenidos. Hoy nos inundaremos de datos y trataremos de dilucidar si las cosas van bien o no. Compararemos con otras administraciones y mezclaremos coyunturas económicas distintas. Sabremos cuántas tablets se repartieron y cuántos emprendedores recibieron apoyo; cuántas canastas alimentarias se dieron y cuántos kilométros de carreteras se añadieron.

Me parece importante detenerse y observar el camino andado. Me parece todavía más importante analizar si el camino andado va en el mismo sentido del lugar al que queremos llegar, para corregir el rumbo de ser necesario. Es justo en este marco temporal, cuando el presidente decide hacer una pausa y ajustar su equipo. Se necesitaban hacer ajustes; desde hacía ya tiempo se le demandaba al presidente reconfigurar sus piezas, considerando los resultados obtenidos.

Los cambios se dan justo a la mitad de la administración. Dice el presidente en sus anuncios que “hoy tenemos claro lo que está funcionando, y tiempo para cambiar lo que debemos corregir”. También, en los mismos anuncios, señala que hay tres grandes obstáculos que frenan al país: 1) la corrupción, 2) la desigualdad y 3) un entorno económico global adverso. Coincido en los tres, no creo que sean los únicos, pero sin duda creo que son temas que nos detienen. En los mismos anuncios nos dice el presidente que todavía hay tiempo para cambiar lo que tenemos que corregir. Siguiendo con sus mismas preocupaciones, yo entendería que hay que atender justo esos tres ejes.

Supongo, entonces, que en el Informe estarán las acciones que se han llevado a cabo para el combate a la corrupción. En los tres años que lleva esta administración han habido enormes escándalos de corrupción que involucran al presidente y a su equipo más cercano. Si éste es uno de los mayores problemas que nos aquejan como país, habría que combatirla. La corrupción tiene un costo económico importante. Hay actividad económica que no llega a existir, negocios que no nacen y empleos que no se dan, por el incremento en costos y la incertidumbre que genera la corrupción. Parece ser que no estamos dispuestos a tocar ese tema.

El presidente nombra a un subordinado para que lo investigue y evidentemente no nos sorprende que no se encuentre nada que vincule al presidente con un posible conflicto de interés. Pero lo que llama más la atención es que no haya más voces que reclamen con más ahínco un combate a la corrupción. Tal vez se deba a que la corrupción está tan entretejida en toda la sociedad que nadie puede tirar la primera piedra. No es un problema cultural. Es un problema antiguo, profundo y enmarañado que atañe a todas las capas de la sociedad. No es lo mismo.

El presidente menciona que es uno de los pendientes de su administración. Sin embargo, el mismo día que oigo los anuncios en el radio, se hacen cambios en el gabinete que sin duda refrescan el juego político, pero que no hacen absolutamente nada por atacar este eje. No hay ningún cambio, en ningún nivel, que responda a una clara rendición de cuentas por conflicto de interés. Es más, ni siquiera sabemos con claridad qué constituye un conflicto de interés.

México enfrentará, en lo que resta del sexenio, condiciones externas adversas. Una Europa estancada inundada de liquidez que no se traduce en producción. China, la segunda economía del mundo, con una crisis cuya magnitud todavía no alcanzamos a dimensionar. Petróleo barato por muchos años. Nuestro motor externo será Estados Unidos, que afortunadamente muestra signos de recuperación.

Internamente tenemos las reformas. Las tan anheladas y citadas reformas, cuyos resultados esperamos que se empiecen a materializar pronto. Sin embargo, el discurso de las reformas no será suficiente. Hay que hacer más. Hay que reconocer las cosas que no están funcionando y cambiarlas. No hay que esperarse al siguiente año, ni a los siguientes 100 días, ni a ningún día emblemático. Los cortes de caja se tienen que hacer diario.

Al sexenio le quedan tres años. Pero al país le quedan muchos más. Hay que aprovecharlos todos.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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