Opinión

Al otro lado del espejo (de la deuda)

La información reciente de la Secretaría de Hacienda, concretamente de la UCEF sobre deuda pública, se presenta muy mejorada y más desagregada, lo que ayuda a la transparencia y a comprender mejor lo que pasa. Bien.

La deuda al primer semestre de este año asciende a 489 mil millones de pesos, sin sumar los PPPS, Fonarec y Profise, que harían llegar las obligaciones de entidades financieras y municipios a cerca de 540 mil millones de pesos.

Sin considerar los datos referentes al servicio de la misma, los 489 mil millones equivalen en promedio a 85 por ciento de las participaciones en ingresos federales y a 3.0 por ciento del PIBE. En 2006 se trataba de 48.7 por ciento de las participaciones, 86 por ciento en 2012, llegando al 90.2 en el primer trimestre. En cuanto al PIBE, 1.6 por ciento en 2006, 2.9 en 2012 y 3.0 por ciento a junio de este año.

El fenómeno crece, pero se concentra en unos cuantos, lo que es preocupante aunque en general no representa un riesgo sistémico. Eso sí, hay casos delicados, agravados desde la crisis de 2009, como el que las participaciones en impuestos federales, con mucho el principal ingreso en efectivo de las entidades federativas y municipios, apenas han superado su nivel real de hace años, aunque aun están por debajo seis entidades federativas. Se adicionan problemas estructurales como el bajo potencial recaudatorio de los ingresos propios de las entidades federativas, el desinterés fiscal de muchos de ellas y las presiones presupuestales derivadas del gasto en educación básica, los pari passu para poder acceder a programas federales, que abarcan desde el subsidio a las universidades públicas y a la educación media, hasta las del Fonden, para atender los desastres naturales.

La deuda por si no es mala --por el contrario--, sino la calidad y transparencia de cómo se gasta, su regulación y la capacidad para honrarla, sin afectar el presupuesto local en sus vertientes de infraestructura y social. Si se invierte bien, es bienvenida, pero existe constancia de que en muchos de las entidades más endeudadas, hay circunstancias particulares que han demostrado frivolidad, ingenuidad, opacidad e incluso corrupción. Es lo que está al otro lado del espejo. Se requiere espacio para detallarlo por supuesto.

Las más endeudadas por monto, sin sumar PPS, Fonarec y Prifise, son el Distrito Federal, Nuevo León, Chihuahua, Veracruz y el Estado de México, con 61 mil 402 millones de pesos, 58 mil 443.9, 41 mil 603.1, 40 mil 767.4 y 39 mil 124.1, respectivamente -recordemos que no suman los PPS, una modalidad de las APP-, y que el DF supera con recaudación propia las transferencias recibidas, lo que mejora sus indicadores.

Se pone más interesante cuando vemos la información en relación al Ramo 28, los primeros cinco son: Coahuila, Quintana Roo, Chihuahua, Nuevo León y Veracruz, cuyos promedios equivalentes son: 253.2 por ciento, 250, 244.9, 227.9 y 118.4 respectivamente, muy seguidos por Nayarit con 112.3 por ciento.

El desastre de Coahuila provocado en la administración anterior no ha podido ser superado por la actual, aunque ha habido notables mejoras en su perfil, lo mismo que en entidades como Nayarit o Quintana Roo, incluso Nuevo León. Pero ahí vienen otros como Oaxaca.

En cuanto al PIBE, los primeros son: Chihuahua, Chiapas, Coahuila, Nayarit y Nuevo León, con 9.0 por ciento del PIBE, 6.8, 6.6, 5.9 y 5.0 respectivamente.

Nota positiva: Campeche con 0.1 por ciento --claro recordemos lo que pasa con su PIBE--, Querétaro con 0.5 y desde luego Tlaxcala por sus limitaciones constitucionales.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx