Opinión

Al gobierno le enervan las malas noticias

 
1
 

 

Marcha por Ayotzinapa del Ángel a Los Pinos. (Eladio Ortiz)

Este martes Roberto Campa, el funcionario de más alto rango dedicado a los derechos humanos, se reunió con los padres de cinco jóvenes veracruzanos para confirmarles el peor de sus temores.

A sus hijos los mató la Policía. Esa misma Policía Estatal que el gobernador Duarte presumía que era salvación de Veracruz. A sus hijos los mató, trituró y desapareció el Estado, ese que lleva ocho años
–desde el secuestro del niño Martí, por lo menos– prometiendo que iba a reformar a sus Policías. A pesar de que ustedes alertaron de manera oportuna sobre la sustracción de sus hijos, el Estado tiene tan deficiente control de sus Policías que hemos necesitado de mes y medio para enterarles de que sus señalamientos hacia el gobierno eran correctos.

De nada sirvió que lo dijeran, que lo gritaran, que lo denunciaran a tiempo. A sus hijos se los tragó la criminalidad uniformada y armada con recursos públicos. Sí, fue el Estado.

Por supuesto que Campa no dijo eso, por supuesto que esas no son sus palabras.

Pero ese sí es el mensaje que el gobierno federal se vio obligado a transmitir a los padres de los jóvenes de Tierra Blanca: los asesinos fueron los nuestros, los asesinos somos en parte nosotros porque no hemos podido con el paquete. Y como a tantos antes de ustedes, les prometemos justicia. Algo que quizá llegue en algunos años, o quizá no, pero qué más da, cuando eso ocurra, en cualquier sentido, ninguno de los actuales gobernantes estará en su puesto, nadie responderá ni por el delito ni por el castigo.

¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo después de que en Iguala desaparecieran a manos de policías 43 jóvenes en septiembre de 2014?

¿Cómo ha podido ocurrir otro levantón de chavos a manos de policías, ahora en Veracruz? La respuesta es muy sencilla: porque el gobierno federal cree que puede mentirle a todos todo el tiempo.

Porque increíblemente el gobierno cree que emitir boletines, pronunciamientos, discursos y, cuantimás, iniciativas de ley, es incidir en la realidad, es cambiar las cosas, es mover a México. Eso creen desde sus caravanas blindadas, desde sus helicópteros, desde sus zonas VIP, desde la burbuja que no abandonan ni para ver al Papa.

Por eso, ese mismo gobierno reaccionó ayer de manera airada cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio un informe que dice lo obvio: que en México hay una crisis generalizada en esa materia.

El gobierno rechazó el informe denunciando que hay un complot. Que la CIDH en vez de visitar México para ver el vaso medio lleno se dedicó a mirar el vacío, que la misión traía un “sesgo”. Literal. El principal reclamo del gobierno de Peña Nieto es que la CIDH haya anunciado que su misión pretendía encontrar violaciones a los derechos humanos. Aquí el boletín de Segob: http://bit.ly/1UzUDV9 y el de la CIDH: http://bit.ly/1UzUIIz

Porque para Peña Nieto la CIDH no debe fijarse en Tierra Blanca ni en Tanhuato ni en Tlatlaya ni en Iguala. Ni debe reparar en que hay casi 27 mil desaparecidos sin justicia ni, en muchísimos casos, búsqueda.

Así de ridículo suena el ucase, que no boletín, que emitió ayer el gobierno para rechazar el informe de la oficina de la OEA para los Derechos Humanos.

Para este gobierno, cuando uno va al hospital los médicos no deben buscar aquello que esté funcionando inadecuadamente, sino para que le feliciten por los órganos que parecen estar funcionando óptimamente.

Porque a este gobierno no le gustan las malas noticias. Esas las rechaza aunque sean verdad.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
¿Roemer a la UNESCO? Ni Wikipedia lo explica
Castañeda le pone el cascabel al gato
Norberto, Francisco y 'Spotlight'