Opinión

Al finalizar el mes de la Constitución

24 febrero 2017 5:0
 
1
 

 

Promulgación de la Constitución de la CDMX. (Tomada de @claudiapavlovic)

El pasado 5 de febrero se cumplieron cien años de haberse promulgado la Constitución de 1917. Y el mismo día fue el 160 aniversario de la de 1857. Ambas son como si fueran una sola. No precisamente como líneas paralelas en una misma dirección, ni espejo una ley fundamental de la otra, no, sino más bien una especie de mancuerna. Como si fueran una sola pieza. Al menos así las considera la historiografía gubernamental. Un dato lo dice todo: el nombre oficial de la vigente es: “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 5 de febrero de 1857”.

La fecha de su promulgación, única para ambas, fue en el pasado de las efemérides de gran celebración. En particular los aniversarios de medio siglo, del centenario y del sesquicentenario, respectivamente en 1907, en pleno porfiriato, en 1957 y en 1967.

Pero en esta ocasión las cosas cambiaron notoriamente. Los festejos no fueron grandiosos al estilo oficial mexicano, sino más bien austeros. Tal vez lo más relevante, si se le puede considerar en realidad como acto festivo, pues se le dio este tratamiento, fue la adquisición del edificio de Querétaro en que sesionó el Constituyente de 1917. Para sorpresa de casi todos, nos fuimos enterando que era inmueble privado.

Sí, el Teatro nombrado de la República, ubicado en la ciudad de Querétaro, en su tiempo llamado Teatro Iturbide, era propiedad de particulares y pasó a ser edificio federal. Curiosamente comprado por el Senado. ¿Cuál sería la razón de que éste lo comprara? En fin, en este centenario fue lo más importante, lo de mayor significación y relevancia. Pero bien pudo haber sido algo diferente.

¿Qué otra cosa de –digamos- bajo costo pudo haberse considerado importante para una mejor y desde luego más digna celebración del centenario de la Constitución? Fue algo que se debió haber previsto, imaginado y diseñado con la necesaria anticipación. Posibilidades y materia en este tema las hay, sin carga presupuestal, a diferencia de la fastuosidad cuando hubo buenos tiempos, como sucedió en el pasado; curiosamente en particular cuando la Carta Magna de 1857 cumplió medio siglo, siendo Porfirio Díaz presidente, según Enrique Krauze documentó de manera exhaustiva hace una década.

Dadas las circunstancias, ahora ese formato de corte grandioso, no es posible. Pero puede haber, y ciertamente hay, vetas que resulten interesantes. Se transcribe, sólo como muestra, un pasaje de la conferencia que el 11 de diciembre de 1993 dictó en la Cámara de Diputados el reconocido constitucionalista Antonio Martínez Báez, priista por cierto:

“Nuestra Constitución tuvo el candado que es imposible en un auténtico Constituyente, de cerrar sus sesiones en una fecha, por eso es que –dijo- hay una serie de inexactitudes en cuanto a las actas. Las actas que hemos querido algunos investigadores constitucionalistas y parlamentarios que se publiquen, se encuentran encerradas aquí, en el archivo de la Cámara de Diputados, quien alega tener derecho de propiedad sobre las actas del Constituyente de Querétaro. Yo tuve la fortuna –expresó Martínez Báez-, en mis investigaciones, de encontrar los libros de las actas públicas y secretas del Constituyente de 1856-57, que se decía que habían desaparecido. Y es que existen, en materia de historia constitucional y de historia parlamentaria enormes retos” (Obras Político-Constitucionales, UNAM, 1994, pág. 125).

Por cierto, las actas del Constituyente de Querétaro, a las que hizo referencia Martínez hace un cuarto de siglo, finalmente en 2014 fueron publicadas por la Cámara de Diputados.

También te puede interesar:

La historia lamentable de nuestras asambleas constituyentes

Un siglo de constitución literaria

Sobre el centenario de la Constitución de 1917