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Gamboa

Emilio Gamboa es uno de los políticos más experimentados de este país. El jueves, después de sostener por varios días que su partido, el PRI, se quedaría con los dos puestos más importantes del Senado, aceptó ceder el segundo: la presidencia, pero quedarse con el primero, la Junta de Coordinación Política. Cedía aquél al PAN, pero bloqueando todas las propuestas que este partido le presentaba. Súbitamente, un panista se promueve para el puesto y es aceptado por Gamboa: Ernesto Cordero. Votan por él los priistas y verdes, los morenistas disfrazados de PT, y algún perredista despistado. Sólo cuatro panistas lo respaldan: Gil, Lozano, Vega y Lavalle. Veintisiete, que después serán 33, lo rechazan.

La gran jugada de Gamboa no debe menospreciarse. Finge querer todo para cederlo a la fracción panista que le interesa promover (Zavala-Calderón), en la creencia de que podrían conseguir el respaldo de un tercio, o incluso la mitad, de los 38 senadores panistas. Con eso, la fractura en el PAN sería irremediable, fortaleciendo la potencial alianza de una parte del PAN con el candidato del PRI. No hay que olvidar que los senadores mencionados fueron colegas de gabinete del secretario Meade, hoy precandidato priista.

Pero todo indica que midieron mal, Gamboa y los zavalistas. Resulta que no se llevaron ni la mitad, ni un tercio de la fracción, sino sólo cinco senadores, con lo que la narrativa de la otra fracción se hace creíble. De acuerdo con Ricardo Anaya, presidente del PAN, todo esto se trata de evitar investigaciones serias acerca de corrupción del actual gobierno, especialmente a través de colocar al actual procurador como fiscal general de la nación, en ese movimiento llamado 'pase automático'.

Abundan los detalles. Unos me dicen que Lozano no es zavalista, sino seguidor de Moreno Valle, un oscuro escritor que goza de amplias campañas publicitarias. Otros, que el tema del procurador es menor frente a la legislación necesaria para construir la Fiscalía. Pero nada de eso es relevante en lo que está ocurriendo en este momento, aunque sea cierto. Lo que hoy está en disputa es cuál será la interpretación de la opinión pública.

Para el PRI y la fracción zavalista del PAN, es muy importante que estos días se entiendan como una disputa interna en Acción Nacional, en donde Anaya abusa de su posición. Sólo así podría Margarita Zavala tener alguna oportunidad. Si, en cambio, la opinión pública entiende estos hechos como un intento del PRI, aliado con ciertos panistas, para garantizar impunidad al gobierno actual, entonces todo lo que ha ocurrido resultará en el fortalecimiento no sólo de Ricardo Anaya, sino del Frente Democrático, o como se quiera llamar la alianza PAN-PRD-MC, que se fortaleció la misma noche del desaguisado en el Senado, y empezó a cuajar ayer mismo.

No le puedo decir quién va a ganar la interpretación pública. El PRI, los zavalistas y el gobierno mismo intentan cargarle el problema a Anaya. Sus conexiones y presupuesto mediático los respaldan. Casi todo el PAN, el PRD y MC impulsan la idea contraria: se trata de un arreglo morganático del calderonismo y el PRI, en la lógica de la candidatura de José Antonio Meade.

Creo que Gamboa, nuestro Frank Underwood, pecó de exceso de confianza. Me parece que los zavalistas (no hablemos de los seguidores de Moreno Valle) sobreestimaron sus fuerzas. Pero eso no significa que Anaya, los Chuchos y Dante tengan resuelto este momento a su favor, aunque lleven ventaja.

Sigo pensando que estas dos grandes fuerzas son las que compiten por la presidencia en 2018, seguidos muy de lejos por el personaje que infinidad de colegas coloca en primer lugar, sin base alguna. Veremos si se afina la puntería.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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