Opinión

¿Ahora sí?

 
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S&P

La semana pasada el país recibió una llamada de atención. La calificadora Standard & Poor´s cambió la perspectiva de la deuda soberana de estable a negativa, aproximadamente cinco meses después de que Moody´s hiciera lo mismo. Diversos funcionarios de la Secretaría de Hacienda han insistido en que no se trata de una baja en la calificación. Tienen razón, pero no enfatizan que sí es una señal que presiona a las autoridades del país a poner en orden sus finanzas y no mencionan que S&P sugiere que podría darse una rebaja en la calificación en los próximos dos años si la situación fiscal se deteriora, a lo que le asignan una posibilidad de uno en tres.

Durante los últimos meses se han escuchado reclamos de diversos organismos sobre el ritmo de crecimiento de la deuda. En 2005, la razón deuda/PIB era 28 por ciento. Hoy se acerca a 46. Cuando el presidente Peña recibió las finanzas públicas del país, esa razón era 36.4 por ciento del PIB. Casi 10 puntos adicionales de deuda en cuatro años.

La alerta de S&P se da un día después de anunciarse el crecimiento económico de México durante el segundo trimestre de 2016. La economía creció 1.5 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior, usando cifras desestacionalizadas, y decreció ligeramente respecto al primer trimestre del año. Cuando hablamos de deuda, usualmente se usa la relación entre el monto de la deuda frente al tamaño de la economía, de la producción. En México, en los últimos años hemos tenido la combinación necesaria para que esta razón se incremente: un aumento en el monto de la deuda y un magro crecimiento de la economía. A S&P le preocupan ambas situaciones que, en conjunto, hacen más difícil la estabilización de la deuda.

Un tema quizás más importante, e intrínsecamente relacionado, es el déficit primario que el país tiene desde 2009. El balance primario se refiere a la diferencia entre los ingresos del gobierno y sus gastos, antes de considerar el pago de intereses sobre la deuda que tiene. La justificación en aquel momento era que el gobierno tenía que incrementar su gasto para darle dinamismo a una economía golpeada por la crisis financiera. Sin embargo, a partir de ese año el déficit primario no sólo no ha disminuido, sino que ya alcanza 1.2 por ciento del PIB.

La Secretaría de Hacienda ha dicho en todos los foros posibles que en 2016 se disminuirá el déficit primario para alcanzar un superávit en 2017. La única forma de lograrlo, dado el compromiso que la misma secretaría ha asumido de no subir impuestos, será recortar el gasto.

Hasta aquí todo bien. Bien por Hacienda que reconoce que hay un problema y que manifiesta la intención de corregirlo. El problema es que lleva tres años prometiendo cosas que no ha cumplido. Aquí los números:

En 2013 el gobierno federal tenía aprobado 2.943 billones de pesos. Gastó 6.5 por ciento más de lo aprobado, 3.134 billones. Al año siguiente pasó lo mismo. El gobierno gastó 2.7 por ciento más de lo que le había sido aprobado por el Congreso; gastó más de 3.424 billones de pesos. En 2015, se le había aprobado al gobierno federal un gasto total de 3.508 billones de pesos. Ese año vivimos un entorno externo complicado, con volatilidad cambiaria y con precios del petróleo en mínimos históricos. En ese contexto, se anunciaron diversos recortes al gasto público. Era un año difícil y en aras de la responsabilidad fiscal era sensato recortar el gasto. Terminó 2015 y el gobierno federal gastó más de 3.760 billones de pesos, 7.2 por ciento más de lo aprobado originalmente, sin considerar los recortes que nunca sucedieron.

A pesar del discurso de austeridad y de responsabilidad fiscal dado el entorno internacional adverso, cada año el gasto del gobierno federal aumenta. Este año ya se han anunciado dos recortes. Estamos a punto de entrar a un año electoral. ¿Podrá el gobierno resistir la tentación de incrementar su gasto corriente con fines clientelares?

La estabilidad macroeconómica nos ha traído enormes beneficios. Entre otras variables, esa estabilidad se refleja en un balance fiscal adecuado. Ya tuvimos la llamada de atención de Moody´s y la de S&P. ¿Será suficiente? ¿Ahora sí se tomarán en serio los recortes al gasto? Nos costó años –y recursos– lograr esa estabilidad. Perderla sería un gran paso hacia el pasado. En 2017 lo sabremos.

Twitter: @ValeriaMoy

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