Opinión

Ahora o nunca

Quien no haya prestado atención cuidadosa al fraseo que utilizó Miguel Ángel Mancera en su discurso del Segundo Informe de Gobierno en el Distrito Federal, se perdió una nueva faceta del abogado que administra el poder con guantes de terciopelo, esbozada en dos momentos clave de su discurso. El primero, en la introducción, donde se vacunó contra los temas que más le han costado política y electoralmente, la Línea 12 del Metro, y el ajuste al programa Hoy No Circula. La segunda, en el colofón, cuando lanzó mensajes a sus adversarios fuera del gobierno capitalino, y a su equipo que no ha estado a la altura de las circunstancias. Si Mancera cumple la ruta que trazó este miércoles, en el segundo tercio de su administración irá por el territorio perdido.

Mancera llegó a su Segundo Informe en la inopia política, donde ha perdido el consenso para gobernar entre las élites y la percepción en el segmento que define elecciones, que se equivocaron al votar por él. Su aceptación se ha desplomado en 21 meses en más de 40 por ciento, mientras que sus negativos han subido dramáticamente casi a 50 por ciento. Esperaban tanto de él, que la decepción se potencia. También es cierto que quien llega tan alto al poder –casi 83 por ciento de apoyo–, no tiene más que ir hacia abajo.

Pero las razones por las que hablan las encuestas no pueden quedarse en el campo de la teoría. Las fotografías construyen una película, y si la película tiene una narrativa de fracaso, el final será el desastre. No sería sólo para Mancera, el político de izquierda mejor ubicado en las encuestas presidenciales tempranas para 2018, sino para el PRD que lo ha apoyado todo el tiempo, y que no puede ver reducida su base electoral en la ciudad de México, que es el único bastión político que le queda. El futuro mediato del partido está atado al éxito de Mancera, y de lo que haga el jefe de Gobierno en las próximas semanas, porque no tiene más tiempo, pende la viabilidad de una izquierda parlamentaria y reformista.

Este contexto es lo que enmarca los dos polos de su discurso. El primero, al arrancar el Informe de Gobierno, fue la respuesta directa a su antecesor, Marcelo Ebrard, quien lleva días retándolo a un debate público sobre la Línea 12 del Metro, con el claro propósito de politizar un tema que, como alega Mancera, corresponde al ámbito jurídico. Pero ayer, Mancera habló en otro tono. La suspensión de la Línea 12, que afectó a casi medio millón de usuarios, se debió al desastre de la construcción; es decir, lo que inauguró Ebrard en vísperas de dejar el gobierno, estuvo mal diseñado, mal supervisado, y mal construido. En síntesis, se evitó una posible tragedia. El segundo, sobre el Hoy No Circula, fue muy claro ante todos los gobernadores de los estados vecinos –menos Hidalgo–: no íbamos solos en el ajuste, que todos vimos bien, y me dejaron solo. Que no se les olvide.

La caída en el apoyo de Mancera comenzó con el aumento al precio del Metro, anunciado por el director Joel Ortega sin autorización para hacerlo, porque dijo que iba a mejorar el servicio. Nunca cumplió, y el costo se le trasladó al jefe de Gobierno. El ejemplo Ortega es el botón de muestra de un equipo que lo ha dejado muy solo en sus batallas públicas. Su desempeño no escapa de la mediocridad, reflejada en los niveles de aprobación de Mancera. Para ellos fue el mensaje interno. Como no tienen que rendir cuentas a la ciudadanía, tienen que ser evaluados por él en forma permanente, con lo que anticipó implícitamente que vienen cambios. No puede hacerlo de otra manera. Son pocos los secretarios a los que no tiene que arrastrar para enfrentar públicamente los problemas, y menos aun los que aportan ideas y soluciones para la ciudad.

Mancera no puede ir al segundo tercio de su administración en las condiciones de debilidad en la que se encuentra, frente a adversarios que quieren quitarle al PRD el control de la capital en 2015. El partido que se saborea la victoria –con el apoyo del PRI con el que está negociando alianzas– es el PAN, para quien también tuvo un mensaje directo al final del discurso, al recordar que su propuesta de incrementar el salario mínimo, no lo hizo para subir en las encuestas. Dardo directo al presidente del PAN, Gustavo Madero, que se subió al tema cuando estaba en la cima del debate, al anunciar una consulta popular en 2015, el gran tema que acompañaría la campaña electoral del próximo año.

Mancera no se encuentra ante el dilema del segundo tercio, sino ante su futuro político y la viabilidad del PRD como gran fuerza política. No pueden moverse o realinear las alianzas. La suerte de los dos están atadas en el mediano y largo plazos, y lo tienen claro. Mancera trabajó los toques finales de su mensaje hasta la madrugada del miércoles, lo que revela lo difícil que fue armar el discurso y afinar el tono. Hizo bien. Los meses que vienen son, para él, el ahora o el nunca.

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