Opinión

Ahora es cuando

Hoy festejamos el 204 aniversario del Grito de Independencia. Como usted recuerda, con ese grito inició una gesta que duró 11 años, al final de la cual nos separamos de España. También debe usted recordar que no fuimos los únicos, (casi) toda América Latina se independiza en esas mismas fechas. Es decir que más que independencias, lo que ocurrió fue el derrumbe de España, pero no se fije en detalles.

Por los siguientes 50 años, no nos fue bien. No había manera de que se pusieran de acuerdo los mexicanos en qué tipo de gobierno querían, y además no había dinero, de forma que ningún gobierno duró el tiempo que debía desde que terminó el periodo del primer presidente, Guadalupe Victoria. Fue hasta los tiempos de Juárez que medio se ordenó este país. Para entonces, el ingreso de los mexicanos era menor que el que había antes de la Independencia.

Pero nos subimos a la primera globalización, que inició más o menos en esos años, 1870 o un poco más. Toda América Latina, e incluso Uruguay y Argentina, se convirtieron en países ricos gracias a ese proceso. Nosotros no llegamos tan lejos, pero nos fue bien. Hasta que Porfirio fue incapaz de irse, y se nos vino encima la bola. Revolución, le llaman. Y otra vez estuvimos en problemas por un buen rato, en lo que se ordenó la política nacional. Para recuperar el nivel de ingreso de 1910 hubo que esperar hasta 1939. De entonces a la fecha, el crecimiento promedio de México ha sido de 2.0 por ciento anual. No muy diferente de lo que tendremos este año.

Así que en los dos siglos y piquito que llevamos como país independiente, no nos ha ido muy mal, pero tampoco muy bien. Primero por no ordenarnos, luego porque Juárez y Díaz no se querían ir, y finalmente por experimentar con recetas malas, aunque les hayan llamado “milagro”.

Ahora estamos un poco como a fines del siglo XIX, montándonos en la segunda ola de la globalización, aunque a lo mejor un poco tarde. Como hace cien años, el proceso mundial se ha ido complicando. No tanto como en 1914, que acabó en las peores guerras de la historia -esperemos-, pero sí hay tensiones globales de cuidado: en Europa, en los mares de China, en Levante.

Si no se descompone todo, México tiene grandes oportunidades. Nuestro gran competidor, China, ya se complicó. Exageraron en la conducción económica, y han invertido mucho más de lo debido. Con China, se complican varias naciones en el mundo. Y Europa le suma a su estancamiento su indecisión con Rusia. Así que hay mercado para México como hacía tiempo que no había, y ahora hemos tomado algunas decisiones que habíamos pospuesto mucho tiempo, por eso de las malas recetas.

Nadie sabe qué va a pasar, pero tenemos oportunidades. A lo mejor no las aprovechamos, como ya nos ha pasado. A lo mejor nos vuelve a ganar nuestro ánimo xenófobo, que llamamos nacionalista. O a lo mejor destruimos en corrupción los espacios de negocio. O tal vez se nos descomponga de nuevo la política, como hace cien años.

Pero también puede ocurrir que hagamos las cosas mejor. Hay con qué, y hay interés en el mundo. Tengo la idea de que lo que nos falta, en este momento, es creer un poco más. Y eso puede resolverse hoy mismo, cuando grite usted, con plena convicción: ¡Viva México!

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