Opinión

Ahora es cuando

Hace unas semanas le comentaba que si uno mezcla los problemas no los resuelve jamás, y que eso me preocupaba respecto de corrupción e inseguridad, que son diferentes, aunque tengan puntos de contacto. La corrupción fue un mecanismo del viejo régimen para administrar el poder durante todo el siglo pasado, la inseguridad es un fenómeno resultante del deterioro de ese régimen y su posterior desaparición.

Escuché el miércoles una entrevista de Leonardo Curzio a María Marván, de Transparencia Mexicana, en donde ella propuso cinco puntos para enfrentar la corrupción que creo que son de la mayor importancia: 1) un único sistema que articule transparencia, control y anticorrupción; 2) órganos autónomos; 3) legislación clara; 4) tres declaraciones de políticos: patrimonial, fiscal de últimos cinco años y de conflicto potencial de intereses; y 5) política nacional de datos abiertos.

Para que esto funcione, como le comenté aquí mismo hace un par de semanas, se requiere limitar el poder político, para lo que yo he propuesto: 1) limitar a los gobernadores por medio del Senado; 2) eliminar el fuero; 3) establecer un servicio civil de carrera en forma.

La combinación de estas medidas permitiría, en un lapso muy razonable de tiempo, avanzar de forma importante en reducir la corrupción que, insisto, en México tiene los niveles que conocemos gracias al viejo régimen. Dicho de otra forma, tenemos que derruir lo que tardó 100 años en formarse.

Para el tema de inseguridad, las medidas de control del poder son indispensables, pero a ellas hay que sumar dos adicionales: 1) la fiscalía independiente y 2) cuerpos de seguridad profesionales. El primero coincide con la propuesta de Transparencia.

Note usted que todas estas medidas ya existen a medias, y que no han avanzado precisamente porque quienes ocupan puestos políticos intentan evitarlas, para seguirnos extrayendo recursos a los demás. Insisto, así fue el viejo régimen. No olvide que muchos políticos, para llegar al poder, utilizan grupos clientelares que fingen luchar por la justicia social y que también se dedican a extraernos dinero. Así que estos políticos y sus bases clientelares han logrado impedir el avance en este tema, complicando la discusión con demandas absurdas, manifestaciones agresivas y otras formas de confusión y chantaje aceptadas por muchos por coincidir con ese cuerpo confuso llamado “nacionalismo revolucionario”. Por eso la insistencia en la soberanía estatal, en el municipio libre, en el derecho irrestricto de manifestación, en la eterna lucha contra la pobreza, y en varias otras maniobras de distracción.

Ninguna de las medidas propuestas en este texto choca con el decálogo presidencial de hace unos días. Al revés, creo que le puede dar orden y viabilidad a esa lista. El verdadero obstáculo es esa clase política que no ha entendido el tamaño del cambio que México ha sufrido y que intenta mantener viejos esquemas. Lo mismo del viejo Atlacomulco que del eje Michoacán-Guerrero-Morelos-DF, es decir, del nacionalismo revolucionario, ya decadente. Y si quiere, de los alumnos de los 12 años recientes.

Está claro el adversario, están claras las propuestas. Ustedes dicen.

Twitter: @macariomx