Opinión

Aguiar Retes: de una Iglesia de ritos a una Iglesia viva

    
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Carlos Aguiar Retes

Carlos Cardenal Aguiar Retes y Arzobispo Primado Electo de México, es su nuevo cargo.

Don Carlos Aguiar ha promovido (al igual que el Papa Francisco), la idea de que la iglesia no tiene que navegar una época de cambio, sino evangelizar un cambio de Época. Y bajo esa premisa es que impulsa lo que denomina “la Iglesia en salida”, para hacer la Iglesia Católica más cercana a las familias, los jóvenes, las mujeres, los trabajadores, los que sufren.

Vaya reto, al que se enfrenta Aguiar, al llegar a la Arquidiócesis de la Ciudad de México, una pastoral que hoy luce fragmentada, quizá por el tamaño, el número de feligreses, los problemas propios de la conformación de esta zona del país.

Don Carlos pugna por una iglesia que atienda la “salud” integral de la feligresía, no sólo física, sino espiritual, mental, de participación y colaboración comunitaria, de integración real en los ámbitos sociales y, por qué no, los políticos, en conciencia y con responsabilidad. Una ciudadanía en el más amplio sentido de la palabra.

A sus 67 años ha recorrido una larga vida pastoral que va desde su ordenación sacerdotal en 1973, la vicaría, el rectorado en el Seminario de Tepic (78-91), el nombramiento como obispo de Texcoco (1997), la presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano por dos trienios, 2006-2012, y la dirigencia del Celam (2000 a 2007), el arzobispado de Tlalnepantla (2009) o su creación como Cardenal apenas en noviembre de 2016, y este jueves recibió del Papa Francisco el nombramiento como Arzobispo Primado de México.

Carlos Aguiar trae consigo la experiencia acumulada en Tlalnepantla, donde la norma fue no ejercer una iglesia de sacristía, no una iglesia de ritos, sino una iglesia viva que, a través del evangelio, responda a los retos de las familias, los jóvenes, los niños, la población más vulnerable.

Impulsó la restructuración social integral. La reinserción de presos o ex convictos a la vida productiva, atendiendo a sus familias para facilitar la transición entre la cárcel y la vida activa.

También la catequesis escolarizada a fin de acercar a más niños a la iglesia, en una participación directa que les haga “vivir” el evangelio.

Además, está convencido de integrar a la mujer en tareas eclesiales, dándole un papel más activo del que hasta ahora ha tenido.

La constante ha sido difundir los valores que fomentan la unidad familiar, la dignidad de la persona y la defensa de la vida promoviendo la paz.

Aguiar se dio a la tarea también de incrementar las vocaciones. Cumplió el llamado de “ir a los más alejados” y bajo su liderazgo, se organizaron misiones que atendieron más de 10 mil comunidades. De ahí han surgido nuevas vocaciones: hoy más de 80, respecto de las 40 que había hace 3 años.

Así, en la Arquidiócesis de la Ciudad de México (a donde llegará en febrero del 2018 una vez que tome posesión del cargo), el principal objetivo será, a través de una participación cada vez más creciente en el marco del evangelio, transformar los distintos ámbitos de la sociedad, dar a los laicos herramientas para influir en los cambios necesarios para un mejor desarrollo de la propia ciudadanía.

Uno de sus mayores logros como presidente de la CEM fue la reforma estructural al Episcopado en la que intentó desburocratizar el trabajo pastoral.

Ahora tocará a Aguiar la tarea de reestucturar la arquidiócesis de la ciudad de México, quizá con la creación de alguna diócesis nueva, para “atender” las características y necesidades según la zona.

Una diócesis tan grande como la actual, parece alejarse cada vez más; repele en lugar de acercar. Así, la tarea que se antoja como la primera de esta nueva etapa es de impulsar la evangelización a través de una nueva estructura que atienda la identidad propia de cada región.

Crear la Pastoral Urbana. Mucho se ha hablado de la necesidad de acercamiento diferente a la población de una gran ciudad, como es la de México, con sus matices, la idiosincrasia, el desarrollo variopinto.

Asimismo, tendrá que hacer realidad la Pastoral Social que atienda temas de pobreza, marginación, delincuencia, tareas que fueron vistas ya en el ejercicio en Tlalnepantla y que hoy, más que nunca, se hacen necesarias en la Ciudad de México.

Periodista*

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