Opinión

Agua contaminada
en escuelas

 
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bebederos

En las escuelas primarias, secundarias y superiores del país los alumnos necesitan tomar agua. Las secretarías de Salud y de Educación Pública no llevan a cabo análisis de laboratorio sistemáticos para determinar la calidad física, química y bacteriológica del agua que toman los estudiantes, incluso del agua con la que se lavan las manos -seguramente sin jabón y sin toallas de papel-, sin importarles lo fundamental: el daño del agua contaminada en el frágil organismo de los niños.

En México, a diferencia de otros países, se recomienda no tomar agua de la llave. He visto en Europa, en verano, personas tomando agua de los chorros de agua de las fuentes públicas. No se sabe que la SEP manifieste preocupación por la calidad del agua que toman millones de niños, jóvenes y maestros en las escuelas del país.

La contaminación del agua ocurre cuando sustancias o partículas físicas, químicas y/u organismos microbiológicos permanecen en el agua por no haber habido un tratamiento previo y seguro para su eliminación.

En México los bebederos de las escuelas públicas (cuando los hay) son conectados a la red municipal de agua, cuando se sabe que más de 90 por ciento de esa agua no presenta vestigios de cloro residual. Esto confirma que el crecimiento y desarrollo de microbios, hongos, levaduras y bacterias (inclusive patógenas), están dañando la salud de los niños.

El agua que proviene de cisternas o tinacos (agua cruda o agua sin refinar) debe ser sometida a un proceso de cloración por las noches. Además, cada seis meses esos depósitos deben vaciarse y sanitizarse.

El filtro de carbón activado no sirve para eliminar contaminaciones. (Al contrario, puede crearlas). Retiene compuestos orgánicos disueltos que han resistido el tratamiento biológico y el exceso de cloro remanente del proceso previo del tratamiento de agua. Tales filtros hay que regenerarlos o reactivarlos cada 15 días.

Los “purificadores de agua caseros” no funcionan porque el diámetro mecánico de los poros de sus filtros son mayores que el diámetro microscópico de los microorganismos.

Estimo que más de 90% de los niños que toman agua en las escuelas públicas y privadas del país ingieren contaminaciones físicas, químicas y/o biológicas, y con frecuencia, bacterias patógenas.

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