Opinión

Agonía petrolera

Los petroleros saben que con gobiernos priistas no se juega. Joaquín Hernández Galicia, La Quina, amenazó al presidente Miguel de la Madrid con parar la industria petrolera si se metía con el sindicato que encabezaba, y desafió a su candidato presidencial, Carlos Salinas, patrocinando un libro donde lo acusaban de asesinato. A los 41 días de estar en el poder, La Quina se fue a la cárcel. Javier Coello Trejo, conocido en aquellos días de 1989 como “el fiscal de hierro”, llegó disparando a su casa en Ciudad Madero apoyado por el Ejército, le plantó armas y el cadáver de un ministerio público federal que había muerto tres días antes en Chihuahua, y lo capturó en minutos. Semanas después, cuando se le cuestionó en privado sobre el uso de la fuerza y los recursos ilegales, respondió quitado de la pena: “¿Y qué querían, que tocáramos la puerta?”.

Salinas había puesto en alerta nacional a las Fuerzas Armadas para tomar las instalaciones petroleras y mantenerlas libres de sabotajes, y se presionó a la prensa para que censuraran los apoyos a La Quina. Aunque no hubo unanimidad en los medios, con el apoyo de Televisa se construyó la imagen de un líder culpable de múltiples delitos. El nuevo líder fue Sebastián Guzmán Cabrera, relevado en 1996 por Carlos Romero Deschamps, quien se mantiene como líder nacional y ocupa el escaño destinado a los sectores del PRI en el Senado.

Desde ese recinto rechazó la reforma energética, pero el coordinador de los senadores priistas, Emilio Gamboa, logró que durante todo el proceso legislativo fuera una oposición silenciosa. El líder petrolero mantuvo seca la pradera. Quien la prendió fue un fantasma en la Cámara de Diputados, Ricardo Aldana, el tesorero del sindicato petrolero que habló en la tribuna como nunca antes en su largo historial parlamentario lo había hecho, para defender los privilegios que la reforma arrancaba al sindicato.

Las postura pública de los dos líderes petroleros que han caminado como uno solo durante casi dos décadas fue tan contrastante como la noche y el día. Romero Deschamps no es un hombre al que le gusten los reflectores, pero es muy duro en las negociaciones. En 2002 estuvo a punto de parar la industria petrolera durante una muy complicada negociación salarial con el gobierno de Vicente Fox. Después de 76 días, con la intermediación de gobernadores priistas, se acordó el nuevo contrato colectivo con nuevas prebendas y, además, el compromiso que ni él ni Aldana serían procesados por desviar mil 500 millones de pesos a campañas políticas, entre ellas la presidencial de Francisco Labastida en 2000.

La forma como en los gobiernos del PAN obtuvo condiciones privilegiadas para los petroleros, lo consolidó en el liderazgo petrolero. La disidencia nunca ha podido minar su liderazgo, fuerte y duro cuando lo exige el momento; amable y suave en eventos públicos. Aldana, en cambio, tiene una personalidad que muchos encuentran políticamente repulsiva, en buena parte por lo extrovertido de su carácter y su manejo cuestionable de las arcas petroleras.

Su actuación en la Cámara de Diputados durante las discusiones de la ley energética, fue de tonos elevados al discutirse el traslado del 30 por ciento del pasivo laboral de Pemex a deuda pública. La ley exige como condición que se renegocie el contrato colectivo del sindicato con la empresa. Aldana explotó en una entrevista publicada por EL FINANCIERO el viernes pasado. “Nosotros no tenemos nada que negociar con los diputados. Ellos ya se van, nosotros nos quedamos”, dijo Aldana. A lo que se refería es que la cachucha de diputado es efímera, y que lo que perdura es el sindicato petrolero. Los plazos son ciertos, pero olvidó que quien hace las leyes son los legisladores. “Estamos dispuestos a revisar el contrato colectivo, pero que no nos digan que cambiemos a cuentas individuales ni que se amplíe la ley de jubilación (de 55 a 65 años)”, agregó.

Los petroleros saben que con gobiernos priistas no se juega. Romero Deschamps lo recordó. Aldana no. En medio de su beligerancia, le enviaron un mensaje codificado. La prensa publicó una información generada días atrás, secuela de un juicio en Estados Unidos iniciado en 1986 por el incumplimiento del sindicato petrolero de proveer de petróleo residual a la empresa privada Arriba Limited. No había nada extraordinario en ese nuevo episodio, salvo que en esta ocasión, el énfasis no fue en el sindicato petrolero, sino en Aldana, quien como tesorero hizo una transferencia en 2000 a una cuenta en Nueva York, que los abogados de Arriba Limited lograron congelar.

Muchas etapas del largo litigio han pasado desapercibidos en México, pero la beligerancia del diputado motivó que se empaquetara de manera diferente la nueva acción de Arriba Limited en los tribunales estadounidenses. Romero Deschamps estuvo ausente en la información. Aldana apareció bajo la sospecha de haber incurrido en un acto ilegítimo o incluso ilegal. Romero Deschamps no firma transferencias, responsabilidad del tesorero, que es Aldana. Nunca antes se había dividido a la pareja de líderes petroleros como en esta ocasión. Romero Deschamps optó por no desafiar al gobierno; Aldana sí. Las señales aparecen con claridad. El liderazgo petrolero de los últimos 18 años, está en su epílogo, y Romero Deschamps camina hacia su retiro pacífico. Aldana se quiere inmolar. Romero Deschamps ya lo abandonó. Empezó a abrirle la puerta al infierno.