Opinión

¿Agentes de cambio?

 
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El pasado 12 de agosto se celebró el Día Internacional de la Juventud bajo el lema Participación Cívica de los Jóvenes, evocando los logros de la juventud como agentes de cambio. En México, los “agentes de cambio” son cerca de 35 por ciento de la población, de los cuales cerca de siete millones no estudian ni trabajan, uno de cada tres vive en situación de pobreza, 65 por ciento está desempleado, más de 220 mil dejan el país y seis millones están involucrados con el narcotráfico y/o la delincuencia (Fuente: UAM). ¿Qué cambios podemos esperar en nuestro sistema político con el perfil de nuestros jóvenes? ¿Cuál es el futuro que se vislumbra? ¿Los jóvenes están en condiciones de participar de manera cívica?

Según la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (2012), los jóvenes no tienen interés en los asuntos políticos nacionales, no se identifican con ningún partido político e incluso muestran distanciamiento en actividades de agrupación cívicas.

Un estudio elaborado por El Colegio de México en 2013 señala que el 32 por ciento de los jóvenes encuestados descarta adscribirse a alguna ideología política, ¿Qué están haciendo los partidos políticos para atraer a la juventud en México? ¿Cuál es la política de juventud del Estado mexicano?

La oferta del Estado y de los partidos políticos hacia la juventud ha resultado por decir lo menos, insuficiente y ajena, a tal grado que ha generado como respuesta de los no apáticos una exigencia por una democracia de calidad con resultados, transparente y sin corrupción, acusando a las instituciones y a los políticos de ineficiencia, de falta de representatividad y de corrupción, y lo que están pidiendo son oportunidades de empleo y de estudio.

Cada vez con mayor frecuencia vemos con preocupación que amplias franjas de jóvenes se adhieren a los “antisistema”. Detestan a la clase política y a las instituciones y, obvio, no creen en esta democracia.

La crisis económica y financiera que prevalece desde 2008 (y parece agravarse) hace que nuestros “agentes de cambio” vean cerradas sus opciones de futuro y por tanto nuestra democracia se ve amenazada.

En la reciente publicación del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, titulado Retrato de un país desfigurado, se reitera que la pobreza y la desigualdad (de la que hemos hecho referencia en otras colaboraciones) son el abono de la violencia endémica y del tránsito cada vez más expedito de la juventud hacia los mercados delincuenciales.

El futuro de México se antoja incierto, la juventud mexicana demanda y merece un mejor destino, distinto de lo que hoy están viviendo. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, al primer trimestre de 2015 el 41 por ciento de los profesionistas menores de 30 años se encuentra en situación de desempleo (290 mil) o trabaja en la informalidad (cerca de un millón 88 mil).

Es urgente y prioritario el diseño, implementación o adecuación de políticas públicas para alcanzar un mayor crecimiento económico que permita más y mejores empleos, así como ampliar la oferta educativa para nuestros jóvenes. Mexicanos Primero afirma que de cada 100 niños que ingresan a primaria, sólo 21 inician la licenciatura y 13 se titulan.

Asimismo, es necesario vincular a la juventud con los partidos políticos como vía de participación política ¿Serán capaces los partidos de atraer a este segmento? ¿Los candidatos a las nuevas dirigencias tienen una agenda para los jóvenes?

Los jóvenes pueden ser el gran capital social para una mejor democracia y un mejor futuro para nuestro país, convirtiéndose entonces en agentes de cambio; pero también la actual situación puede llevar al sistema político a una forma radical dada la desesperanza en la que hoy se encuentran y pueden ser “carne de cañón” para un líder populista o para organizaciones criminales. Más nos vale encontrar pronto y de manera eficiente un camino de justicia social y de propuesta alternativa.

Twitter: @SamuelAguilarS

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