Opinión

Aeropuerto: el director
Argudín y su hijo chef

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En el vestíbulo de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México opera desde hace un año un restaurante Maison Kayser.

Se ubica a la mitad de lo que era un amplio pasillo del piso 1 de esa terminal. Cuando consulté a algunas fuentes sobre la neblina, los retrasos y el mal servicio en el Benito Juárez, temas de las dos anteriores entregas de esta columna, esa cafetería fue señalada como una donde operaba el tráfico de influencias, pues ahí trabaja un hijo de Alexandro Argudín, director del AICM. En internet hay algunas notas en las que se dice que Alexandro Argudín junior es socio de esa cadena de origen francés y que pagan menos alquiler del debido.

El lunes llamé a los teléfonos de Kayser México. Ahí me dieron otro número donde según eso localizaría a Alexandro chico. No tuve suerte.

Una hora después recibí contestación, pero no de Kayser, sino de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Querían verme para hablar sobre ese restaurante en el aeropuerto. De entrada manifesté lo singular del asunto: uno llama a una oficina privada y se reporta un funcionario público. Raro.

Alexandro Argudín, director del AICM, me contó ayer la siguiente historia: Como lleva muchos años en la cosa de los aeropuertos (fue director del de Toluca, de la Dirección General de Aviación Civil y de Aeropuertos y Servicios Auxiliares) ha conocido a muchos restauranteros. Por esas relaciones, y dado que su hijo decidió ser chef, le consiguió trabajo con la gente que trajo la franquicia de Maison Kayser.

Después, en marzo de 2014 Kayser México solicitó un espacio en el aeropuerto (de hecho hoy opera dos restaurantes). El trámite corrió a cargo de Ana Patricia Morales Portas, entonces subdirectora de Servicios Comerciales del AICM. Argudín reconoce que Morales Portas sabía que su hijo trabajaba en la cadena solicitante. En ese tiempo, Argudín no dirigía el AICM (llegó a ese puesto en octubre de 2014), pero sí era titular de Dirección General de Aviación Civil, que no se puede decir ajena a la operación de servicios en aeropuertos.

Argudín niega que el local pague menos de la renta normal por metro cuadrado (dos mil 200 pesos mensuales), señala que su hijo no es socio sino empleado de Maison Kayser, asegura que ninguna otra empresa solicitó ese local, y reconoce que quizá sí debió declarar en algún comité del AICM que él debía excusarse de trámites referentes a Maison Kayser, pues su vástago tiene que ver con el negocio que en diciembre pasado abrió en ese privilegiado lugar de la Terminal 2.

En cambio, en esa fecha, con una sonrisa plena, Alexandro Argudín director del AICM cortaba el listón del nuevo restaurante de la cadena donde labora Alexandro Argudín, su hijo. Fotos de esa inauguración se publicaron en un boletín interno.

¿Alguien dijo conflicto de interés?

Por lo demás, Argudín acepta que por saturación los servicios del AICM han empeorado, pero adelanta que ya ha comenzado la mejora. Tal mejora se notará en baños atendidos de forma permanente, y sobretodo con la llegada de más y mejores locales comerciales de exclusivas marcas. Literal. Reitera que el pasajero debe arribar con tiempo y no esperar que los pasillos, llenos de comercios, le ayuden a ir pronto a su sala. Y dice que en el caso del niño canadiense, abordado ayer aquí, sólo tardaron ocho minutos en auxiliarle. Tenemos veintitantos doctores, explica. En realidad son 15 y siete enfermeras.

Érase un director de aeropuerto que en realidad soñaba con regentar un mall.

Twitter: @SalCamarena

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