Opinión

Advertencia en el Capitolio

    
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Estados Unidos. (Bloomberg)

Desde 1914 el Congreso de Estados Unidos cuenta con un organismo encargado de investigar los temas de interés para los legisladores y de proporcionarles insumos para el debate. Las principales características del Congressional Research Service (que así se llama) son su rigor técnico y su imparcialidad, lo que lo convierte en una fuente confiable de información. La semana pasada, el CRS presentó un informe sobre la renegociación y modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ante el atorón en que están las pláticas trilaterales, vale la pena repasar algunas de sus conclusiones y recomendaciones.

Para empezar, reafirma lo que en muchas partes se ha dicho: “el déficit comercial está determinado por los fundamentales macroeconómicos y un desequilibrio entre ahorro e inversión”, además de que “no mide completamente la naturaleza comprehensiva de las relaciones económicas entre Estados Unidos y sus socios comerciales”. Por ello, “no es viable usar las disposiciones del TLCAN como herramienta para reducir el desbalance comercial” y, de hecho, el gobierno de Donald Trump “no tiene una ruta clara para disminuir el déficit con México”, a pesar de que “es su prioridad al revisar el Tratado”. Considera que “una alternativa más constructiva sería usar la renegociación para fortalecer la economía de México e impulsar así sus importaciones de EU”.

TEMA POR TEMA

El reporte examina lo que está proponiendo el gobierno de su país y cómo afecta positiva o negativamente a cada una de las tres economías. Coincide en la necesidad de prevenciones para evitar la manipulación de las tasas de cambio y para emparejar las condiciones laborales. En los demás asuntos pone distancia con lo que plantea Trump.

En el capítulo agropecuario razona que someter los productos de temporada (como las frutas) a mecanismos de resolución de disputas, llevaría a la imposición de tarifas, lo que limitaría grandemente las exportaciones mexicanas.

Afirma que apretando las reglas de origen no se conseguirá lo que se pretende (regresar plazas laborales a su país). En cambio, introduciría ineficiencias en las empresas y haría más complejo y oneroso el proceso para obtener los certificados de origen. Al final, los productos de la región resultarían más caros para los consumidores y tendrían menos aptitud para competir en los mercados mundiales. En particular muestra preocupación porque pondrían en riesgo a toda la industria automotriz de Norteamérica. Calcula que mucha de la producción de camiones ligeros que hoy sale de México se llevaría a Corea del Sur.

En cuanto a la pretensión de eliminar el capítulo 19, que tanta alarma ha suscitado, el CRS hace un cotejo de cómo se ha aplicado en estos 23 años. Establece que el mecanismo actual para finiquitar diferencias sobre la imposición de medidas antidumping y de impuestos compensatorios, “ha ofrecido a los productores y exportadores domésticos una ruta directa y efectiva para presentar su caso y apelar las sentencias de investigaciones sobre remedios comerciales, ante paneles binacionales independientes y objetivos”.

La investigación incluye un examen sobre los alcances de la autoridad del Congreso y del Ejecutivo para terminar con el Tratado. Como sabemos, es una cuestión polémica, en la que hay precedentes contradictorios e interpretaciones divergentes. Lo que sí deja patente es la facultad presidencial de modificar por decreto lo relativo a las reglas de origen.

Por último, el reporte del CRS sopesa las consecuencias que tendría para las tres naciones el fin del TLCAN. En lo inmediato, México y Canadá aplicarían aranceles punitivos a las mercancías estadounidenses y se desataría una guerra de tarifas. Nuevas barreras no arancelarias alterarían las cadenas de suministro, lo que haría menos competitivos los bienes y servicios producidos en América del Norte. En el largo plazo habría efectos adversos para EU en materia de inversiones, empleo, productividad y competitividad. Sería previsible que México y Canadá buscaran liberar su comercio e inversiones con otras naciones, con las cuales ya tienen acuerdos. Seguramente incrementarían sus exportaciones a los países que firmaron el Acuerdo Transpacífico e indudablemente, China saldría beneficiada.

Aparte de las implicaciones comerciales, el documento advierte que se dañarían gravemente los progresos hechos en otras asignaturas, como seguridad y migración. El estudio del CRS coincide en su profesionalismo y resultados con los que han elaborado el Parlamento Canadiense y el Instituto Gilberto Bosques. ¿Ya los leyeron en la Casa Blanca?

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