Opinión

Administramos mal los recursos naturales en América Latina

Durante la última cumbre de la CELAC en la Habana se presentó un informe importante de la CEPAL, que ha pasado casi desapercibido: la Gobernanza de los Recursos Naturales: Situación y Tendencias para una agenda de desarrollo regional en América Latina.

Considero que es lectura obligada de los secretarios de Hacienda, Economía, Energía y Recursos Naturales de México y el resto de la región; y por supuesto también de legisladores, académicos, empresarios y miembros de la sociedad civil, interesados en que nuestros países aprovechen de la mejor manera en el interés nacional los recursos minerales, energéticos y acuíferos que disponemos, y que están en el centro de la discusión nacional en países de Latinoamérica y en México en particular.

El espléndido informe de la Comisión Económica para la América Latina hace un detallado y crítico recuento del papel que han jugado en las últimas dos décadas la minería, los hidrocarburos y el manejo del agua en la producción, el empleo, las exportaciones, los ingresos fiscales y el desarrollo de los países de América latina y nos advierte del insuficiente, malo y en ocasiones desastroso aprovechamiento de los recursos naturales, aun en épocas recientes de bonanza extendida en los precios de las materias primas.

El gran crecimiento de China y los países emergentes ha demandado desde mediados de la década de los 90, y en particular a partir de 2003 volúmenes crecientes de toda clase de recursos naturales, lo que ha llevado a un auge inédito de la demanda y los precios de los metales, del crudo y el gas y otros productos básicos que alcanzaron sus precios históricos en 2007-08, cuando cayeron por la crisis mundial, para recuperar su nivel entre 2010 y 12. A pesar de la crisis europea, la lenta recuperación de los EEUU y el menor crecimiento de China, en 2013 los precios de las materias primas que exportan los países de América Latina (y África también) son bastante mejores que el precio medio de los últimos 25 años.

Ello ha permitido a la mayor parte de los países latinoamericanos -México incluido- obtener ingresos extraordinarios fiscales y de divisas. Sin embargo los impactos sobre el crecimiento, las inversiones y los empleos en los diversos países han sido heterogéneos. ¿A qué se debe?

Parte de la respuesta ha estado en las políticas macroeconómicas que se han adoptado. En Chile se creó un mecanismo de ahorro que ha permitido adoptar políticas anticíclicas en épocas de vacas flacas y en Trinidad y Tobago un fondo de ahorro de largo plazo, que se alimenta directamente de los ahorros fiscales del sector de hidrocarburos, el Fondo de Estabilización Patrimonial. En México como sabemos, los ingresos se destinaron al gasto corriente de la federación y de los estados con escasa o nula transparencia y rendición de cuentas.

La otra parte de la respuesta reside en la mala gobernanza -las deficientes políticas públicas-, que no ha permitido convertir el capital natural no renovable en capital perdurable: capital humano, inversiones en infraestructura económica, valor agregado, desarrollo tecnológico propio, diversificación de la base productiva y exportadora, que puedan sostener el desarrollo más allá del ciclo de vida de estos recursos naturales.

Lograr estos objetivos de inversión pública y privada no es fácil. Se requieren consensos nacionales y reformas regulatorias, fiscales y macroeconómicas, así como consolidar capacidades de planificación estratégica, formulación e implementación de políticas de estado, que perduren más allá de los ciclos electorales.

La experiencia en esta materia a lo largo de los últimos 15 años deja mucho que desear en Latinoamérica y en México en particular.

En el sector minero, que hoy destacaré, el alza en los precios internacionales impulsó grandes inversiones en exploración y desarrollo, el aumento de reservas y algunos megaproyectos. Hubo un boom en la inversión privada, sobre todo extranjera y, por lo general, un aumento en los ingresos fiscales en términos absolutos.

Pero los regímenes fiscales están lejos de ser progresivos como en países desarrollados y emergentes asiáticos y de captar parte de la renta de los ingresos extraordinarios, lo que puede ocurrir muy bien, sin frenar inversiones.

En México, la expansión del PIB y la inversión fue notable (oro, plata, cobre, zinc), pero los niveles de regalías absurdamente bajos, los impuestos muy bajos frente a las utilidades de las empresas y las exportaciones ilegales cuantiosas. Un potencial de recaudación fiscal no aprovechado. El gobierno chileno, en cambio, gracias a la presencia de su empresa estatal, CODELCO, logró obtener ingresos fiscales directos importantes del cobre y captar ingresos extraordinarios de las empresas privadas, a las que fiscalizó mejor.

Los retos básicos: añadir más valor local a nuestros recursos mineros y una mayor captación fiscal para lograr un desarrollo más alto, equitativo y sustentable.

Director del IIDSES-IBERO y ex Subsecretario de Fomento Industrial.