Opinión

Adiós Obama, ¡el mundo te extrañará! 

   
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Adiós de Obama. (Reuters)

Barack Obama, el presidente número 44 de la Unión Americana, el primer afroamericano en alcanzar la presidencia, gobernó por dos períodos de cuatro años, ocho en total. Enfrentó una de las crisis económicas más graves de Estados Unidos en los últimos 50 años, tal vez incluso desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque sus opositores republicanos se lo echan constantemente en cara, Obama recibió un país en crisis y una economía destrozada. En buena medida, debido a las dos guerras y a los imprudentes gastos en que incurrió su predecesor, el presidente George W. Bush.

Cuando Bill Clinton dejó la Casa Blanca (2000) y entregó la presidencia, conquistó gracias al acuerdo bipartidista y la conciliación con el Congreso el primer presupuesto con déficit cero (ese sí, no como el mexicano) por lo menos en los últimos 60 años. Es decir, el gobierno de Clinton, con el acuerdo del Congreso, logró entre 1996 y el año 2000 reducir a cero la deuda interna de Estados Unidos. El presidente Bush (hijo) recibió un gobierno sin deudas, limpio, con arcas poderosas y una recaudación impecable. Para muchos, ¡Disneylandia!

Las locuras de Bush, la guerra en Afganistán, la invasión a Irak para perseguir y eliminar a Saddam Hussein, terminaron con la economía más sólida, líquida y potente de la historia.

Al asumir Barack Obama, Estados Unidos tenía niveles de desempleo cercanos a 9.0 por ciento, una crisis inmobiliaria, cientos de miles perdieron sus casas, hogares y empleos. Le tomó largos ocho años al presidente Obama retornar, con esfuerzo extremo, a la senda del muy simbólico crecimiento (2.3 por ciento), reducir el desempleo, mejorar las finanzas. Nadie se lo ha reconocido cabalmente y tal vez no suceda en mucho tiempo.

Pero Obama pasará a la historia por otros logros importantes. Fue un pacifista consumado: prometió retirar las tropas y lo cumplió; prometió cerrar Guantánamo –la prisión para terroristas en Cuba- y no se lo permitió el Congreso. Se negó consistentemente a desplegar tropas en el conflicto de Siria o contra el Estado Islámico, a pesar de las férreas críticas de los halcones republicanos.

Reconstruyó la relación con Cuba, y tuvo un trato ambiguo con México: buen tono, lenguaje cálido, espíritu de colaboración, aunque desatención y distancia.

Obama el pacifista, el defensor de los derechos humanos, el lector de poesía, cometió graves errores de política interna. Fue incapaz de construir una relación de avance legislativo con sus contrapartes del Congreso. Pensaba que la altura ética y moral de sus principios era suficiente para lograr el respaldo a sus políticas e iniciativas, cuando la relación en el Congreso estadounidense es de negociación permanente. Obama esperaba convencer con la oratoria –superior a cualquier otro en tiempos recientes– cuando en realidad chocaba con los republicanos en el Congreso.

Falló en conseguir la reforma migratoria, ante el rechazo contumaz de los republicanos.

Fracasó en reconstruir una imagen internacional firme, poderosa, intimidatoria en el mundo.

Para muchos, fue demasiado suave con Putin, en vez de haber reaccionado con mayor energía y fuerza. Especialmente ahora que vemos la intromisión que Rusia ha tenido en política interior y electoral americana.

Su sucesor abundante en excesos, desvaríos, frívola ostentación, será –lo es ya– un rotundo contraste con el estilo casual, directo, sencillo y para muchos en exceso intelectual del presidente Obama.

Lo extrañará el mundo por su prudencia, su firme compromiso de no intervenir en temas y asuntos de otras naciones –contrario total a la tradición estadounidense– por su convicción por la libertad y el libre pensamiento en el mundo, su defensa de los derechos civiles y de las minorías. Corre grave riesgo su plan de salud –Obamacare– que está en los primeros objetivos a eliminar por el orate Trump.

Barack Obama, permanecerá como un referente de estatura internacional a la paz, la conciliación, el diálogo multilateral, la tolerancia y el respeto. Lo veremos muy pronto, recorriendo el mundo en conferencias, como sucede con frecuencia con los presidentes estadounidenses que dejan el cargo y conservan algún prestigio, a diferencia de su antecesor inmediato.

Adiós Obama, le harás enorme falta a tu país, que enfrentará el caprichoso liderazgo de un palurdo sin preparación, prudencia, inteligencia y mesura para la silla más poderosa del planeta.

Twitter: @LKourchenko

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