Opinión

Adiós al Corredor

 
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Chapultepec.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en sus periódicos de papel que los vecinos de la delegación Cuauhtémoc votarían para decidir si el proyecto de Corredor Cultural Chapultepec-Zona Rosa, que de corredor tiene todo y de cultural nada, obtiene el acuerdo de quienes viven en esa delegación. La noticia: el Instituto Electoral del DF “ha organizado un ejercicio de participación ciudadana con las mismas características de una elección constitucional”. Por cierto, Gamés quiere realizar una consulta de “corte” constitucional para decidir si debe instalarse en el amplísimo estudio un nuevo librero.

Apenas se supo de la presencia de carpinteros, en la casa de ustedes hubo una seria oposición. ¿Para qué un librero nuevo, si los viejos bastan y sobran? En resumen: se le consideró un acto de autoritarismo.

La pregunta será clara como el agua: ¿Quiere usted un nuevo librero que le ocasionará innumerables problemas? O bien: ¿Quiere usted un nuevo librero que le traerá muchas ventajas a su vida? Un lamento desgarrador se escuchó en el amplísimo estudio: ay, mis hijos consultados.

Los vecinos han calificado la consulta como una farsa. Como lo oyen.

Que votarán los ambulantes, que todo será una trampa, que todo está mal, que el mundo se va a acabar. Bueno, no se va a acabar, pero como si se acabara pues la consulta se sostiene en sucias trapacerías.

Gil no sabe qué pensar. Por un lado, los promotores del Corredor afirman a pie juntillas que será un paraíso, un oasis donde será posible caminar, andar en bicicleta, hacer yoga, tomar café, abordar camiones ecológicos, charlar con personas muy agradables. Por el otro, los vecinos más críticos están convencidos de que la aprobación del Corredor acabará con sus vidas y las de sus familias. Maldito Corredor, destruirá una calle que ya estaba destruida, desordenará aún más, si eso fuera posible, el caos que ya era esa avenida.

Nadie se mueva
La verdad sea dicha (muletilla pagada a precio de otro por Liópez y Morena) Levy, alma conceptual del proyecto, ha dicho tantas mentiras que le dicen el Pinocho Levy; y los vecinos, ay, el alma se le va a Gil a los pies: que nadie toque una de las calles más horrendas de la zona, no a la obra porque privatiza el espacio público. Resulta entonces que para no violentar la vida cotidiana de los vecinos, la delegación y el Gobierno de la ciudad deben permitir que las calles se conviertan en cuevas inenarrables, banquetas asquerosas, edificios sin ventanas, talleres mecánicos cerrados, fondas inmundas, basura, en fon. Nadie ve en el triste espectáculo de la inmovilidad un acto de autoritarismo: que lo que se desgaste permanezca así hasta el final de los tiempos.

Como dicen los sociólogos, en ese marco teórico, los promotores, empresarios y funcionarios que proponen el Corredor han lanzado su iniciativa con las patas y con mentiras: explicaciones turbias, medias verdades, información opaca. Conclusión: vecinos conservadores contra empresarios abusivos. A la ciudad le convendría una nueva secretaría de inmovilidad encargada de que nada se renueve ni salga de su lugar, que nadie mueva un dedo autoritario para incitar a un cambio, faltaba más, faltaba menos. No somos nada.

No y no
Se acercaba la hora del cierre de su periódico EL FINANCIERO cuando la noticia de la consulta entraba y salía de los portales. Su periódico Reforma lo puso así: “con sólo una mesa por capturarse, el ‘No’ al Corredor Chapultepec se impuso con 13 mil 608 votos contra 7 mil 783 del ‘Sí’”.

Según esto, pese a las irregularidades, acarreados y compra de votos, el ‘No’ se impuso. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: y si hubo tantas irregularidades, ¿cómo se impuso el ‘No’?

Al parecer el síndrome Liópez es como la humedad en los muros, llega para quedarse. Habrá un gran fraude. Anjá.

Total: no habrá Corredor pues así lo decidieron los vecinos. Hay de dos sopas, la primera dice así: que con su pan se lo coman; la segunda: los vecinos han derrotado al capita. Sí, a ese al Das kapital que don Carlos explicó de mil formas. La acumulación originaria ha sido vencida. ¡Yupi!

La máxima de Benjamin Franklin espetó en el ático de la frases célebres: “Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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