Opinión

Adiós a la clase media: adiós al mercado interno

¿Cómo se considera el lector? ¿De clase baja, media o alta?; la pregunta viene a colación por el artículo “Redefiniendo a la clase media” de Paul Krugman, premio Nobel de Economía (EL FINANCIERO, 10 de Febrero de 2014).

Krugman señala que los estadounidenses erróneamente creen que son de clase media cuando podrían ser considerados pobres según estándares internacionales. Según el Nobel, “cuando hablamos de ser de clase media, tenemos en mente dos atributos cruciales de estatus: seguridad y oportunidad”. Y puntualiza que por seguridad quiere decir “recursos y respaldo de tal forma que emergencias ordinarias de la vida no lo sumerjan al abismo”. Serían variables tales como cobertura médica, empleo o ahorro para contingencias. En el caso de las oportunidades significa tener acceso a la educación y perspectivas laborales.

Bajo esa definición, la mayoría de los mexicanos están lejos de la clase media, porque sólo 40 por ciento de la población tiene acceso a servicio de salud; la mayoría es incapaz de ahorrar lo suficiente para estar un mes sin trabajar; los jóvenes tienen serios problemas para encontrar trabajo; y la educación pública deja mucho que desear, como para generar oportunidades.

Tomando como referencia la encuesta nacional de empleo que elabora el INEGI, podemos inferir que en México quienes ganan menos de 2 mil pesos al mes representan el 13 por ciento; un 24 por ciento percibe un promedio de 3 mil, otro 21 por ciento 5 mil; un 17 por ciento 8 mil y sólo el 7 por ciento arriba de 10 mil pesos.

Aproximadamente la media del salario se situaría entre 4 y 5 mil pesos mensuales. La pregunta es si con ese recurso se puede vivir con un estándar de clase media mundial y la respuesta rápida y sencilla es: no. Económicamente es imposible cubrir los mínimos señalados por Paul Krugman. De hecho, el 7 por ciento de los “agraciados” que ganan arriba de 10 mil pesos se constituirían en la clase alta.

Con información del censo del 2010, el 10 por ciento de la población acumula el 37 por ciento de los ingresos. Mientras que el 40 por ciento más pobre recibe sólo el 13.4 por ciento de los ingresos generados en el país.

Es clara la polarización entre ricos y pobres; con una clase media en vías de extinción. Por supuesto, hay un tema de justicia social, pero peor aún, con esta realidad, el mercado interno difícilmente será un motor de crecimiento por sí mismo.

Aun cuando hay expectativas alentadoras por el impacto que tendrá en el aparato productivo los avances en las reformas estructurales, es imposible que cambie esta perspectiva de desigualdad en el corto plazo, porque el modelo no es redistributivo y, por el contrario, premia al capital, lo que acentuará la polarización.