Opinión

¿Acabarán los millennials con el IMSS?

 
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Fachada de las oficinas del IMSS en Reforma. (Cuartoscuro)

Ella es P. Recién celebró sus 31 años de vida y sí cumple el cliché cabalmente: esta millennial no se ha casado ni tiene boda programada, renta un pequeño departamento en Coyoacán, anda en bici y su trabajo le da lo suficiente para conocer otras ciudades del mundo, actividad que practica tanto como puede.

Pero este miércoles chocó con un dique: “Acaban de decirme que mi seguro de gastos médicos mayores ¡costará 22 mil pesos!”. Más que un iPhone 6S al año, para ponerlo en sus términos.

No está obligada a pagarlo, su opción es el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que hoy dirige el eficiente Mikel Arriola.

Pasemos por alto lo insalubre de sus instalaciones. IMSS y millennials son incompatibles. La ansiedad de esta generación que en dos minutos renta una habitación en Alemania desde su smartphone, topará con la lenta burocracia de médicos y enfermeros agotados por la escasez de sus recursos.

Lo crítico es que los millennials también maduran y empiezan a hacerlo cuando la atención médica privada en México se volvió carísima.

¿Qué tanto? Una consulta médica que costaba 500 pesos en 2006, hoy cuesta poco más de 750 pesos. Es un aumento de 52 por ciento en este servicio a nivel nacional según el Inegi.

¿Una extirpación de apéndice? Si hace 10 años costó 30 mil pesos, hoy te costará más de 42 mil. La inflación en hospitalización fue de 41 por ciento en 10 años, de acuerdo con la misma institución.

Quienes habitamos la Ciudad de México o alguna otra urbe nacional sabemos que esos números incluso lucen modestos. De cualquier modo los datos oficiales comprueban que el aumento de precios en servicios médicos duplicó la inflación general en la década más reciente.

Se pondrá peor: “La población derechohabiente adscrita a médico familiar se muestra cada vez más envejecida”, advierte el reporte Entorno y Situación Financiera General del IMSS del año pasado, reportado al presidente. El documento es público. “Una población envejecida demanda servicios de salud en mayor cantidad y de mayor complejidad y costo”, alerta el texto.

Así que para evitar la pérdida de dignidad que supone recibir medicamento intravenoso sentado en una incómoda silla o en el piso durante horas, P debe pagar unos 22 mil pesos anuales a la Metlife dirigida por Sofía Belmar, pese a que los precios de los seguros también aumentan por encima de la inflación general.

¿No le pierde al negocio la aseguradora? Lo ignoro. Un director de una empresa del sector me explicaba que quieren abandonar el seguro de gastos médicos mayores. Les sale caro.

Detalló prácticas entre hospitales y médicos tan deleznables para inflar facturas, que no reproduciré porque carezco de pruebas.

Creo que la generación de los millennials, con acceso directo a los medios de las redes sociales, cobrarán factura política al presidente que no atienda de frente el asunto: un servicio pagado por ellos y sus patrones, que a cambio ofrece maltrato y vejaciones.

Una opción la propone el equipo de Louise Goeser, de Siemens: que el Estado ya no se preocupe por la oferta de servicios y que alimente la demanda dando bonos a los derechohabientes para que se atiendan en donde quieran. Eso pasa por enfrentar al sindicato del IMSS, pero es eso o perder votos en elecciones.

Twitter: @ruiztorre

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