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Recortes en Pemex, mayor productividad

Ayer los precios internacionales de petróleo cayeron prácticamente 5.0 por ciento. El West Texas (WTI) cerró en 45.50 dólares por barril, su precio más bajo del año. A inicios de enero llegó a estar cerca de 57 dólares. Durante marzo bajó de 54 a 49, pero el recorte de producción de la OPEP lo regresó por encima de 50, por poco tiempo. Ha estado peor, recientemente. A inicios de 2016, un barril de WTI se vendía entre 30 y 40 dólares, después de haber llegado a casi 140, en 2008, y haberse mantenido por encima de cien dólares hasta mediados de 2014.

En los últimos dos años, ya casi tres, los precios de los bienes primarios (petróleo, gas, metales, incluso madera y alimentos) se desplomaron. Lo mismo ocurrió con las divisas, como usted recuerda. Visto al revés, tuvimos un fortalecimiento general del dólar, que es la referencia para esos precios. La causa no es otra que el fin del crecimiento en China, que ese país no reconoce. Aunque insisten en que crecen más de 6.0 por ciento anual, los indicadores de consumo de energía y comercio apuntan a tasas mucho menores. La menor demanda de ese país, que fue el gran motor mundial de crecimiento desde 2001, provocó una caída general de precios y una tragedia para los países que dependen de la exportación de esos bienes. Rusia, que vivía de vender petróleo y gas; Brasil, fierro y soya; Chile, cobre; entre otros.

Durante el último medio siglo los bienes primarios han tenido ciclos de precios de entre 12 y 15 años de duración. En la posguerra estos bienes eran baratos, hasta que el abandono de Bretton Woods y la acción efectiva de la OPEP elevaron los precios. Para 1985 el reacomodo de Estados Unidos y Japón, así como el debilitamiento de la OPEP, llevaron los precios nuevamente a la baja. La aparición de China, en 2001 como decíamos, dio como resultado un ciclo alcista que terminó en 2014, según todo indica. Tal vez sigamos así hasta cerca de 2030, lo que complicará la posición de Rusia, Brasil e Indonesia en el mapa mundial, mientras que a nosotros nos afectará mucho menos.

Sin embargo, en el caso del petróleo el asunto puede ser aún más duradero. Aunque el gran crecimiento económico del mundo, desde el siglo XVIII, se debió a un consumo cada vez mayor de energía, en los últimos 25 años las cosas han cambiado. Las economías desarrolladas no incrementan su consumo de energía de forma importante (o incluso lo reducen), a pesar de crecer tanto en población como en ingreso. Por ejemplo, entre 1980 y 2014 el consumo de energía por persona se mantuvo prácticamente estable, o se redujo, en países como Dinamarca, Reino Unido, Alemania, República Checa, Estados Unidos, Suiza, Bélgica y Canadá. Creció casi nada en Suecia, Italia, Francia o Japón. México y Colombia también están en este grupo.

Si medimos en términos de PIB por unidad de energía utilizada, entre 1990 y 2014 países como Israel, Australia y Holanda mejoraron a un ritmo de 1.5 por ciento anual. Estados Unidos a 1.8 por ciento, Dinamarca y Suecia 1.9 por ciento, y Alemania, República Checa o Reino Unido a un ritmo de 2.0 por ciento o superior. Esto significa que la demanda de energía será cada vez menor en los países desarrollados, y aunque seguramente crecerá en el resto del planeta, no creo que la suma sea muy elevada. Al mismo tiempo, hay un exceso de producción gracias a las nuevas tecnologías, que permiten extraer petróleo y gas de las mismas piedras. Esto es una gran noticia para el mundo: crecimiento más barato y menor contaminación (más gas implica menos carbón). Aunque siempre hay quejas, ahora deberíamos felicitarnos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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