Opinión

Abuelo, vota por mí

   
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Cerca de 53 millones de hispanos vive en Estados Unidos. (Archivo/Cuartoscuro)

Yo no puedo votar -explicaba recientemente una joven de las llamadas dreamers-, mi condición legal no me lo permite, pero fui a visitar a mi abuelo para pedirle que vote por mí.

Esto viene a cuento porque los latinos se han mostrado excepcionalmente pasivos a la hora de participar en las elecciones. En las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, el llamado voto latino ha sido una especie de 'gigante dormido'. Y la pregunta que ahora todos los analistas hacen es si la elección presidencial que se avecina en Estados Unidos será la que despierte a ese gigante. Más concretamente la pregunta es si Donald Trump y su discurso antiinmigrante serán el despertador de ese gigante.

En 2012, 52 por ciento de los latinos con derecho a voto en Estados Unidos decidieron no participar (en el caso de la comunidad mexicana en ese país el porcentaje es aún mayor y llega a 57 por ciento). Sin embargo, hay razones demográficas y también de orden político que bien pueden revertir esta tendencia.

De acuerdo con estimaciones publicadas por el Pew Research Center, actualmente hay cuatro millones más de votantes latinos que los que había hace apenas cuatro años, y los latinos representan el grupo poblacional que más ha incrementado su número de votantes en los últimos años. Se estima que son poco más de 27 millones de latinos los que cumplen todos los requisitos para acudir a las urnas.

El mismo centro de investigación dio a conocer que 44 de cada cien latinos con poder en las urnas pertenecen a los llamados millennials; es decir, aquellos nacidos entre 1981 y 1995 que se hicieron adultos con el milenio y hoy tienen entre 20 y 35 años. Para la elección de 2016 se registraron 3.1 millones de latinos que votarán por primera vez.

El presidente Obama contó con el respaldo de siete de cada diez votos latinos. Las proyecciones actuales son significativamente mayores a favor de Hillary Clinton y superan el 80 por ciento, algo jamás obtenido por un candidato presidencial. El último presidente republicano (George Bush) ganó con 45 por ciento de los votos latinos, cifra que hoy se ve difícil de alcanzar por Donald Trump. Muchos especialistas opinan que no hay manera de que un candidato gane sin contar con por lo menos 40 por ciento del voto latino. Claro… si votan. Esa es la gran incógnita, no los números, sino si realmente participarán.

Eso solamente en cuanto a la demografía. Pero en esta elección hay mucho más que eso.

El discurso de odio del candidato republicano ha provocado una movilización sin precedente de diversas comunidades, particularmente la hispana (65 por ciento de ellos son mexicanos). Sus ataques a los inmigrantes, que se han convertido en el símbolo de su campaña, han lastimado profundamente a millones de hispanos.

Por ello, desde el año pasado organizaciones de la sociedad civil como NALEO (National Association of Latino Elected Officials), Mi Familia Vota, New Americans Campaign o National Partnership for New Americans, entre muchas otras, empezaron campañas para que aquellos hispanos que cumplen con los requisitos se hicieran ciudadanos (tan sólo entre mexicanos hay 2.6 millones). A estas acciones, este año se sumaron actividades de registro para votar y ya empiezan lo que en Estados Unidos se llama Get out the vote y que consiste en promover y facilitar, durante el mismo día de la elección, que los electores salgan a votar (allá esto se hace y se vale, acá sólo se hace). Los resultados de estas campañas los sabremos pronto.

Así pues, si los hispanos, particularmente los jóvenes hispanos, participan y votan en la elección presidencial que se avecina, serán un factor decisivo en el resultado. Si sus preferencias se inclinan, como muchos analistas creen, hacia Hillary Clinton, habrá ganado la opción que, al menos en su discurso, es favorable a una regularización migratoria.

Sin embargo, la participación es apenas una etapa. Aun cuando los republicanos no ganen la próxima elección, el efecto Trump ya está provocando que temas como la inmigración o el libre comercio, vitales ambos para México, sean revisados desde una perspectiva más nacionalista. Quizás Trump y la demografía despierten al gigante, pero una vez despierto habrá que caminar. La elección es apenas el inicio.

Llegó la hora de que ese abuelo que puede ser la voz de su nieta acuda a las urnas. Es indispensable que los hispanos salgan a votar por su presente y futuro; por y para ellos mismos; por sus hijos, sus padres y su comunidad.

Twitter: @JosefinaVM

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