Opinión

A un año de la
'casa blanca'

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El lunes se cumplirá un año de la publicación del reportaje “La casa blanca de Enrique Peña Nieto”. La ocasión merece comentario del libro que sobre ese trabajo periodístico hace dos semanas comenzó a circular bajo el sello de Random House. Y unas líneas sobre la Presidencia que nunca se recuperó del descrédito que le acarreó el pésimo manejo que tuvo frente a la investigación producida al amparo de Carmen Aristegui.

El libro fue escrito por los cuatro periodistas que produjeron la investigación. Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán presentan los entretelones de la documentación y el armado de la pista periodística que un día Cabrera encontró en una revista de sociales.

El relato sobre las vicisitudes sorteadas inicialmente por Cabrera, quien pudo concretar los hallazgos gracias a metodologías aportadas por Lizárraga y al apoyo de sus compañeros Huerta y Barragán, es tan entretenido como ilustrativo de lo que el empeño profesional puede lograr en el periodismo.

La historia misma del reportaje se cuenta con tal detalle, que si algo creo que sobra, además de varios adjetivos sobre algunos personajes públicos, es el pasaje que los autores dedican a desmentir directamente a un columnista que quiso subestimar el reportaje asegurando que se trató de un expediente filtrado.

Otra de las aportaciones del libro es que de manera articulada presenta el contexto de las presiones de MVS a Aristegui y su equipo de investigaciones especiales para que no realizaran, primero, y no publicaran, después, la investigación periodística por la cual el nombre de esa compañía quedó ligada al término censura.

Lizárraga, Cabrera, Huerta y Barragán dan una versión más extendida, y documentada, de llamadas, chats y reuniones que tuvieron el propósito de que los periodistas antepusieran los intereses de la empresa a los del público.

El libro no contiene oficios membretados con órdenes de MVS para cancelar el reportaje, pero si alguien necesita de eso para creer la versión presentada por estos periodistas, más que devoto de Santo Tomás es un militante del negacionismo.

Finalmente, el volumen empequeñece más, si tal cosa es posible, la figura de Virgilio Andrade como funcionario. Es de antología el repaso que los autores hacen de esa chapucería que Andrade llama investigación, esa que debió indagar el probable conflicto de interés y/o corrupción de Enrique Peña Nieto y de Luis Videgaray al recibir y habitar casas de un contratista de sus gobiernos y de su campaña presidencial.

La lectura de La casa blanca de Enrique Peña Nieto, un año después de publicado el reportaje que ha cosechado premios como el Nacional de Periodismo y el de la fundación creada por García Márquez, deja un sabor amargo.

El reportaje quizá no hubiera existido si el inicial tesón de Cabrera no hubiera contado con un golpe de fortuna. Porque cuando Cabrera propuso ese tema como proyecto para ingresar a un seminario de investigación, en primera instancia fue rechazado.

Eso ocurrió porque entre otros, Luis Botello, director senior del International Center For Journalists, que patrocinaba el taller, pensó que “la posibilidad real de que el presidente de México tuviera una casa a nombre de un contratista de su campaña parece inverosímil”.

Si como hipótesis de trabajo parecía descabellada, qué toca decir hoy, a un año de que esos periodistas probaran y demostraran que el presidente de México y su esposa ocupaban casas de un contratista de su campaña y de sus gobiernos.

No sólo la figura de Andrade y la de MVS empequeñecieron con la 'casa blanca'. Similar suerte corrieron el presidente y su secretario de Hacienda.

Twitter: @SalCamarena

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