Opinión

A México se le acaba la gasolina

 
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A México se le acaba la gasolina.

Es un elefante en la sala que al parecer nadie quiere ver.

Si los mexicanos quieren seguir consumiendo gasolina como parece ser el caso, tienen que revisar lo que pasa en las fábricas que la producen.

El asunto es simple. No hay.

El país tiene seis refinerías, pero hoy producen tan poco que equivale a que sólo operen dos y las otras cuatro permanezcan apagadas. Pero la demanda de gasolina, diésel, turbosina, no cae. El petróleo y sus derivados ya son 43 por ciento de la carga que mueven los puertos y en un año la importación por mar de los derivados de este hidrocarburo aumentaron 11 por ciento.

¿A qué nivel están las cosas?

Cerca de Monterrey hay un municipio llamado Cadereyta. Esa población alberga una refinería de Pemex.

Esa fábrica produjo 28 mil barriles diarios de gasolina durante julio de este año. Menos de un tercio de lo que produce habitualmente. Esa instalación cerró ese mes durante una semana. ¿El argumento oficial? falta de agua para procesos industriales.

Pero los locales dicen que les falta de todo: químicos, herramientas. Que no hay dinero. Ahí es en donde se sienten recortes por 100 mil millones de pesos este año y se sentirán más los otros 100 mil que pretenden recortar a la empresa el año entrante, de acuerdo con el Presupuesto propuesto a los diputados la semana pasada.

Es curioso, sólo para guardar el dato: el año pasado pagamos el equivalente a 225 mil millones de pesos por gasolina importada.

En México se venden estos días más coches que nunca y todas las ciudades quieren más gasolina. La tranquila Mérida aumenta 3.0 por ciento anualmente su consumo, Cancún 6.0 por ciento, me dicen en la Canaco regional. Ni hablar de las ciudades grandes en donde el tráfico ya muta en tormento.

Esos carros que atascan el Periférico hay que llenarlos de gasolina. Dos de cada tres litros que vende Pemex ya son importados y el número sigue creciendo.

“¿Cambiarle a mis gasolineras la imagen? No estoy loco”, me dice el propietario de una cadena de estaciones.

Su lógica funciona así: Con todo y reforma energética, Pemex es el único que importa gasolina y en la petrolera privilegiarán el surtido de aquellas gasolineras con su imagen. No lo limitarán a éstas. Simplemente van primero.

Ir primero en un país en el que la gasolina es escasa es importante.

Hasta el momento no hay empresa privada que importe gasolina. Difícilmente la habrá, me dicen expertos en el tema.

La Secretaría de Hacienda interviene frecuentemente en las reglas de precios, lo que resta certidumbre. La única que aguanta esa incertidumbre es Pemex.

Bajo las reglas de este año, además, no sale, me dicen quienes podrían importarla. “Yo puedo ponerla en Monterrey a casi ocho pesos, comprándola en Texas. A eso, sumando impuestos y la utilidad, el precio de venta debería ser de 16 pesos”, eso está por arriba del precio actual en bomba.

En Pemex, curiosamente, la lógica empieza a cambiar también. “Si ya no somos los únicos que tenemos el mercado, ¿por qué nos obligan a surtirlo?” me cuestiona un directivo aludiendo a la responsabilidad del gobierno de motivar inversiones en producción y venta de gasolinas.

Así opera hoy un negocio petrolero controlado por expertos en finanzas.

Así recibiremos el cambio de administración en Estados Unidos, nuestro principal proveedor, en donde no les faltan armas para negociar. El Tratado de Libre Comercio de Norteamérica no incluyó las gasolinas y si alguien quiere establecer un impuesto a la exportación del combustible, acá no tendremos muchas opciones. Pagaremos a lo que sea, antes de parar al país por falta de gasolina.

Twitter: @ruiztorre

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