Opinión

A la batalla

Terminó el periodo de reformas, como se sabe, e inicia la carrera a la elección intermedia. La cantidad y complejidad de las reformas han impedido a la ciudadanía apreciar los posibles impactos, y por lo mismo asignar adecuadamente los costos políticos. Hay, como informó ayer El Financiero-Parametría, una reforma muy popular, que es la educativa, y tres reformas polémicas: telecomunicaciones, fiscal y energética. La primera, porque no queda claro cuánto beneficia a los consumidores y cuánto es sólo reacomodo de oligopolios; la segunda ha cosechado las mayores críticas y la tercera polariza: unos muy enojados, otros muy contentos.

Es poco probable que las reformas tengan impactos relevantes de aquí a la elección, e igualmente improbable que la población les preste más atención. Por el contrario, los temas se olvidan pronto, como también se veía ayer en la recordación del Pacto por México. Sí, ocurrirá que la situación económica del país mejore, aunque no mucho, en los siguientes meses.

Con base en eso, parece que una buena aproximación de la competencia electoral nos la puede dar el pasado reciente. Pero tenemos el problema de que las elecciones de verdad aún no cumplen 20 años. Tenemos tres elecciones intermedias y tres presidenciales para estimar lo que puede ocurrir. No es mucho, ni los partidos han sido estables en ese tiempo, pero es lo que tenemos.

El PRI ha oscilado entre 40 y 45 por ciento del voto, si consideramos su asociación ya casi permanente con el PVEM. El único momento en que queda fuera de ese rango es en la elección de 2006, cuando Madrazo no resultó un buen candidato y además se polarizó la competencia entre PAN y PRD. El PAN ha tenido tres elecciones con más de 30 por ciento de los votos y tres con menos, la de 1997 y las dos últimas. Suele tener menos votos en las intermedias. El PRD es el que más oscila. Considerándolo en alianza con PT y MC, pasó de 28 por ciento del voto en 1997 a 23 por ciento en 2003 y a 19 por ciento en 2009. Si esa tendencia de elecciones intermedias continuase, apuntaría a 15 por ciento, para dividir ahora entre cuatro partidos, ya que ahora Morena irá por su lado. Pero si vemos el promedio de votos de las seis elecciones, la izquierda está más cerca del 25 por ciento. Nueva Alianza tendrá la primera elección sin su fundadora, Elba Esther Gordillo, y de los otros dos nuevos partidos no tenemos información relevante.

Así que podemos esperar que en la elección de 2015 el PRI-PVEM obtenga más de 40 por ciento de los votos, y mi mejor estimación sería de 44 por ciento. El PAN puede tener 30 por ciento, mientras que toda la izquierda puede sumar 22 por ciento, asignados diez para el PRD, siete para el PT y el Movimiento Ciudadano, y cuatro para Morena. Con los decimales llegamos a 22. Los cuatro puntos restantes se dividirán entre NA, PES y PH. Como el límite para mantener el registro es de tres puntos, esto indicaría que lo más probable es que ninguno de estos tres partidos sobreviva.

El PRI tendría mayoría en diputados (no en senadores, que no cambia), el PAN mejoraría un poco su posición, y la izquierda tendría la mayor pérdida, consistente con lo que le ha ocurrido en las intermedias anteriores. Pero ahora dividida en cuatro partidos.

Estas estimaciones son lo mejor que puedo ofrecerle, porque tenemos muy pocas elecciones previas, y no está aún claro el efecto de las reformas, escándalos, divisiones, y el entorno económico. Sin duda, en los próximos meses todo esto se irá aclarando, pero no creo que impacte mucho.