Opinión

A favor o en contra
de Luis Videgaray

A partir de hoy se polarizará el posicionamiento del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. La publicación que hará el INEGI del dato del PIB trimestral, que seguramente será un refrendo de lo que todos hemos percibido como un muy débil primer trimestre de 2014, conllevará la probabilidad de que Hacienda realice el famoso y esperado ajuste al 3.9 por ciento de crecimiento, algo en lo que el Banco de México le allanó el camino al establecer el nuevo rango de 2.3 hasta 3.3 por ciento.

Pero el momento es clave para el secretario, porque durante el primer tramo de gobierno, su posicionamiento público danzó en una miríada de atributos y percepciones que generaron consenso sobre su perfil. En dos años pasó de ser el hombre brillante de la campaña, al mastermind del gabinete entero. Luego, con la reforma fiscal, se convirtió —como notoriamente se supo en ciertos círculos empresariales— en el aparente enemigo de las refresqueras y de las empresas de alimentos chatarra. En últimos meses se volvió el garante de los argumentos para las reformas financiera, energética y de telecomunicaciones. Era quien mejor explicaba su impacto. Sus reconocimientos en el extranjero, particularmente en Londres, fueron consecuentes con ello.

Ahora el secretario podría ajustar la cifra de crecimiento esperada, en lo que será una prueba de argumentación, y que derivará en que, con el foco en su ministerio, la ciudadanía elija si los argumentos que presentará son: (1) creíbles; (2) contundentes, y (3) generadores de expectativas correctas.

En mi opinión, a partir de ahora, Videgaray dejará de ser el hombre fuerte multiatributos, y pasará a ser un personaje que tendrá dos públicos muy distintos: quienes elijan suscribir sus argumentos y empiecen a mirar la ecuación económica entera, incorporando retos endémicos y globalidad —como él lo ve—; y quienes, por el contrario, elijan verle como el responsable del atorón económico y de la lentitud con la que se desplaza la economía. Ya el presidente de Banorte, Guillermo Ortiz, inauguró públicamente al segundo grupo con sus opiniones recientes.

El secretario tiene algunos instrumentos para añadir adeptos al primer grupo. Uno de ellos es devolver al empresariado nacional la responsabilidad del crecimiento. ¿Por qué? Porque son los empresarios mexicanos quienes no invierten en investigación y desarrollo; son timoratos en la institucionalización de sus empresas; manipulan sus consejos de administración, y reprobarían cualquier prueba para operar sus negocios en la globalidad.

Ojo: del 100 por ciento del valor del PIB, sólo el 9 por ciento se explica por el gasto gubernamental. Del otro 91 por ciento somos responsables todos los demás.

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@SOYCarlosMota