Opinión

¿A dónde vamos
con los granos?

La producción mundial de los principales granos va al alza, en tanto que los precios acentúan su tendencia a la baja. De acuerdo con las estimaciones más recientes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, como resultado de los incrementos en los rendimientos físicos en el ciclo 2014/2015 se registrarán cosechas récord de maíz, trigo, sorgo y soya en ese y otros países. Con ello, los inventarios de los granos se situarían en niveles sin precedentes en los últimos años, lo que ha presionado los precios a la baja. En enero-agosto de 2014 el precio internacional del maíz fue 33 por ciento inferior al del mismo periodo del año anterior, el del sorgo 29 por ciento, el del trigo 7.0 por ciento y el de la soya 4.0 por ciento.

En el caso de México, la situación no es muy distinta. Sagarpa estima que en el año agrícola 2014 la producción nacional de maíz alcanzará 23.4 millones de toneladas, 3.3 por ciento más que el año pasado, la de trigo sería superior 11 por ciento, la de sorgo 24 por ciento y la de soya 9.0 por ciento. Por su parte, los precios pagados a los productores también han disminuido, aunque no en la proporción de los internacionales. A tasa anual, en enero-julio los del maíz y del sorgo se redujeron 13 por ciento, el del trigo 2.5 por ciento y el de la soya se mantuvo constante. No obstante, los diferenciales absolutos de precios fueron sustanciales. Por ejemplo, en septiembre el precio del maíz en México fue de tres mil 500 pesos por tonelada en promedio, mientras que en Estados Unidos se situó en mil 960 (147 dólares por tonelada). Esa diferencia entre el precio de mercado y el recibido por los productores se cubre con recursos fiscales por la vía de subsidios a las coberturas de precios, apoyos a la comercialización (denominados bases de compensación) y otros subsidios directos.

Es una pésima política pública. Primero, no reconoce que para los ingresos de los productores la caída de los precios se compensa parcialmente con mayores volúmenes producidos y comercializados. Segundo, distorsiona las señales de mercado para los productores sobre qué y cuánto sembrar, al incrementar “artificialmente” la rentabilidad de los granos, en particular, del maíz.

La experiencia de Sinaloa es evidente. Después de las heladas de principios de 2011, cuando se resembraron cerca de 500 mil hectáreas, se planteó aprovechar esa contingencia para reconvertir la superficie de maíz, que en los últimos diez años había sido de más de 800 mil hectáreas en promedio, y que recurrentemente presenta problemas de comercialización. La estrategia que se ha instrumentado desde 2013 propició que otra vez se sembraran 750 mil hectáreas en el ciclo 2013-2014, lo que ha vuelto a desequilibrar la oferta y la demanda.

Tercero, se pierde credibilidad en los instrumentos de la política agrícola y en las autoridades. El denominado “ingreso objetivo” (que es un precio mínimo que establece el gobierno) para la producción de maíz se ubica en dos mil 100 pesos por tonelada frente a tres mil 500 pagados. Si bien hay que revisarlo –no se hace desde 2011–, simplemente no se aplica y los precios se negocian coyunturalmente. Entonces, ¿para qué sirve o quién le cree?

Por último, se generan elevadas presiones presupuestales. Para 2014 el programa de incentivos a la comercialización consideró 7.7 mil millones de pesos; sin embargo, se estiman necesidades adicionales por cuatro a cinco mil millones. Para 2015 el presupuesto plantea 8.1 mil millones de pesos, pero las perspectivas de producción y precios, junto con la estrategia instrumentada, apuntan a requerimientos por 15 mil millones. O Hacienda amplía la asignación presupuestal, lo que es muy poco probable, o Sagarpa reasigna recursos de otros programas a ese propósito, lo que sería muy lamentable. Son recursos públicos muy mal aprovechados.

Esa política se ha justificado para “mantener” el ingreso de los productores (los más ricos del país) y con el argumento de la seguridad alimentaria. No obstante, ello no puede ser a cualquier costo y en todos los productos. Hay que aprovechar las ventajas competitivas del país; en buena parte de la producción de granos, ese no es el caso.

Twitter: @ruizfunes