Opinión

A campo abierto

 
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Merce Cunningham. (http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cunningham.htm)

Es posible vincular la danza y el arte desde varios puntos que, en realidad, son nodos, pues señalan contextos históricos complejos y búsquedas conceptuales muy precisas.

El cuerpo empezó a tener un lugar preponderante dentro de los procesos y las investigaciones de las artes plásticas y visuales después de la Segunda Guerra Mundial con sus infinitos e infames crímenes al cuerpo humano. De la mano de aquellas experiencias innombrables y de aquellos traumas, las artes empiezan a explorar con y a través de él.

Por un lado, trataban de encontrarle sentido al quehacer artístico después del horror, buscando conectar con dinámicas más ritualistas y menos racionales. Por el otro, trataban de otorgarle al espectador un papel mucho más activo y empoderado al construirle un espacio de convivencia, de cuerpos activos, no pasivos. También las luchas feministas, la aparición del video y la apertura a procesos más interdisciplinarios prepararon el terreno para que se potenciara este encuentro.

Trataré de esbozar el campo que surge de la influencia sostenida y mutua entre la danza y las artes plásticas y visuales a partir del trabajo de dos figuras del pasado cercano, que hoy en día forman parte de la historia del arte contemporáneo y que son referentes obligados de ella.

El coreógrafo y bailarín estadounidense Merce Cunningham, quien falleció hace siete años, a los 90, y quien trabajó hasta el último día de su vida, revolucionó la danza moderna al inventar un léxico de gestos totalmente nuevos y al introducir el azar y la indeterminación como métodos de composición, por ejemplo, ocupando el oráculo chino I Ching para establecer la continuidad y el orden. Descentralizó el espacio escénico; en sus piezas todas las posiciones de los bailarines son igual de importantes. Desplazó la narrativa lineal y el lirismo de la danza tradicional; sus piezas exploran el movimiento como tal y es así como posibilitan una infinidad de interpretaciones.

Así como el compositor estadounidense de vanguardia John Cage —su compañero de vida, colaborador y cómplice— fue liberando a la música de sus camisas de fuerza hasta llegar a enseñarnos a oír con “nuevos oídos felices” el silencio, Cunningham fue liberando a la danza de todos sus extras innecesarios, como si de disfraces se hubiese tratado, hasta llegar a enseñarnos a percibir el cuerpo en movimiento, el instante mientras transcurre, la respiración.

La coreógrafa y bailarina estadounidense Trisha Brown, quien se formó en danza moderna y técnicas de improvisación en los talleres de verano de Anna Halprin y quien participó en la célebre serie de talleres de Judson, tiene hoy en día 79 años de edad y sigue trabajando.

También en ella tuvieron impacto las investigaciones musicales y sonoras de John Cage.

Su Roof Piece (1971) llevada a cabo en las azoteas del SoHo, en Nueva York, es legendaria y conocida básicamente a través de la documentación fotográfica de Babette Mangolte. En ella se apropió del espacio público y puso a los cuerpos humanos a dialogar con el magnífico paisaje urbano de la megalópolis. Brown problematiza la noción de coreografía haciéndola sito-específica y anclándola en un lugar; ya no un conjunto fijo de gestos que el cuerpo repite y aprende, sino el acontecer de una serie de movimientos improvisados que, en este caso, se van transmitiendo y reproduciendo de un bailarín al otro, de un techo al otro —como si de una especie de teléfono descompuesto corporal y visual se tratase— y que obligan al espectador a desplazarse y buscar el punto desde el cual puede mirar a todos los bailarines.

Brown no sólo buscó nuevos 'escenarios', sino que también introdujo otros movimientos provenientes de actividades cotidianas, y otros cuerpos, menos normativizados, a la danza, ampliando así los límites y cánones de aquello considerado apropiado para una coreografía.

Estos dos grandes son coreógrafos y bailarines que cuestionan, de-construyen y renuevan su disciplina (la danza), participan en el mundo del arte y van así abriendo cancha para que los artistas plásticos y visuales observen el cuerpo en movimiento, se apropien de nociones y estrategias y las transformen después en elementos de sus acciones y performances, ampliando y retroalimentando de esta manera su propia disciplina (las artes plásticas y visuales).

La historia y la crítica del arte han tratado desde siempre de nombrar, catalogar y delimitar a las artes en disciplinas, movimientos y demás.

Esto es necesario para construir una memoria histórico-cultural; un pasado para el futuro. Pero la práctica artística en sí tiende a lo contrario: a la interdisciplinariedad, a romper, atravesar y ampliar los límites y las fronteras (de los materiales, de las concepciones, entre otros); imaginar otros futuros para el mundo, otros mundos para el futuro, más allá de lo que conocemos y somos capaces de nombrar.

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