Opinión

99 años

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Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (Archivo)

Hoy se cumplen 99 años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que ése es su nombre formal. En 1917, un 5 de febrero como hoy, se publicó el documento aprobado unos días antes que reformaba por completo la Constitución vigente, la de 1857, también promulgada ese mismo día. Dice la leyenda que para opacar al único santo mexicano de entonces, San Felipe de Jesús.

La Constitución de 1917 no fue resultado de un acuerdo general de los mexicanos, sino tan sólo de un grupo de ganadores de las guerras civiles previas. También la de 1857, claro, que fue impuesta por los liberales al resto de los mexicanos. Todas las anteriores, desde los Sentimientos de la Nación de 1814 hasta las Siete Leyes o el Ordenamiento de 1842, también eran propuesta de un solo grupo, pero sin la fuerza necesaria para imponerla, como sí la tuvieron los liberales de la generación de Juárez o los revolucionarios. Sin embargo, la Constitución de 1917 no era tampoco una idea común entre quienes se levantaron contra Díaz (según el cuento oficial, porque eso tampoco ocurrió). Pocos villistas o zapatistas pudieron participar en el Congreso Constituyente, pero sumados al grupo de Obregón. Ni siquiera Venustiano Carranza, entonces presidente, pudo imponer su voluntad.

El grupo que definió lo que sería México en el siglo XX fue el de Álvaro Obregón, y el líder de ese grupo, en el Constituyente, fue Francisco J. Múgica, exseminarista michoacano que para 1917 era un marxista convencido. Antes (y después) fue mentor de Lázaro Cárdenas, de forma que no sólo logró poner en blanco y negro sus ideas, en la Ley Suprema del país, sino que pudo influir en el presidente más importante del régimen.

Don Venustiano Carranza lo que quería era simplemente reducir el poder del Congreso, porque la Constitución de 1857 había dado como resultado un Ejecutivo tan débil que mejor nunca se le hizo caso: ni Juárez ni Díaz lo hicieron, porque no hubieran podido gobernar.
Carranza no tenía interés en cumplirle a los actores sociales que se le habían sumado durante la guerra civil, y a los que Obregón sí cuidaba.
Tanto las adiciones al Plan de Guadalupe como la Ley Agraria habían sido de gran importancia en la lucha contra Villa y Zapata, y Obregón no podía ignorarlas. Entre eso y el anticlericalismo de los sonorenses, don Francisco Múgica tuvo todo el apoyo para impulsar la “primera constitución social del siglo XX”.

La orientación colectivista de la Constitución fue un gran lastre para México durante el resto del siglo. Pero el gran éxito del régimen en el adoctrinamiento de los súbditos hizo muy difícil discutir eso. Todavía es complicado, a pesar de la evidencia. Sin decirlo, en los últimos 20 años se ha ido desmantelando esa construcción estatista e improductiva.
Para eso fueron las reformas de inicios de los noventa y las más recientes. Pero los costos siguen ahí, y son inmensos.

Una lista no exhaustiva: el mal sistema educativo, más preocupado por adoctrinar que por enseñar; el territorio, del que más de la mitad es propiedad colectiva, improductiva y para ahora, erosionada; Pemex, que tiene una deuda impagable, que tendremos que asumir todos; buena parte del sur del país está en manos de caciques que siguen en el siglo XVII; somos uno de los países más corruptos del mundo. No le sigo.

Hoy se cumplen 99 años de una mala idea. Ya casi terminamos de borrarla. Pero vaya que nos costó, y no sigue costando.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey

Twitter: @macariomx

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