Opinión

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José Antonio Meade y Luis Videgaray (Edgar López)

Esa cifra es el monto adicional de deuda externa que se agregó al país entre diciembre de 2012 y agosto de 2016.

Puesto en letras: tres millones de millones y trescientos ochenta y cinco mil cuatrocientos noventa y tres millones de pesos de deuda en lo que va del sexenio (cifras de SHCP, al 31 de agosto de este año).

Cargar esa deuda a la contabilidad política del secretario José Antonio Meade puede ser atractivo para sus detractores, pero es erróneo y es injusto. En realidad es la herencia de Luis Videgaray.

Sorprende que un funcionario inteligente como Videgaray haya endeudado al país de esa manera. Y que se le haya ocurrido impulsar la invitación de Donald Trump a México. Cuando se está en todo, no se está de lleno en nada, dice el dicho.

La visita de Trump parece haber sido la gota que derramó el vaso, que ya se había llenado por el monto escandaloso de endeudamiento en sólo tres años y medio de administración.

Fox dejó el saldo de la deuda en el mismo nivel que la recibió, y Calderón sumó siete puntos porcentuales en seis años (en medio de una severa crisis internacional).

Videgaray rompió récord histórico al casi duplicar el saldo de la deuda acumulada en todo el sexenio de Felipe Calderón, pero en sólo la mitad de tiempo.

En proporción al PIB se calcula que este año la deuda sea de 50.5 por ciento.

El aumento explosivo de la deuda ya fue alertado por el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. También, a su manera, por el actual secretario Meade (“hemos estado viviendo de prestado”), y por calificadoras internacionales que prevén un horizonte crítico para la deuda del país.

Tienen razón los que dicen que en Japón y otros países desarrollados la deuda es mayor que la mexicana en relación al PIB, pero aquí los efectos ponen a temblar.

Si la Fed y Banco de México aumentaran sólo un punto la tasa de interés, significaría que México tendría que pagar anualmente 34 mil millones de pesos más de intereses, únicamente por la deuda adicional de estos tres años y medio.

Ese punto equivale a casi todo el presupuesto de la UNAM (35 mil millones de pesos). Es decir, para pagarlo habría que cerrar la Universidad, por ejemplo.

De ese tamaño es nuestra vulnerabilidad por el crecimiento de la deuda.

Para quienes no somos economistas resulta inexplicable el incremento explosivo de la deuda en tres años y medio, toda vez que en 2013 y 2014 México se benefició de los precios del petróleo más altos de su historia.

Más inexplicable aún es que el aumento de la deuda no se haya podido detener con los incrementos a los precios de las gasolinas.

Y de manera natural vienen las preguntas: con los precios históricos del crudo, más recaudación también histórica, ¿por qué el gobierno se endeudó de manera acelerada y exorbitante?

¿Tanta deuda y tanto ingreso para un crecimiento económico raquítico?
Dicho de otra manera: ¿a dónde se fueron los casi tres billones cuatrocientos mil millones de pesos adicionales de deuda?

La llegada de Meade a Hacienda restaña heridas en las formas, en el trato, y ha comenzado a explicar ante el Congreso a dónde se fue esa deuda descomunal.

Y lo más importante, no se le ve tentación por la 'vicepresidencia' que alejó a su antecesor de sus quehaceres en Hacienda y nos puso en una complicada situación de mayor deuda externa y menor crecimiento. Esperemos que así siga.

Twitter: @PabloHiriart

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