Opinión

28 lugares

 
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Corrupción. (ciudadanosenred.com.mx)

No uno, ni dos, tampoco tres. México bajó 28 lugares en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional de 2016. El reporte salió el miércoles pasado y quizá la nota hubiera tenido más impacto si Donald Trump no hubiera tuiteado ese día. El profundo descenso de México en este índice pasó de largo en el círculo noticioso porque el muro y su factura ocuparon un espacio mayor.

El índice da una calificación a los países entre 0 y 100. Mientras más se acerquen a 100 hay una percepción menor de corrupción, y en función de esas calificaciones hace un ranking. En esta edición, el índice califica la percepción de corrupción en el sector público, para 176 países, ocho más de los que evaluó en 2015. México pasó del lugar 95 (con una calificación de 35) al lugar 123. 28 lugares más abajo en la tabla. La calificación bajó a 30 en sólo un año. Bajo cualquier comparación salimos mal parados. Somos el país con menor calificación y el último en la lista de los países miembros de la OCDE. Malawi está en mejor posición que nosotros, que compartimos el lugar 123 con Sierra Leona, Azerbaiyán, Djibouti, Honduras, Laos, Moldavia y Paraguay.

El índice es de percepción, así que en ocasiones una mayor cobertura mediática o alguna investigación relevante sobre corrupción hacen que la percepción se incremente, aunque la corrupción en sí no haya aumentado. Pero un descenso de 28 lugares no es menor.

El presidente Peña Nieto reitera la importancia de fortalecer el Estado de derecho y abatir la corrupción en prácticamente todos los foros a los que asiste. En el evento para anunciar el 'posicionamiento' de México sobre política exterior la semana pasada, el presidente dijo que el respeto al Estado de derecho de ambos países (México y Estados Unidos) deberá de ser la base de nuestra interacción.

En el evento para anunciar las medidas para fortalecer la economía familiar las partes firmantes se comprometían a preservar el Estado de derecho y a fortalecer la cultura de la legalidad. Curioso que tenga que plantearse como eje rector de un acuerdo particular y no como la forma de actuar de todos los días.

Ya sabemos que la corrupción cuesta. Cuesta de diversas formas y en diferentes ámbitos. Cuesta en recursos mal asignados, cuesta en ineficiencias, cuesta en desperdicio. También cuesta en desigualdad. La misma Transparencia Internacional presentó su reporte anual enfocándose en el vínculo entre ambas variables (www.transparency.org). Al comparar el Índice de Percepción de Corrupción con el Índice de Inclusión Social de la OCDE se encuentra una fuerte correlación. México está hasta abajo en ambos factores: corrupción rampante y un Índice de Inclusión Social de 3.5, que implica que gran parte de la población está excluida de oportunidades de desarrollo. Dinamarca, en el otro extremo, califica bien en ambos indicadores.

Si bien correlación no implica causalidad, estudios adicionales muestran un círculo vicioso entre ambos fenómenos. Una mayor corrupción repercute en una distribución desigual del poder en las sociedades, lo que resulta en una distribución desigual de oportunidades.

El Estado de derecho también incide en la formalidad laboral. David Kaplan, especialista del BID en mercados laborales, muestra que existe un vínculo entre ambas y que la informalidad laboral, que en México rebasa 57 por ciento de la población ocupada, puede ser síntoma de una falta de Estado de derecho.

Hoy México enfrenta enormes retos y riesgos en el entorno internacional. Sin duda hay que prepararse y tratar de hacer lo mejor dado este entorno. Pero los mayores retos, los mayores problemas para llamarles por su nombre, están aquí, son de creación propia.

Hemos permitido que la corrupción abarque todos los ámbitos, hemos dejado que se convierta en una práctica aceptada. La falta de un Estado de derecho sólido y funcional no sólo nos va a salir muy caro, también nos va a dejar rezagados en un mundo que se adapta y cambia con nuevas tecnologías.

Tenemos razones de sobra para mejorar el Estado de derecho. Desde cualquier ángulo eso nos hará un mejor país. Disminuiría la incertidumbre atraería inversiones, disminuiría la informalidad, mejoraría la productividad, mejoraría la eficiencia en el gasto público, gestaría poco a poco una sociedad más meritocrática, avivaría la competencia. No sé si exista la voluntad, no únicamente la voluntad política, para abanderar esa causa. Estamos eligiendo quedarnos atrás.

Esa es la unidad que necesitamos. Un Estado de derecho que funcione en todos los ámbitos. No habrá 'posicionamiento', ni acuerdo, ni estrategia de política exterior que funcione si no atendemos este tema con profundidad y con urgencia.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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