Opinión

21 años después

 
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Contenedor. (El Financero)

En estos días México cumple 21 años de pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a la cual varios se refieren como el club de ricos, ya que, efectivamente, las economías más ricas pertenecen a esta. Como pasa muy seguido cuando se habla del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, muchos se refieren al hecho de que nuestro país pertenezca a ambos como una pérdida de tiempo y posiblemente de dinero, ya que no logran encontrar algún aspecto que claramente haya significado un beneficio para el país, concretamente para alcanzar un mayor nivel de bienestar.

Si dejamos de lado por el momento al TLCAN y nos concretamos en la OCDE, podemos empezar por mencionar un dato que de entrada dice mucho: México y Turquía pelean el honor de estar en la última posición, dependiendo de la variable que se esté midiendo. Esto no ha cambiado significativamente en los últimos 21 años, aunque aparte de las quejas y críticas de café a los tecnócratas que propusieron y apoyaron esta decisión, no existe un análisis a fondo que pueda servir como punto de referencia, para por lo menos distinguir todos aquellos aspectos en los que hemos actuado mal, aquellos en los que de plano no hemos hecho nada y los demás en los que deberíamos tener mejores resultados pero no los hemos visto. No existe tal investigación y sin pretender mostrar un grado de conocimiento e información superior, simplemente analizamos algunos de los aspectos que pueden ayudar a explicar la razón de tan pobre resultado.

Sin duda un primer factor es la calidad de la educación, aunque fácilmente podríamos ampliar este argumento a la pésima calidad de casi todos los servicios públicos, aunque en especial se trata de educación, salud, seguridad y procuración de justicia. Esto incide principalmente en el deterioro de la calidad del capital humano que dispone el país, lo que ha traído como consecuencia que la productividad no solo no aumente, sino que hayamos registrado largos periodos de caídas considerables. Esto explica los bajos salarios, la pobreza, la marginación, el abuso de que son objeto muchos compatriotas y el aumento impresionante de la corrupción y la delincuencia.

Un aspecto muy relacionado con esto es el tipo de modelo político que tenemos. Durante la crisis que vivimos en los años 90 del siglo pasado, el sistema presidencialista sufrió un colapso, dejando enormes vacíos de poder, que fueron aprovechados, primero por grupos de arribistas, luego fueron los gobernadores y al final los partidos políticos se impusieron. Para ellos han diseñado y ejecutado varias reformas políticas, que han llevado hacia atrás no sólo al sistema democrático, sino a la capacidad del estado para diseñar, ejecutar y conducir una política económica que nos vuelva a poner en el camino del desarrollo, con crecimiento económico elevado. Si, presumimos de las grandes reformas que hemos recientemente aprobado, pero que tardaron más de dos décadas en ser aprobadas y lo peor, es que no se han instrumentado y corren el riesgo de ser rechazadas, debido al descrédito que los partidos, principalmente los de oposición al gobierno, están haciendo de ellas para atraer votos. Súmele usted el descontento social que a diario es atizado por ciertos grupos y partidos, quienes ahora incluso han planteado que no van a permitir el desarrollo del proceso electoral en junio.

Que nos espera con esto? La verdad, nada bueno, en especial si seguimos actuando como borregos en grupo, sin capacidad de protestar y no estamos hablando de salir a bloquear Reforma, denunciar y exigir a quienes traicionan al país, en aras de su propio beneficio, que dejen de usurpar papeles que no les corresponden.

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