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2018, intromisiones

    
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Peña Nieto. (Cuartoscuro)

Fuera máscaras. El presidente Enrique Peña Nieto se asumió como jefe de la campaña presidencial, formalmente, desde este lunes. Comenzó discretamente desde su mensaje político el 2 de septiembre por su Quinto Informe de Gobierno, pero la emergencia generada por el sismo del 7 de septiembre lo revitalizó como actor político. Todos los días recorrió zonas siniestradas y estuvo presente en la opinión pública, lo que le generó recuperación en la aprobación presidencial. No lucró con la desgracia, pero mostró su potencial político y sembró las bases para que reconocieran su papel en la decisión final sobre el candidato del PRI a la presidencia, y pusiera el 14 de diciembre como límite al PRI para designar abanderado. Peña Nieto empezó a jugar fuerte, aunque con retraso, frente a dos de los secretarios en quienes ha pensado para la candidatura presidencial, que están peleando sus propias batallas.

Sus casos son representativos por la manera como se están sacrificando viejas alianzas, y porque se encuentran involucrados dos aspirantes a la candidatura presidencial, los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Educación, Aurelio Nuño, en Morelos y Chiapas, que otrora fueron aliados del presidente. El gobernador de Morelos, Graco Ramírez, fue punta de lanza contra el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, que llevó al Partido Verde a coaligarse para frenar la caída electoral del PRI, están siendo avasallados por una estrategia agresiva, donde lo importante no son las lealtades, sino la extensión de su poder.

Los dos son parte de la novena de estados que van a elecciones gubernatoriales el próximo año, y se encuentran dentro de las siete que no gobierna el PRI. En Morelos, Osorio Chong está en guerra contra Ramírez, y adoptó al alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, a quien está utilizando como ariete contra el gobernador. Blanco, cuya estrategia electoral se diseña en Bucareli, está siendo preparado para que busque la gubernatura, probablemente con la bandera de Encuentro Social y, eventualmente, con el respaldo del PRI, sacrificando a los aspirantes tricolores que si bien tienen la experiencia y el oficio político, carecen del carisma y arrastre del exfutbolista estrella.

En Chiapas, Nuño se le ha atravesado al gobernador, y le ha ido arrebatando, con el respaldo del líder del PRI, Enrique Ochoa, el control sobre su sucesión. Velasco ha sido débil frente al poderoso secretario de Educación y ha permitido que Nuño y Ochoa impulsen al senador y dirigente estatal del PRI, Roberto Albores Gleason, como candidato a la gubernatura. La imposición generó divisiones en el PRI, sobre todo con el grupo que responde a Manlio Fabio Beltrones, donde el aspirante a la candidatura, Willy Ochoa, ha sido marginado y castigado por Albores Gleason. Eliminar a Velasco del proceso de sucesión y secuestrarlo desde el centro, coloca en riesgo electoral al estado ante la creciente fuerza de Morena, donde Zoé Robledo, hijo de un exgobernador priista, será el candidato.

La forma como Osorio Chong y Nuño están machucando a sus viejos aliados es inexplicable a simple vista. No se entiende como una compensación con Jalisco, una de las gubernaturas en poder del PRI que se pondrán en juego, y donde la fuerza de Enrique Alfaro, de Movimiento Ciudadano, hace suponer hoy en día que no habrá poder alguno que le impida convertirse en el próximo gobernador. Jalisco tiene el cuarto peso electoral en el país, mientras que Chiapas y Morelos tienen un valor electoral marginal. Yucatán, el otro estado gobernado por el PRI, es la única entidad en competencia el próximo año donde el partido en el poder podría mantener al Ejecutivo estatal, pero tampoco podría ser tomado, en caso de derrota, como un quid pro quo con su vecino Chiapas o con Morelos.

La irrupción de los secretarios en esos estados, si bien se puede argumentar que forma parte de un gran diseño electoral, también se puede ubicar como una serie de movimientos estratégicos de Osorio Chong y Nuño en función de sus propios intereses sucesorios. Sin embargo, bajo esta misma racional, si Peña Nieto no los ha frenado es porque los avala y respalda, aunque los márgenes de riesgo sean amplios.

Pero, ¿qué le garantiza a Nuño que si concreta la imposición de Albores Gleason sobre los deseos del gobernador Velasco, una alianza encabezada por el PRI y sometiendo al Verde podrá frenar la ola morena? Es más probable que la imposición socave la alianza con los verdes, y la derrota ante Morena sea más que una posibilidad. En Morelos, Osorio Chong mandó a su hombre de confianza, Jorge Márquez, oficial mayor de Gobernación, arropado como responsable de la reconstrucción por el sismo del 19 de septiembre, para desafiar a Ramírez y a la estructura que tiene el PRD en el estado.

Si Nuño está en busca de demostrar que él puede construir alianzas ganadoras, aun a costa de sacrificar a sus aliados como sucedió en el Estado de México, Osorio Chong está moviendo su músculo a través de Encuentro Social, ratificando que ese partido que nació en 2015 sirve fundamentalmente a sus propósitos y objetivos políticos. Su choque con Ramírez y el PRD en campo, es una apuesta tan arriesgada como la de Nuño en Chiapas. En ambos casos, la temeridad y ambición política es el vaso que los une, aunque no para sumar, sino dentro de su propia confrontación, como ha sucedido en el pasado entre priistas, para incidir e influir en la sucesión presidencial.

Twitter: @rivapa

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