Opinión

2017, zozobra

 
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Protestas por el alza a la gasolina. (Reuters)

No encuentro mejor término para describir el estado de ánimo general y las perspectivas a principios de este 2017. La zozobra anda suelta y nos inunda. Aquí y en el mundo entero percibo congoja, susto, inquietud y, también, mucho hartazgo y mucha ira.

El año pasado cerró con violencia furibunda. El 18 de diciembre pasado un tunecino –Anis Amri– lanzó el camión de carga que conducía contra la gente en un mercado navideño en el centro de Berlín dejando 12 muertos y cerca de 50 heridos. Al día siguiente, el embajador ruso en Ankara es asesinado por un policía antimotines turco. El 23 de diciembre el Ejército sirio anuncia que ha tomado el control del este Alepo (bastión de la resistencia en contra de Bashar al-Asad); miles de muertos y alrededor de 35 mil desplazados, cinco mil de ellos combatientes, que se suman al conteo macabro de una guerra civil que, desde 2011, ha cobrado la vida de más de 300 mil seres humanos.

El 2017 arranca también con mucha violencia. Primero, cuando todavía no acababa de cerrar 2016, 39 muertos producto de una balacera a manos de un hombre, aún no identificado, en una discoteca de moda en Estambul la noche del 31 de diciembre. Esa misma noche y la madrugada del 1 del año, en Francia cerca de mil vehículos incendiados, 17 por ciento más que en 2015. Los días 1 y 2 de enero un motín en un penal brasileño en Manaos que dejó 56 muertos, muchos de ellos decapitados e incinerados. Incidentes violentos durante los primeros días del año, también, en Irak y en Tailandia.

No hay una conexión obvia entre todos los hechos mencionados arriba. Si los situamos en el contexto del ascenso al poder de Donald Trump, del crecimiento electoral de la derecha populista, autoritaria, nacionalista y xenófoba en Europa, de la crisis renovada en el Medio Oriente y de los reajustes en el ajedrez geoestratégico global, sin embargo, estos estallidos de violencia contribuyen a configurar un escenario marcado por una dosis inusualmente alta de nubarrones, de riesgos e incertidumbres.

En México, 2017 abre con ánimos muy crispados y noticias preocupantes, en particular en el plano económico. Como producto del alza al precio de la gasolina anunciado por el gobierno los últimos días del año pasado, el 2017 mexicano se inaugura con plantones, bloqueos y marchas en contra del alza en ese precio centralísimo. El lunes 2 de enero, lloviendo sobre mojado, la Comisión Federal de Electricidad anuncia aumentos en las tarifas de la energía eléctrica para la industria, el comercio y el uso doméstico de alto consumo. La decisión de elevar los precios de la gasolina y la luz tienen, seguramente, fundamentos técnicos sólidos. Los tiempos en los que se anuncian y, sobre todo, sus previsibles efectos negativos sobre la inversión, el crecimiento y el empleo, analizados por Gerardo Esquivel en su columna en El Universal esta semana, abonan al clima de tensión, hartazgo y desánimo generalizados.

Para seguir, ayer Ford Motor Company anunció la cancelación de sus planes de inversión por mil 600 millones de dólares en una planta nueva para fabricar autos pequeños en el estado de San Luis Potosí y su intención de invertir 700 millones de dólares en la producción de coches eléctricos e híbridos en su planta en Flat Rock, Michigan. El anuncio de Ford se produjo, como señala una nota del Financial Times, poco después de que Trump amenazara a General Motors con un “fuerte impuesto fronterizo” en relación a su producción en México y el mismo día en que Trump diera a conocer que había nominado a un proteccionista conocido y de viejo cuño, además de fuerte crítico de China- Robert Lighthizer- como representante comercial de Estados Unidos.

Habrá que ver qué tanto las amenazas de Trump y las reacciones como las de Ford ayer implicarán un cambio de régimen en las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos o servirán como parte de la política-como-espectáculo de Trump para intentar, al mismo tiempo, quedar bien con sus votantes y no lastimar demasiado las relaciones con México. Por lo pronto, sin embargo, ya se canceló una inversión estadounidense importante en San Luis Potosí, ya sufrió el peso, y es altamente probable que un entorno tan incierto muchas otras empresas e inversionistas extranjeros –norteamericanos, sin duda, pero no sólo–reviertan o al menos congelen sus planes de inversión en México.

Los primeros indicios de lo que traerá este 2017 no son alentadores.

Pero para no cerrar con puras malas noticias, les comparto una de las pocas que me animó durante estos primeros días del año: la solicitud formal de la Fundación Juan Rulfo al gobierno de no hacer homenajes públicos en torno a los 100 años del natalicio del autor y de usar, en todo caso, los recursos programados para ello en becas para jóvenes en las disciplinas que le interesaban a Rulfo, por ejemplo: literatura, cine y fotografía.

Twitter: @BlancaHerediaR

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