Opinión

2016, el culebrón

   
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Donald Trump

Culebrón es una palabra que se utiliza más en España que en México. Pero el significado es el mismo aquí y allá. Según la RAE: “Historia real con caracteres de culebrón televisivo, es decir, insólita, lacrimógena y sumamente larga”.

El culebrón empezó, en Estados Unidos (EU), meses antes de 2016 cuando Donald Trump presentó su candidatura a la presidencia. Su definición de los inmigrantes mexicanos como criminales y violadores le valió una censura general. Nadie en ese momento apostaba un centavo por su campaña.

Pero el culebrón apenas se estaba iniciando. Paso a paso, recurriendo a un lenguaje y tesis estridentes, Trump empezó a ganar popularidad y, contra viento y marea, se impuso a todos y cada uno de los candidatos republicanos.

No sólo rompió todos los pronósticos, sino empezó a movilizar a un sector importante de ciudadanos blancos que normalmente no participaban en los procesos electorales. Paralelamente, lejos de modular el tono frente a las minorías y los migrantes, mantuvo su embestida.

Muchos republicanos lo descalificaban, pero otros iban más lejos y consideraban que su candidatura era un grave error que conduciría a una derrota histórica del Grand Old Party. Corrió incluso la versión de que el equipo de campaña de Clinton lo apoyaba soterradamente con la convicción de que sería un pésimo candidato, muy fácil de vencer.

Sin embargo, de nuevo contra todo pronóstico, conforme hubo candidatos de ambos partidos, Donald Trump empezó a remontar la enorme ventaja que le llevaba Hillary Clinton, a grado tal que las encuestas apuntaban hacia un empate. No por nada, atendiendo al viejo proverbio "caballo que alcanza, gana", algunos advertimos que tenía posibilidades de triunfar.

Pero vinieron entonces las convenciones republicana y demócrata. Las explicaciones de lo que ocurrió entonces pueden ser muy variadas, pero el hecho es que a partir de ese momento Clinton remontó y las cosas empezaron a empeorar para Trump.

El malestar en el interior del Partido Republicano era manifiesto. Ted Cruz participó en la Convención Republicana y no sólo se abstuvo de llamar a votar por Trump, sino pidió a los republicanos votar a conciencia, es decir, en su contra.

A ello se sumaron las tensiones con la cúpula republicana que cada vez eran más grandes, pero la gota que derramó el vaso de agua fue la carta abierta de 50 ex altos funcionarios republicanos de seguridad nacional que calificaron a Trump como un peligro para la seguridad nacional de EU.

Lo más grave era que el candidato republicano perdía cada vez más credibilidad. Amplios sectores lo percibían como alguien inestable y, sobre todo, incapaz de asumir las responsabilidades de presidente y comandante en jefe.

Para colmo de males, el primer debate lo mostró dubitativo frente a una Hillary Clinton ágil y asertiva. Las encuestas fueron contundentes: la candidata demócrata se había impuesto ampliamente sobre Trump.

Así que el panorama, a finales de agosto, no podía ser más sombrío. Vino entonces la sorpresiva invitación a México y el trato de jefe de Estado a un candidato que no sólo estaba en la lona, sino que había insultado hasta cansarse a los mexicanos.

Habría que precisar si el repunte que registró la campaña de Trump a partir del 31 de agosto, día de la infausta visita, se debió sólo a su estancia en México o si hubo otros factores concomitantes, pero sea de ello lo que fuere, es indudable que la bocanada de oxígeno que recibió en Los Pinos fue capital para su sobrevivencia.

El penúltimo capítulo de este culebrón fue la revelación de las cintas, donde Trump describía cómo abordaba-seducía-abusaba de las mujeres. Parecía, en ese momento, que la estocada estaba dada…

Pero faltaba el último episodio: el meteorito que rompería todas las coordenadas y terminaría dándole el triunfo: la declaración de James B. Comey, director del FBI, una semana antes del 8 de noviembre, indicando que reabrirían la investigación sobre los correos de Clinton.

El culebrón tuvo entonces su final inesperado, superior en suspenso a cualquier serie de Netflix, como Homeland o The Americans.

Así fue 2016. Y la segunda temporada, 2017, se anuncia, ya, más incierta y angustiante que la primera.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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