Opinión

2015 en la balanza

31 diciembre 2015 10:32
 
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Decenas de franceses que radican en la ciudad, colocaron una ofrenda floral y veladoras afuera de la embajada de Francia en México. (Cuartoscuro)

Termina 2015. Es un buen momento para revisar los principales asuntos internacionales que definieron este año y pensar cuáles podrían ser los que marcarán el próximo. Seguramente el más importante es el de la seguridad internacional, la que se vio comprometida en varias regiones; y en segundo lugar el estado de la economía mundial, en particular la caída en los precios de las materias primas y del petróleo.

Hacia 2016 la principal amenaza a la seguridad internacional es el Estado Islámico (o DAESH), el grupo terrorista que se nutre de los años prolongados de conflicto armado en Irak y en Siria. Están de acuerdo en la necesidad de combatirlo países tan discordes como Estados Unidos y Rusia o Arabia Saudita e Irán. La ideología islamista radical y la presencia militar del DAESH ha forzado el éxodo de migrantes de la región y ha destruido parte del patrimonio cultural de una de las cunas de la civilización. Su influencia letal también incluye los ataques mortíferos en países que viven conflictos armados –Egipto, Líbano y Nigeria– y en otros que no los habían sufrido en decenios, como Francia, o indirectamente Estados Unidos (en San Bernardino, California).

La crisis de más de un millón de refugiados en el Mediterráneo ubicó a la migración forzada como el tema actual más doloroso en el mundo. Según la ONU hay más de 232 millones de migrantes –políticos y económicos– en el mundo, es decir, 3.2 por ciento de la población global. La respuesta de los estados que reciben a los refugiados
–principalmente los de la Unión Europea– ha sido muy limitada y pone en duda la estabilidad del proyecto europeo. Inquieta ver cómo se relaciona la percepción de los migrantes con el aumento del racismo y la xenofobia en Alemania, Francia, Polonia y Reino Unido.

En 2015 se celebraron elecciones en varios países, algunas de las cuales suponen virajes ideológicos importantes. Como resultado, el mapa político en América y Europa cambió con respecto al año pasado. En Argentina terminaron doce años de políticas económicas y sociales “kirchneristas”. En Canadá se acabó la hegemonía de los conservadores bajo un nuevo liderazgo liberal. En España presenciamos el fin del bipartidismo y el surgimiento de una fuerza de izquierda. En Francia la ultraderecha del Frente Nacional se confirmó como la primera fuerza electoral. En Venezuela el régimen de Maduro se enfrenta a una supermayoría opositora en el Legislativo. Finalmente, en Estados Unidos, la elección presidencial de noviembre próximo mantiene la atención desde ahora a la comunidad internacional. El empresario Donald Trump “migratizó” el debate de una manera muy oportuna para sus fines, al relacionarlo con amenazas a la seguridad nacional y al orden público. La precandidata demócrata Hillary Clinton tiene una ventaja potencial en la carrera: el aumento del voto “latino” que la favorece.

Este año también hubo signos de aliento. El Consejo de Seguridad logró por unanimidad una resolución para buscar el fin de la guerra civil en Siria y alcanzar un cese al fuego. En Colombia, el gobierno y las FARC están cerca de celebrar un acuerdo definitivo de paz. Los líderes mundiales suscribieron un acuerdo histórico en la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático de París para enfrentar la catástrofe ambiental. Estados Unidos y Cuba reestablecieron relaciones diplomáticas: se vislumbra el principal cambio en el continente americano desde hace más de cincuenta años. Las principales potencias e Irán llegaron a un acuerdo sobre el programa nuclear del segundo: se abre una puerta a un interlocutor necesario en una de las zonas más conflictivas del mundo. Guatemala dio un ejemplo de cómo enfrentar la corrupción –aparentemente endémica de Latinoamérica– y de no permitir la impunidad. También disminuyeron las tensiones en otras partes del mundo, donde se preveían conflictos más severos como en el mar de China meridional y en Ucrania oriental.

Entre la esperanza y el abatimiento sobre el año próximo, déjemosle la adivinación del futuro a Nostradamus. La idea de futuro implica incertidumbre. Sin embargo, podemos hacer algunas previsiones. La corriente de El Niño causará fuertes sequías e inundaciones que aumentarán el flujo de refugiados y el empobrecimiento de varias sociedades en Centroamérica. Tendremos también crisis humanitarias en África y Medio Oriente, principalmente por la falta de atención que reciben. En la esfera económica, la política monetaria de Estados Unidos, los bajos precios de las materias primas y el endeudamiento de numerosos países tendrán importantes repercusiones en la economía musical. Sin embargo, durante todo 2016 seguiremos con el reality show de las primarias en Estados Unidos y de la campaña electoral, que desafortunadamente pone en pausa artificial la toma de decisiones en gran parte del mundo.

Twitter: @lourdesarandab

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