Opinión

20 años del “error de diciembre” (3 y último)

El martes 20 de diciembre de 1994 dominó el desconcierto en el mercado cambiario, pero no hubo todavía pánico.

Sin embargo, entre el vacío de información que hubo y la omisión cometida al no presentar un programa de estabilización completo junto con las medidas cambiarias, para el miércoles 21 de diciembre el pánico se desató.

El Banco de México perdió ese día reservas por cuatro mil 543 millones de dólares, casi la mitad de las que disponía el Banco Central.

Era cuestión de horas para que se acabaran absolutamente todas las fichas y el Banco de México se quedara sin dólares, así que ocurrió lo inevitable.

Se convocó de nuevo a una reunión del “Pacto” el miércoles por la noche y ya sin más debates, Hacienda y Banxico dieron a conocer que ya no era sostenible la banda acotada en la que fluctuaba el peso mexicano, por lo que era necesario dejarlo a la libre determinación del mercado.

Para el jueves, cuando ya no se inyectaron dólares al mercado, el dólar se fue hasta 4.90 pesos. En tres días se había producido una devaluación de 40 por ciento.

El jueves por la noche, el secretario Serra voló a Nueva York para enfrentar a los inversionistas, que se habían sentido defraudados por el nuevo gobierno.

Las reuniones que sostuvo fueron terribles por las críticas recibidas, que a veces llegaban casi al terreno del insulto.

La credibilidad de las autoridades hacendarias mexicanas se había venido a pique en apenas tres días.

Allí comenzó una de la crisis más severa de la historia moderna del país, de la que derivaron la quiebra de la banca, el Fobaproa y la recesión económica más profunda desde 1929.

Hay muchas lecciones que pueden aprenderse de los acontecimientos ocurridos hace 20 años, pero permítame ponerle el acento sólo a dos de ellas.

1.- La confianza y la credibilidad son dos de los activos más importantes en el mundo financiero (en realidad no sólo financiero). Más allá de los problemas subyacentes que hubieran existido (los famosos alfileres con los que estaba la estabilidad del país), la destrucción repentina de dichos activos generó el caos y profundizó la crisis. Hablar de frente, con la verdad, sin intentar encubrir los hechos, y tomando las medidas necesarias, por duras que fueran, probablemente hubiera permitido amortiguar los impactos del desplome.

2.- La comunicación no era entonces (y lo es mucho menos ahora), un asunto accesorio o complementario; eso que se discute al final, cuando ya las decisiones están tomadas. Si hubiera existido una explicación detallada, un programa articulado y una estrategia de reuniones con los inversionistas, banqueros, empresarios. Si el propio presidente hubiera explicado a la nación las determinaciones tomadas, seguramente el curso de las cosas hubiera sido otro.

Tal vez hoy ya no tengamos un tipo de cambio controlado, ni reservas que se evaporen por salir a defenderlo, pero tenemos otras crisis.

Y me temo que algunas lecciones que dejaron los hechos ocurridos hace 20 años parecen no haber sido aprendidas.

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