Opinión

10 años después: en qué acerté, y en qué no

 
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Paul Krugman. 10 años después: en qué acerté, y en qué no.

Mientras limpiaba mi oficina en Princeton recientemente, tomé mucha consciencia de la naturaleza efímera de escribir sobre política. Un porcentaje deprimentemente grande del espacio en mi estante estaba lleno de 30 años de libros sobre la década crucial por venir. Vaya, bueno.

Pero mientras incorporaba todos esos libros a mi pila para regalar, terminé haciendo un poco de reflexión autorreferencial (y quizás autocomplaciente) no sobre la década venidera, sino sobre la década pasada.

Verán, han pasado casi 10 años desde que empecé a escribir sobre la crisis financiera y la Gran Recesión. (Por supuesto, al principio no sabía que de hecho estaba escribiendo sobre esas cosas.) Todo empezó con mi diagnóstico de una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, cuyo estallido sabía que sería malo, pero del cual no tenía ni idea de que iba a ser tan malo como fue. No obstante, ha habido un arco bastante consistente y me encuentro reflexionando sobre en qué acerté y en qué me equivoqué.

El punto de partida, como dije, fue la burbuja inmobiliaria. Ciertamente no fui el primero en hacer sonar la alarma en ese frente; el economista Dean Baker, en particular, emitió advertencias mucho antes y con mucha más fuerza. Y, aun así, el que pienso que fue mi primer artículo sobre la crisis efectivamente agregó valor al señalar la enorme diferencia en el comportamiento de los precios entre estados de construcción restringida y otros.

Si se analizaban los promedios nacionales, era posible afirmar que los precios inmobiliarios tenían sentido, pero una vez que se desglosaba el subconjunto adecuado de estados y ciudades, la locura saltaba a la vista. Y la bifurcación fue abrumadoramente confirmada en los años subsiguientes.

Ese fue el principio.

Desde entonces, ¿en qué he estado en lo cierto y en qué me he equivocado?

Cosas en que acerté

1. La burbuja inmobiliaria: Vale mucho la pena recordar cuánta negación había de la burbuja, y cuánta de ello tuvo motivación política; escuchaba mucho eso de que “sólo dice que hay una burbuja porque odia a Bush”.

2. La inflación, o la falta de ella: He escrito sobre esto muchas veces, pero, luego de que estallara la burbuja inmobiliaria, fui un partidario inquebrantable de la visión de que las políticas expansivas de la Reserva Federal no representaban ningún riesgo inflacionario. Esto fue profundamente contencioso, pues la derecha estaba plenamente convencida de que la inflación se aproximaba, y algunos en el centro y en la izquierda al menos se mostraban titubeantes al respecto.

3. Las tasas de interés: Ninguna reducción bajo estas condiciones. Lo dije firmemente desde el principio, y sobre este tema había mucha vacilación entre los demócratas, muchos de los cuales se habían creído las historias sobre los peligros del déficit, incluso en una economía deprimida.

4. La austeridad daña: Mucha gente que debería haberlo sabido bien se creyó la idea del hada de la confianza, o al menos aceptó la noción de que los multiplicadores eran bastante pequeños. Dije que los multiplicadores iban a ser grandes bajo las condiciones actuales, y las investigaciones se han puesto al corriente y reivindicado esa posición.

5. Los estímulos inadecuados: Advertí desde el principio y con frecuencia que la Ley de Recuperación y Reinversión de Estados Unidos de 2009 era enormemente inadecuada, y que su insuficiencia tendría consecuencias duraderas. Lamentablemente, tuve razón.

6. La devaluación interna es desagradable, brutal y larga: Sostuve desde el principio que ajustar los precios relativos dentro de la zona del euro sería extremadamente difícil y que nadie tiene el tipo de flexibilidad de salarios y precios que puede hacer que la “devaluación interna” se dé sin problemas; y que a los países capaces de hacer devaluaciones monetarias, como Islandia, les iría mucho mejor.

7. El Obamacare es operable: Un tema bastante diferente, pero en mi libro de 2007, “Conscience of a Liberal” (Conciencia de un liberal), sostuve de manera nada original que un sistema de salud de mandatos, regulación y subsidios como la Ley de Servicio Médico Accesible, pese a no ser algo que se elaboraría desde cero, funcionaría en Estados Unidos (quería una opción pública, pero esa es otra historia).

Cosas en las que me equivoqué

1. La escala del desastre: Vi una burbuja inmobiliaria, supe que las secuelas serían malas, pero no tuve idea de qué tan malas. Ignoré felizmente el auge de la banca sombra y no pensé en la deuda de las familias ni en los desequilibrios dentro de la zona del euro.

2. La deflación: Pensé que la deflación estilo japonés era un riesgo inminente en todas las economías deprimidas. En cambio, la inflación baja, pero positiva, ha sido notablemente persistente.

3. La crisis del euro: Principalmente, pienso que mi análisis sobre la economía de la zona del euro y sus problemas fue bastante bueno (aunque vea más abajo). Sin embargo, sobreestimé enormemente el riesgo de la separación porque entendí mal la economía política; no comprendí qué tan dispuestas iban a estar las élites europeas a imponer un gran sufrimiento en nombre de permanecer en la unión monetaria. Con respecto a eso, no comprendí qué tan fácil iba a ser presentar a una modesta mejora económica como un éxito, incluso después de años de horror.

4. Los efectos de la liquidez sobre la deuda soberana: Finalmente, lamento decir que pasé por alto por completo la importancia de la falta de liquidez y de efectivo como motor de los precios de los bonos en la zona del euro. Hasta que intervino el economista Paul DeGrauwe fue cuando me di cuenta de cuánta diferencia marcaría que el Banco Central Europeo (BCE) hiciera su trabajo como prestamista de última instancia. De hecho, si el euro sobrevive, DeGrauwe - y este tipo de nombre Mario Draghi, quien como presidente del BCE ha puesto en práctica las ideas del DeGrauwe- debería recibir gran parte del crédito.

Probablemente se me escaparon algunas cosas, aunque pienso que es interesante ver cuántos de mis críticos sienten la necesidad de atacar mi historial inventando predicciones y afirmaciones que nunca hice. En general, aunque definitivamente cometí errores, pienso que lo hice bien; principalmente porque nunca dejé que las preocupaciones de moda me desviaran de la macroeconomía básica, y siempre intenté aplicar las lecciones de la historia.

Twitter@NYTimeskrugman

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