New York Times Syndicate

Un libro que irrita a Norcorea

Suri Kim entró como profesora de inglés del Instituto Pyongyang de Ciencia y Tecnología. Cada día escribía notas y las transcribía en secreto. Así nació “Without You, There Is No Us”, libro aclamado por algunos expertos occidentales en Corea del Norte y que irritó aún más las problemáticas entre este país y EU. 
Rick Gladstone
05 diciembre 2014 17:14 Última actualización 07 diciembre 2014 5:0
Norcorea

Suki Kim, con su libro provocó todavía más enojo entre los educadores cristianos de la universidad, que entre las autoridades de Corea del Norte. (NYT)

Era seguro que las memorias de una autora coreano estadounidense de cuando les enseñó inglés a adolescentes en una universidad privada en Pyongyang harían enojar al gobierno norcoreano. Sin embargo, la autora, Suki Kim, provocó todavía más enojo entre los educadores cristianos de la universidad.

La denunciaron por romper su promesa de no escribir nada sobre su experiencia y dijeron que sus memorias son imprecisas, notablemente porque los describe como misioneros, lo cual podría ocasionarles problemas con las autoridades norcoreanas.

Ellas aprobaron la universidad privada, el Instituto Pyongyang de Ciencia y Tecnología, en el 2001 a pesar de su desconfianza hacia los extranjeros. Amurallada y fuertemente protegida, la universidad se abrió ocho años después.

Fue ahí donde, en el 2001, Kim tomó notas secretamente, cuando les daba clases de inglés a 50 adolescentes y jóvenes de las familias norcoreanas más privilegiadas. No está claro si habrá repercusiones para la escuela por el libro, “Without You, There Is No Us” (Crown Publishers), con el título de la letra de una oda a la gobernante familia Kim, que cantan con frecuencia los estudiantes en sus rutinas reglamentadas.

Sin embargo, el director y fundador de la escuela, James Chin-Kyung Kim, dijo que debido al libro, autoridades norcoreanas lo habían interrogado agresivamente sobre Kim. El libro, aclamado por algunos expertos occidentales en Corea del Norte, añadió otro elemento irritante a las problemáticas relaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos. Está planeada una versión en coreano para la primavera.

USB COMO ALHAJAS

Suki Kim, quien no es cristiana practicante, reconoció en un entrevista que engañó en su solicitud para dar clases en la escuela y tomar notas clandestinamente para el libro. Dijo que garabateaba furtivamente citas y anécdotas memorables, destruía cualquier papel con notas después de transcribir secretamente a su computadora portátil; luego, copiaba a una memoria USB y borraba todo. Llevaba los USB alrededor del cuello como alhajas, contó, o los guardaba en un basurero en su residencia en el campus.

Monitoreaba constantemente a todo el personal docente, indicó, y funcionarios norcoreanos realizaban ocasionales cateos sorpresa a sus pertenencias. Ella ocultó sus intenciones no solo de sus colegas, sino también de James Kim, un emprendedor coreano estadounidense que también fundó una escuela similar en el noreste de China. “Sí me siento muy mal por dañarlos”, dijo ella. “Algunos eran personas realmente lindas, buenas y muy trabajadoras”.

No obstante, arguyó Kim, sus compañeros maestros también tenían lo que describió como otro motivo. “Por mucho que digan que querían educar a niños norcoreanos sin motivo, y metían dinero – sus ahorros de toda la vida – a la escuela, de hecho, el objetivo mayor era convertirlos, algún día, si se abriera Corea del Norte”, explicó.

“Es un proyecto de largo plazo, el de llevarlos a Jesús, ese es realmente su objetivo mayor”. James Kim negó esos alegatos, y dijo que la escuela está comprometida a la educación y no al proselitismo.

La publicación del libro se dio cuando el proselitismo y los derechos humanos en Corea del Norte son noticia. A dos de los tres estadounidenses encarcelados en ese país, recientemente liberados, se les acusó de actos hostiles al buscar propagar la fe cristiana.

Y los medios estatales reaccionaron con indignación recientemente ante una resolución de Naciones Unidas, apoyada por Estados Unidos, en la que se exhorta a que los dirigentes norcoreanos enfrente procesos en el Tribunal Penal Internacional para crímenes contra la humanidad.

KIM, LA ESCRITORA

Suki Kim, de 44 años, inmigró a Estados Unidos con su familia desde Corea del Sur cuando ella era niña. Receptora de becas Fulbright y Guggenheim, publicó su primer libro, “The Interpreter”, una novela sobre una intérprete coreano estadounidense en juzgados de Nueva York, en el 2003. Ha viajado a Corea del Norte como periodista desde el 2002.

Contó que, en parte, le atrajo dar clases en la escuela de Pyongyang porque le brindaba la oportunidad de ir más allá de lo que llamó el reporteo superficial que sale a menudo de Corea del Norte. “Me di cuenta de que era la única oportunidad que tenía de contar una historia más larga”, observó. Su conflicto interno más preocupante, indicó, fue causar un peligro inadvertido a sus estudiantes, con quienes estableció relaciones de confianza.

Les puso pseudónimos y encubrió sus identidades en el libro, para que las autoridades norcoreanas no buscaran vengarse castigándolos. James Kim le mandó lo que dijo fue una serie de correos electrónicos enojados y consternados, cuando se enteró de sus planes de publicar el libro. También escribieron al menos dos de sus antiguos compañeros maestros, implorándole que desechara la idea.

En entrevista telefónica desde China, James Kim trató de refutar todo el libro. “Estoy realmente molesto por la actitud, sus escritos, que contara mentiras, que nos engañara”, dijo. Fue especialmente crítico de lo que llamó una aseveración errónea de que los otros maestros son misioneros. “Somos educadores”, dijo.

Si las autoridades norcoreanas pensaran que la escuela buscaba convertir a los estudiantes al cristianismo, dijo James Kim, “Tendríamos problemas”. “Saben que somos cristianos, no lo ocultamos”, dijo. “Pero no somos misioneros. Los cristianos y los misioneros son diferentes”.

Suki Kim reconoció que los cristianos de la universidad no querían que los llamaran misiones ni proselitistas. “Es muchísimo más sutil que eso”, notó. “Por eso se dicen educadores. Es otra palabra en código para lo que están haciendo”.

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