New York Times Syndicate

Trump ya construyó un muro… en Escocia (y envió la cuenta a los residentes)

Mientras en EU intentan adivinar cómo será Donald Trump como presidente, los habitantes de una aldea en Escocia que se negaron a pagarle la construcción de un muro alrededor de su exclusivo campo de golf, dicen que tienen una idea bastante buena.
New York Times
09 diciembre 2016 20:5 Última actualización 11 diciembre 2016 5:5
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(NYT)

BALMEDIE, ESCOCIA.- El presidente electo Donald Trump ya ha construido un muro; no en la frontera con México, sino en los límites de su exclusivo campo de golf en el noreste de Escocia, bloqueando la vista hacia el mar de los residentes locales que se negaron a vender sus casas.

Y luego les envió la cuenta.

David y Moira Milne ya habían sido amenazados con acción legal por los abogados de Trump, quienes afirmaban que una esquina de su cochera le pertenecía a él, cuando llegaron del trabajo a casa un día para encontrar a su personal construyendo una cerca alrededor de su jardín.

Les siguieron dos hileras de árboles crecidos al lado, bloqueando la vista. Sus líneas de agua y electricidad fueron temporalmente cortadas. Y luego les llegó por correo una cuenta de unos 3 mil 500 dólares, la cual, dijo David Milne, se fue directamente a la basura.

“Mire, México tampoco pagará”, dijo David Milne, un consultor de salud y seguridad y novelista de medio tiempo, refiriéndose a la promesa de campaña de Trump de construir un “bello e impenetrable muro” a lo largo de la frontera y forzar a los mexicanos a pagar por él.

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Los Milne ahora ondean una bandera mexicana en su casa de la colina, una ex estación de la guardia costera desde donde se ve la casa club del Trump International Golf Links siempre que llega de visita Trump.

Así hacen también Susan y John Munro, que también se negaron a vender y ahora enfrentan un muro de barro de casi 4.5 metros de altura construido por la gente de Trump a dos costados de su propiedad.

Michael Forbes, un cantero cuya casa se encuentra al lado contrario de la propiedad de Trump, añadió una segunda bandera -“Hillary para presidenta” - quizá porque Trump lo acusó públicamente de vivir “como un cerdo” y lo llamó una “desgracia” por no vender su “desagradable” casa que “parece basurero”.

Mientras muchos estadounidenses están tratando de adivinar qué tipo de presidente han elegido recientemente, los habitantes de Balmedie, una pequeña aldea en las afueras de la ciudad anteriormente rica en petróleo de Aberdeen, dicen que tienen una idea bastante buena.

En los 10 años desde que Trump llegó de visita por primera vez, prometiendo construir “el campo de golf más grandioso del mundo”, en un sitio ambientalmente protegido que incluye dunas de arena de 4 mil años de antigüedad, le han visto lanzarse contra cualquiera que se ponga en su camino. Dicen que lo vieron conseguir el apoyo público para su campo de golf con grandes promesas, luego lo vieron romperlas una a una.

Una prometida inversión de mil 250 millones de dólares se ha reducido a lo que sus oponentes dicen es cuando mucho de 50 millones de dólares. Seis mil empleos se han reducido a 95. Dos campos de golf a uno. Un hotel de lujo de ocho pisos y 450 habitaciones nunca se materializó, ni tampoco sus 950 departamentos de tiempo compartido.

En vez de ello, una mansión existente fue convertida en un hotel boutique de 16 habitaciones. Trump International Golf Links, que abrió en 2012, perdió 1.36 millones de dólares el año pasado, según las cuentas públicas.

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“Si Estados Unidos quiere saber qué le espera, debería estudiar lo que sucedió aquí. Es predictivo”, dijo Martin Ford, un representante del gobierno local. “Simplemente lo he visto hacer en Estados Unidos, a una escala más grande, precisamente lo que hizo aquí. Embaucó a la gente y embaucó a los políticos hasta que obtuvo lo que quiso, y luego se echó para atrás en casi todo lo que prometió”.

Alex Salmond, un ex primer ministro de Escocia cuyo gobierno concedió a Trump el permiso de planeación en 2008, pasando por encima de funcionarios locales, ahora admite el fiasco, diciendo: “Balmedie obtuvo 10 centavos de cada dólar”.

Sarah Malone, quien atrajo la atención de Trump tras ganar un concurso de belleza local y ahora es vicepresidenta de Trump International, refutó algunas de las cifras discutidas públicamente sobre el proyecto, diciendo que Trump invirtió unos 125 millones de dólares y que el campo de golf ahora empleaba a 150 personas.

“Aunque otros proyectos de golf y ocio fueron reducidos debido a la falta de fondos”, dijo, “el señor Trump continuó adelante con sus planes y ha puesto a la región en el mapa turístico mundial, y este sitio juega un papel vital en la prosperidad económica del noreste de Escocia”.

Salmond dijo que el impacto de Trump en los negocios en Escocia realmente sería netamente negativo porque sus comentarios xenofóbicos han consternado tanto a los círculos escoceses que es improbable que el Royal & Ancient Golf Club de St. Andrews, conocido simplemente como el R&A, conceda pronto a su otro campo de golf escocés, el mundialmente famoso Trump Turnberry, otro prestigioso torneo de golf como el Open.

“No veo al R&A regresando a Turnberry, lo cual es una tragedia en sí mismo”, dijo Salmond. “Pero también es un enorme golpe económico: varios cientos de millones de libras esterlinas perdidas; o, en términos de Trump, miles de millones”.

Trump, cuya madre emigró de Escocia a Nueva York en 1930, nunca mostró ningún gran interés en el lugar de nacimiento de ella. Pero, en 2008, el mismo año en que solicitó el permiso de planeación en Balmedie, visitó la cabaña de fachada rústica de guijarros en la Isla de Lewis en el oeste de Escocia donde ella creció.

Después de salir de su jet privado y distribuir ejemplares de su libro “How to Get Rich” (Cómo enriquecerse), se dice que comentó con los residentes locales cuán escocés se sentía. “Me siento muy cómodo aquí”, dijo Trump antes de pasar menos de dos minutos con sus primos en la casa de su madre, reportó The Guardian en ese entonces. Unas tres horas después, su jet había despegado.

La visita evidentemente no impresionó a Ford, entonces presidente del comité de planeación en el Concejo de Aberdeenshire, el cual negó a Trump el permiso para su campo de golf por razones ambientales. Las antiguas dunas, concluyó el comité, eran un “sitio de interés científico especial”, o como dijo Ford, “el equivalente de Escocia al bosque tropical amazónico”.

Al final, fue Salmond, un autodescrito fanático del golf cuyo distrito incluye a Balmedie, quien acudió en defensa de Trump, concediendo el permiso para seguir adelante por el “interés económico nacional”.

“Seis mil empleos en toda Escocia, mil 400 empleos locales y permanentes en el noreste de Escocia”, dijo Salmond en su momento. “Eso supera a las preocupaciones ambientales”.

Ocho años después, afirma que Trump le tomó el pelo: “Si sabiendo lo que sé ahora tuviera la capacidad de dar marcha atrás, reescribiría esa página”, dijo Salmond. “La mayoría de los desarrollos equilibran los temas económicos con los ambientales. El problema, y es un gran problema, es que Donald Trump no hizo lo que prometió”.


Trump posteriormente se peleó con Salmond (a quien ahora llama “el loco Alex” y un “político acabado”), primero porque se negó a desahuciar a los residentes por dominio eminente y luego por sus planes para instalar turbinas eólicas frente a la costa a un par de kilómetros del campo de golf de Trump.

“Si Escocia no detiene la política demente de las turbinas eólicas obsoletas y asesinas de pájaros, el país terminará destruido”, escribió Trump en Twitter en 2014.

Las turbinas eólicas, cuyos cimientos se espera sean echados el año próximo, aún parecen enfurecer a Trump. En una reunión justo después de su triunfo electoral, Trump instó a Nigel Farage, el líder del populista Partido para la Independencia del Reino Unido _ que no ha ganado ni un solo escaño en Escocia _ a combatir las centrales eólicas frente a la costa en Escocia en su nombre.

“Realmente creer que tener una conversación con Nigel Farage y sus partidarios sobre energía eólica va a cambiar la política del gobierno escocés está en los límites más alejados de la posibilidad”, dijo Salmond.

Algunos residentes locales siguen siendo fieramente leales a él. Stewart Spence, dueño del exclusivo hotel Marcliffe, tiene una foto de Trump y él mismo exhibida en el vestíbulo así como su propia membrecía honoraria en el campo de golf de Balmedie.

“¿Cuántos turistas han atraído las dunas? Cero”, dijo. “Lo que ha hecho es construir un hermoso campo de golf y hacer del noreste de Escocia un destino maravilloso”.

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