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¿Quiere un castillo? Vaya a Italia

Y es que castillos y mansiones históricas en Italia han sido desde hace largo tiempo atrás herencias familiares, pero actualmente docenas de ellos están en venta, ante el alto costo que implica mantenerlas. Los más interesados en ellos son los rusos y los chinos, quienes desembolsan alrededor de 7 millones de euros.
Gaia Pianigiani
06 febrero 2015 14:58 Última actualización 08 febrero 2015 11:44
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PONGASSIEVE, Italia - Enclavado en una gentil colina toscana cerca de este pueblo justo al oeste de Florencia, acariciado por la niebla matinal, yace un castillo medieval que albergó en otra época algunas de las pocas familias nobles de prominencia que conjuraron en contra del dominio de los Medici durante el Renacimiento, algunas de los cuales se cree que se refugiaron aquí.

Durante varios siglos después, los descendientes de los nobles y los campesinos que les sirvieron vivieron resguardados por los muros almenados de la fortaleza o en las cercanas casas de campo, y acudían a misa a una iglesia de piedra rosada.

“Recuerdo una procesión de más de 25 familias de agricultores a misa dominical aquí hasta finales de los años 60”, dijo Franco Viliani, de 80 años de edad, uno de los ex administradores de la propiedad. “Pudiera sonar extraño para un sistema pseudo-feudal, pero era una forma de inclusión. Posteriormente, hemos visto a algunos de los dueños una o dos veces por año”.

Hoy día la propiedad entera está desierta y en venta, castillo, iglesia y todo. Si bien eso pudiera parecer una circunstancia excepcional, para Italia, con frecuencia creciente, no lo es.

Si bien castillos y mansiones históricas en Italia han sido desde hace largo tiempo atrás herencias familiares, actualmente docenas de ellos están en venta, incluso en uno de los mercados de bienes raíces más conservadores de Europa.

ALTOS COSTOS DE MANTENIMIENTO

En los últimos años, la riqueza heredada y bien arraigada de Italia se ha marchitado a raíz de una potente combinación de factores. Entre ellos están los costos cada vez mayores de la vida y servicios, las endebles finanzas de propietarios en una época de persistentes complicaciones económicas, recortes en subsidios gubernamentales para mantener propiedades históricas y, no en menor medida, la aparición por doquier de impuestos de propiedad.

“El mercado italiano es mayormente histórico: las mansiones pasan de generación en generación”, notó Dimitri Corfti, el director ejecutivo de Lionard, exclusiva empresa de bienes raíces con base en Florencia cuya cartera hace alarde de alrededor 70 castillos, localizados en el centro y norte de Italia.

“No es necesariamente cierto que el propietario sea un millonario como se puede asumir en países como Estados Unidos o Inglaterra”, agregó. “Algunos efectivamente necesitan liquidez”.

Lo que es más, quienes tienen dinero para comprar con frecuencia no son italianos, circunstancia preocupante para algunos aquí que lamentan la pérdida de patrimonio histórico y familiar ante una nueva élite mundial que hizo su fortuna recientemente.

COMPRADORES, EXTRANJEROS EN SU MAYORÍA

La gran mayoría de los vendedores de Lionard son italianos, destacó Corti, en tanto la mayoría de los compradores son extranjeros. Buscan de manera predominante villas o mansiones en Toscana, estando preparados para invertir en promedio 6 ó 7 millones de euros (alrededor de 6.75 a 7.85 millones de dólares).

Ya no es razonable creer que el propietario de un castillo vecino compraría el tuyo”, agregó Corti. “Es más probable que sea un ruso, o un chino”.

De hecho, más de 50 por ciento de los clientes de Lionard vienen de Rusia y la ex Unión Soviética, en tanto el resto vive en su mayoría en Norteamérica. Otros corredores de bienes raíces de lujo, como la sucursal italiana de Sotheby’s, tienen una clientela más diversa, que va desde los países árabes hasta China, más Rusia y Norteamérica.

“A ningún dueño histórico le gustaría deshacerse de sus propiedades, pero pudieran estar en la condición para hacerlo”, dijo Moroello Diaz della Vittoria Pallavicini, presidente de la asociación Italiana de Casas Históricas, en su oficina abovedada dentro de un complejo del siglo XVII en la colina de Quirinal, en el centro de Roma.

“Además, tememos que los extranjeros estén menos apegados y no sean tan cuidadosos con su propiedad”, agregó. “Ellos no crecieron aquí; esa mansión no pertenece a su historia familiar”.

A pesar de ingresos relativamente bajos, los italianos han heredado históricamente propiedades y se han beneficiado de bajos impuestos de propiedad, ayudándoles a solventar su vivienda o invertir en más bienes raíces.

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En 2011, conforme la crisis financiera se profundizaba y el gobierno enfrentaba presión para equilibrar sus libros, el tecnocrático primer ministro, Mario Monti, elevó impuestos sobre propiedades y empezó una revisión de la evaluación del catastro de los valores de hogares.
En edificios históricos, donde los propietarios solían pagar poco como compensación por los elevados costos de mantener estructuras de varios siglos de antigüedad, los impuestos subieron 20 o 30 veces, dependiendo de la ubicación de la propiedad.

En algunos edificios, los impuestos se dispararon de 3 mil euros, unos 3 mil 400 dólares en 2011 a 75 mil euros para 2013. Esa pudiera ser una cifra pequeña para moradores de castillos en Reino Unido, pero un lastre para el bolsillo italiano, particularmente en regiones donde el valor de la propiedad en el mercado o interés turístico es bajo.

Las tendencias, para muchos aquí, son indicativas del sitio de Italia como un país atrapado entre su gloria pasada y su dificultad moderna para producir un clima innovador, capaz de asegurar su futuro.

Con frecuencia, los intentos de terratenientes por navegar los cambios se han quedado cortos.

CONVERTIRLOS EN HOTELES, NO ES UNA OPCIÓN

Algunos dueños italianos que compraron propiedades como una inversión las transformaron en hoteles de lujo, con la esperanza de compensar los altos costos de mantener antiguos muros con frescos e inmensos jardines italianos, a menudo con hectáreas de olivares y viñedos. Sin embargo, la demanda de días de fiesta lujosos no ha prosperado en los últimos años, en tanto algunos centros vacacionales han registrado pocos huéspedes.

En otra época, los 427 metros cuadrados en cinco pisos del castillo Tavolese, más o menos a 30 kilómetros al sur de Florencia, albergó a la noble familia Uberti, mencionada en la “Divina Comedia” de Dante , y después la familia Canigiani, cuya hija Elena dio a luz al ilustre poeta renacentista Francesco Petrarca.

El castillo del siglo XIV fue convertido en una espléndida posada y salón para bodas. Sin embargo, los frutos actuales de los 5 mil olivos de la propiedad no han sido pizcados durante años, en tanto la cama de recién casados del verano pasado sigue deshecha. Los compradores pueden hacerla suya por 18 millones de euros (poco más de 20 millones de dólares).

Pero, comprador, cuidado: Vivir la vida de un noble en Italia tiene un costo, incluso para muchos magnates. Los nuevos propietarios enfrentan la misma burocracia onerosa que los italianos para hacer incluso cambios mínimos a muchas propiedades más viejas.

Bajo la ley italiana, el propietario de un edificio histórico es su custodio, estando obligado a mantenerlo y otorgar su seguridad y, en algunos casos, su uso al público. Muchos compradores renuncian a propiedades de gran valor histórico, pero en mala condición, por esta razón, destacaron corredores.

“Esto es un problema para posibles inversionistas, quienes quieren tener comodidades modernas como un spa, aire acondicionado, o un elevador”, dijo Pallavicini, de la Asociación Italiana de Casas Históricas.

“Ya no vivimos como en 1800”, agregó. “Sin embargo, son imposibles o sumamente burocráticos y complicados 99 por ciento de esos cambios en un edificio histórico de Italia”.

Al mismo tiempo, muchos de los 5 mil 500 miembros de la asociación preferirían nunca vender su propiedad, dijo.

“Ellos tienen un cordón umbilical a ese edificio”, destacó. “Quizá fueron criados ahí. Venderlo no es una opción, siempre que puedan resistir”.

Pero, aunque pudiera ser difícil aceptar la venta, con demasiada frecuencia la única otra opción es el abandono, sobre todo para castillos y monumentos que no se localizan en regiones turísticas.

“Si un propietario toscano que vende su mansión puede esperar que un comprador ruso, británico o estadounidense restablezca las finanzas de su familia, nosotros no podemos”, dijo Francesco Scardaccione, dueño de un palazzo histórico y dos propiedades en el campo, quien preside la sucursal en la región sureña de Basilicata de la Asociación Italiana de Casas Históricas.

“¿Qué va a pasa el día que nosotros ya no seamos capaces de pagarla?” preguntó.

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