New York Times Syndicate

¿Qué pueden aprender
los petroleros de los productores de whiskey?

El petróleo y el bourbon tienen en común que las prolongadas demoras entre la inversión en un nuevo suministro y la disponibilidad del producto terminado, por lo que los petroleros podrían aprender algunos trucos de las destilerías de Kentucky.
Neil Irwin
27 noviembre 2014 21:34 Última actualización 27 noviembre 2014 22:5
Bourbon

Los productores de bourbon, como el petróleo, deben esperar largos periodos de tiempo para obtener su producto. (Bloomberg)

El mercado del petróleo crudo está en una verdadera caída libre. El precio de un barril ha bajado 30 por ciento desde junio, y apenas empieza la reacción en cadena, y los analistas advierten todo tipo de cosas, desde quiebras de los campos petrolíferos texanos hasta problemas económicos en los grandes países productores de petróleo, como Venezuela y Nigeria.

Si los precios del petróleo siguen bajos y siguen cayendo, será una de las tendencias más importantes que modelen a la economía mundial en el 2015, lo cual plantea la pregunta: ¿por qué está pasando esto? Para responder a eso, es útil buscar en el mercado otro líquido que se almacena en barriles, uno que es menos relevante económicamente, pero bastante más sabroso: el bourbon.

Resulta que los productores de petróleo, desde Dallas hasta Dabi, podrían aprender unas cuantas cosas de las destilerías de Kentucky que producen whiskeys que parecen néctares.

Lo que tienen en común el petróleo y el bourbon es las prolongadas demoras en tiempo entre la inversión en un nuevo suministro y la disponibilidad del producto terminado. Con el bourbon, ello se debe a que un destilador debe mantener lo bueno en barriles durante siete, 10 o hasta 20 años para que esté listo para beberse. Con el petróleo, se debe a que la inversión en nuevos proyectos de perforación es un asunto que se mueve con lentitud, que a menudo implica años de complejas ingeniería y construcción para que empiece a fluir el crudo.

El resultado para ambos es que la oferta está básicamente fijada en el corto plazo. La cantidad de petróleo disponible en el futuro cercano está determinado por decisiones de inversión que los productores de petróleo tomaron hace años. Esto genera enormes vaivenes en los precios en prolongados horizontes de tiempo, que tienen efectos generales en todo, desde los coches que conducimos hasta los políticos que ganan cargos de elección popular.

La actual baja en los precios del petróleo, por ejemplo, tiene sus raíces en acciones que se realizaron a mediados de la década pasada. A finales de los 1990 y principios de los 2000, el petróleo era barato – menos de 20 dólares el barril a finales del 2001. Esos precios bajos hicieron que los productores tuvieran pocos incentivos para invertir en la perforación. La inversión mundial en nueva producción fue de sólo unos 200 mil millones de dólares en el 2004, de acuerdo con estimaciones hechas por IHS Herold, una firma de investigación en energía.


Sin embargo, a principios de este siglo, el crecimiento económico en países emergentes fue más fuerte de lo que habían pronosticado los productores de petróleo, y aumentó la demanda de energía. Años de muy poca inversión debido a los precios bajos empezaron a convertirse en un problema. Para el 2008, el precio del petróleo llegó a un máximo de 140 dólares el barril y la inversión se acercó a los 500,000 millones de dólares.

Ahora, el mundo se encuentra viviendo en las circunstancias opuestas. El incremento en la exploración que comenzó en la última década está empezando a redituar en una gran forma, incluido un auge en Estados Unidos. Tras llegar a los cinco millones de barriles diarios en el 2008, la producción interna estadounidense de crudo subió hasta 7.5 millones en el 2013 y sigue en aumento.

Entre tanto, las llamativas tasas de crecimiento en China y otros mercados emergentes a mediados de la última década han dado paso a una expansión más lenta, y las economías gigantes de Europa, Japón y Estados Unidos han tenido un mal comportamiento tras años de crisis.
“No vamos a ver ningún auge económico mundial sincronizado dentro de poco”, notó Daniel Yergin, el vicepresidente de IHS y autor de “The Quest” (La búsqueda), un libro sobre el mercado mundial de petróleo. “Estos ciclos de inversión y desigualdad de nueva oferta que se avecinan, y de las reacciones del mercado y los ciclos económicos, todo se está moviendo. ¿Cuál es el mecanismo de ajuste? Es el precio”.

Sin embargo, la volatilidad del precio del petróleo en la última década tiene un costo. Arreglos económicos totalmente diferentes tienen un sentido cuando el petróleo está en 70 dólares el barril y otro cuando está en 140 dólares. La gente quiere comprar coches distintos; las líneas aéreas vuelan rutas diferentes a precios distintos; la inversión en fuentes alternativas de energía se vuelve más o menos viable; los países productores de petróleo pueden estar forrados o famélicos.
En otras palabras, estos ciclos en los precios del petróleo son drásticos y pueden tener verdaderas consecuencias para dificultar que los negocios y las sociedades tomen decisiones de largo plazo. Puede funcionar en contra de los intereses de los propios productores de petróleo; entre más altos sean los precios, más incentivos tienen los consumidores y negocios para invertir en eficiencia y fuentes alternativas de energía.

Lo cual nos trae de vuelta al mercado del bourbon.
Lo que hoy está sucediendo en el mercado del bourbon de alta calidad es básicamente lo opuesto a lo que pasa con el petróleo (o es paralelo a lo que estaba sucediendo con el petróleo en el 2007 y el 2008). En la última década, el bourbon se ha convertido en el licor destilado del que se habla, ya que la gente que otrora prefería vodka ha descubierto el atractivo de marcas de bourbon como Pappy Van Winkle, Basil Hayden’s y Elijah Craig.

Sin embargo, tal como los productores de petróleo no pueden abrir la llave de las nuevas reservas petrolíferas de un día para el otro, los años que el bourbon debe pasar en las barricas han provocado que los productores se hayan rezagado en la curva para mantener el paso de la demanda.

“En el 2002, estábamos haciendo Buffalo Trace que se vendería en el 2011”, notó Mark Brown, el director ejecutivo de Buffalo Trace Distillery. “No había absolutamente ningún indicio de que la demanda alcanzaría los niveles a los que llegó”.

En el mercado del petróleo, una materia prima mundial para la que hay compradores y vendedores, el precio es el único mecanismo de ajuste. Sin embargo, los fabricantes de bourbon están, en muchos casos, tratando de evitar aumentar demasiado sus precios.

“Hemos sido inflexibles en cuanto a no subirles nuestros precios a nuestros distribuidores mucho más allá del costo de las mercancías y la inflación”, comentó Brown. “La razón de eso es muy simple. Estamos en este negocio para el largo plazo. Solo porque el bourbon está de moda en este momento no cambia nuestra forma de pensar para decir que aprovechemos la situación”.

Buffalo Trace y otros fabricantes de bourbon tratan de colocar cuidadosamente su producto con distribuidores en todo Estados Unidos, a lo que es, efectivamente, un precio ligeramente por debajo del precio de equilibrio. El resultado es titulares como “La gran escasez de whiskey del 2013”. En el mercado paralelo, las botellas del Pappy Van Winkle de 23 años llegan a precios de cuatro dígitos.

Sin embargo, la apuesta que está haciendo la industria del bourbon es que todavía se puede ganar más dinero en el largo plazo, si se cultiva una nueva generación de bebedores de bourbon entre los adultos jóvenes, así como en forjar la lealtad entre los clientes en todos los rincones de Estados Unidos y, con el tiempo, del mundo.

No necesariamente es lo que se plantearía en una clase de Economía Básica, pero sí podría ser la receta correcta para eliminar el ciclo de altibajos que ha hecho que sea tan volátil el negocio del petróleo.

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