New York Times Syndicate

Ponen a prueba 'el viaje más hermoso del mundo’

El Hurtigruten, un ferry que data de 1893, permite visualizar paisajes impactantes de Noruega.
Reif Larsen
03 octubre 2014 21:49 Última actualización 05 octubre 2014 14:29
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Los asombrosos paisajes que ofrece Noruega pueden ser vistos desde el  Hurtigruten, un crucero que ha sido adaptado al turismo. (NYT)

Los asombrosos paisajes que ofrece Noruega pueden ser vistos desde el Hurtigruten, un crucero que ha sido adaptado al turismo. (NYT)

NUEVA YORK – El sitio web Hurtigruten describe modestamente a su crucero por la costa noruega como “el viaje más hermoso del mundo”.
Cuando leí esto, no pude evitar pensar en ese sketch de Monty Python en el cual un hombre escribe el chiste más divertido del mundo; un chiste tan divertido que todo el que lo lee instantáneamente muere de risa.

Me pregunté si la belleza, llevada a la exageración, podía volverse similarmente peligrosa.

¿Las cubiertas del barco se llenarían de turistas embelesados por lo sublime? Estábamos a punto de descubrirlo. Yo estaba de pie en la cubierta superior del MS Trollfjord de nueve cubiertas con mi esposa, Katie, y mi hijo de seis meses de edad, Holt. En el muelle detrás nuestro, mis parientes noruegos estaban despidiendo al barco enloquecidamente, aunque no en la dirección en la que nos encontrábamos transbordados. Yo había pasado el último día corriendo por Trondheim – una encantadora ciudad universitaria llena de embarcadores ubicada en el borde de un fiordo – tratando de encontrar la antigua casa de mi abuelo, con resultados mixtos.

Había arrastrado a mi familia hacia Noruega por razones misteriosas. Técnicamente, era noruego sólo en una cuarta parte, aunque anhelaba mucho más. También me imagino ser una especie de antropólogo aficionado.

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UNA ESPECIA DE DÍA INTERMINABLE

La noche anterior alrededor de las 10, mientras el sol seguía sin mostrar intención de ponerse, mi primo Coleman había preguntado si queríamos realizar un paseo “vespertino”. Esa es la relación casual que la gente parecía mantener con el tiempo en las latitudes norteñas, donde en invierno la luz del día se reduce a un par de horas y en el verano la noche nunca se oscurece.

Por encima del Círculo Ártico, esta existencia binaria se vuelve aún más extrema, hasta el punto en que todo el año se vuelve una especie de día interminable, con seis meses de luz y seis meses de oscuridad.
Yo quería ir lo más al norte que pudiera y ver por mí mismo cómo la gente se las ingeniaba para sobrevivir a esa relación dualística con el sol. Hurtigruten significa literalmente “ruta exprés”, y aunque no hay nada de “exprés” en ella en estos días, cuando fue fundada en 1893, la línea del transbordador fue casi una revelación, entregando correo, carga y pasajeros a las comunidades del norte que de otro modo estaban completamente aisladas del resto del mundo.

Al combinar la habilidad náutica, el aspecto humildemente práctico y una belleza natural asombrosa, el Hurtigruten se ha convertido en uno de los atesorados símbolos nacionales de Noruega.

Noruega paisaje. (NYT)
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FORNZANDOS A MIRAR HACIA EL TURISMO

Sin embargo, el Hurtigruten de 2014 tiene poca semejanza con el Hurtigruten de antaño. Con el tiempo, la misión de servicio original del exprés costero se volvió en gran medida redundante conforme el correo, la carga y los pasajeros se volcaron en la conveniencia del transporte aéreo, forzando a la compañía a mirar hacia el turismo como su principal fuente de ingresos. Construido en 2002, nuestro barco, el MS Trollfjord de 136 metros, representaba a este nuevo Hurtigruten.

Mientras Holt y yo explorábamos entusiasmadamente las cubiertas del barco, lo que se volvió evidente, rápidamente fue que estábamos viendo a una compañía en medio de una moderada crisis de identidad.
Nuestros anfitriones estaban tratando simultáneamente de satisfacer los deseos del pasajero de crucero moderno cada vez más perceptivo mientras mantenían discreta modestia de la cultura noruega.

Por ello, el MS Trollfjord incluía dos pequeños jacuzzis en la Cubierta 9, con todo y luces de fiesta multicolores, pero cerraban a las 11 de la noche. La Cubierta 8 incluía una pista de baile abandonada en la que sin embargo sonaban suaves baladas de los años 80 durante las 24 horas del día. Una noche, alrededor de la una de la mañana, insomne y solo, no pude resistir bailar en solitario “Life Is a Highway”, mientras miraba hacia un distante conjunto de islas silueteadas contra un cielo que había olvidado oscurecer. La vista, lo admito, era fantástica.

Noruega paisaje. (NYT)
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BENDECIDO CON PAISAJES IMPACTANTES

Si usted nunca ha estado en Noruega, debe comprender que está bendecido con una excesiva abundancia de paisajes impactantes. Los glaciares tienden a dejar atrás una geología dramática, y Noruega no es la excepción: Elevadas montañas de granito descienden hacia el mar, cataratas caen 91 metros a través de campos de rocas sueltas y prados alpinos en terrazas; dondequiera que uno mire hay racimos de islas rocosas y casas campestres rojas imposiblemente hermosas equilibradas en la orilla de algún acantilado. Pese a tener sólo 388 mil 498 metros cuadrados, el país se jacta de tener una de las líneas costeras más ondulatorias del mundo, que mide unos 102 mil 998 kilómetros de largo.

La línea costera noruega es esencial para la identidad del país, y no sólo debido a las industrias primarias del país de la pesca y la perforación marítima.

Una línea de “skerries” – esencialmente pequeños arrecifes rocosos deshabitados – crea un pasadizo costero naturalmente protegido todo el tiempo hacia el Cabo Norte y da paso al nombre del país: Noruega significa “el camino hacia el norte” en escandinavo antiguo.

Noruega paisaje. (NYT)

TIEMPO PARA CONTEMPLAR

Pero lo que es fascinante es que la vista desde las salas panorámicas del Hurtigruten también se desplaza muy lentamente. Realmente, muy, muy lentamente.

Pese a haber sido llamado alguna vez el “exprés costero”, el Hurtigruten realmente viaja a una velocidad máxima de alrededor de 15 nudos, lo cual es aproximadamente la velocidad de un veloz paseo en bicicleta.
Así que uno realmente tiene tiempo de detenerse a contemplar cada skerry, cada cardumen, cada pequeña casa campestre roja.

Desembarcamos y dijimos adiós al MS Trollfjord en la aldea de Stamsund, en la costa sureña del Archipiélago de Lofoten, que se extiende hacia el Mar de Noruega como una franja perezosa. Lofoten es famoso por sus paisajes, y en un país bendecido con abundancia de paisajes, esto es realmente decir algo.

La cadena de islas incluye un muro de elevados picos de granito que constituyen su espina dorsal. En el verano los rostros de piedra de estas montañas se pintan con una paleta suave de matorrales verdes y liquen; desde la distancia, las islas parecen estar flotando por encima de la superficie del mar.

Aun cuando se ubica 161 kilómetros al norte del Círculo Ártico, Lofoten, como el resto de Noruega, sigue siendo relativamente templado debido principalmente a la Corriente del Golfo que fluye desde Florida. Todos los noruegos deberían escribir una carta de amor anual a la Corriente del Golfo. Las cálidas corrientes evitan que los muelles se congelen en invierno, ofreciendo abundantes áreas de pesca y temperaturas moderadas en mar y tierra todo el año. Desde Stamsund, nos dirigimos en auto hacia la Isla Moskenes, en el extremo de la franja.

El viaje, a través de una serie de 16 puentes, fue asombroso y también apestoso, especialmente cuando pasamos por una de las muchas repisas de bacalao que estaba siendo secado al aire para convertirlo en pescado seco, un platillo popular en Italia, España y Nigeria.

Nos hospedamos en la aldea de Reine, en Reine Rorbuer, que se ubica en un hermoso trocito de península flanqueado por tres lados por las elevadas montañas de la Tierra Media. Agotados de tantos paisajes, nos quedamos a cenar en el lindo restaurante Gammelbua y probamos el bistec de ballena, que sabía un poco como un entrecot excesivamente cocido, y lenguas de bacalao, una exquisitez local, que sabían divinas.

Eventualmente nos metimos a la cama alrededor de la medianoche, aunque esa decisión pareció meramente una casualidad, ya que la luz seguía entrando por las ventanas. Al día siguiente, nos dirigimos a Stamsund a tomar nuestro nuevo barco, el MS Kong Harald. Si el Trollfjord era el Bellagio de los Hurtigruten, entonces el Kong Harald era El Cortez en el centro de Las Vegas. Construido en 1993, tenía un encantador elemento de la cursilería de los 80: columnas de latón inadecuadas, sofás de imitación piel, gruesas alfombras, un techo que era unos cuantos centímetros demasiado bajo. Se sentía un poco como si Barry Manilow pudiera aparecer en cualquier momento y cantar un par de canciones.

EL MISMO SOL COMO SIEMPRE

Y lo digo como un cumplido. Al final, me di cuenta de que toda mi suposición sobre la interrelación entre la luz y la cordura era errónea. Fue como si me volviera hacia alguien y le preguntara: “Pero ¿cómo sobreviven en la noche? Oscurece todos los días, ¿verdad?. Eso es una locura”. La respuesta es: La repetición lo normaliza todo.

La gente se adapta. Es lo que hacemos. Los noruegos no hablan del sol de medianoche. El sol de medianoche es un concepto arbitrario inventado por las gorras de los turistas y perpetuado por escritores de talento incierto. Pero si aprendí algo en este viaje hacia el norte, es que la verdad y la importancia tienen poco que ver una con la otra. Aun cuando echar un vistazo al sol a medianoche era completamente arbitrario, yo aún quería verlo. Y no lo había conseguido en todo el viaje, ya que nos acompañó un nublado total las 24 horas. En nuestra última noche en Noruega, el cielo finalmente empezó a despejarse. Así que ascendí una pequeña montaña, alcanzando su cresta alas 11:58 de la noche.

Estaba preparado para sentirme desilusionado con lo que viera. El reloj dio la medianoche y ahí estaba: el sol, sin obstáculos, resplandeciente. El mismo sol como siempre. Pero qué sol. Y en qué paisaje.

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