New York Times Syndicate

No sabemos casi nada de las jirafas

Para Julian Fennessy, director ejecutivo de la Fundación para la Conservación de las Jirafas, es “un gigante discreto y el animal más elegante del mundo” al cual se ha estudiado muy poco.
Natalie Angier
24 octubre 2014 12:10 Última actualización 25 octubre 2014 5:0
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JIRAFAS

Las jirafas quizá sean populares, pero hasta recientemente casi nadie estudiaba a las jirafas en el campo. (Archivo/Cuartoscuro)

DELTA DEL OKAVANGO. Para ser los animales más altos del planeta, las jirafas pueden ser excesivamente fáciles de pasar por alto, quizá sean populares, pero hasta recientemente casi nadie las estudiaba en campo.

“Cuando me interesé por primera vez en las jirafas, en 2008, y empecé a revisar la literatura científica; realmente me sorprendió ver que se había hecho tan poco”, dijo Megan Strauss, quien estudia la evolución y el comportamiento en la Universidad de Minnesota. “Fue asombroso que algo tan conocido como la jirafa pudiera haber sido tan poco estudiado”.

Son la “megafauna olvidada”, dijo Julian Fennessy, investigador y director ejecutivo de la Fundación para la Conservación de las Jirafas

Ahora todo eso está cambiando rápidamente, ya que un creciente grupo de investigadores buscan comprender la biología espectacular y el comportamiento sorprendentemente complejo de lo que Fennesy llama un “gigante discreto y el animal más elegante del mundo”.

“Las jirafas han sido subestimadas, incluso consideradas un poco estúpidas”, dijo Zoe Muller, una bióloga de la vida silvestre en la Universidad de Warwick en Inglaterra.

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LA EDAD OTORGA EL ESTATUS

Los científicos han descubierto últimamente que las jirafas no son los padres indiferentes que se creía. “Hemos podido trazar un mapa de su estructura social y sus relaciones en una forma mucho más sofisticada; ocurren muchas cosas que no apreciábamos”, agregó Muller,

Se ha encontrado que las jirafas macho, que están siempre en busca de la próxima oportunidad de apareamiento, son evaluadores astutos de la competencia local y ajustan su estrategia sexual.

Los machos generalmente ganan en categoría y acceso a las hembras fértiles con la edad, y los sementales alfa se jactan de esa superioridad física y conductualmente.

Los osiconos que brotan como tentáculos encima de la cabeza de una jirafa se engrosan y pierden sus encantadores mechones; una masa ósea sobresale en medio de la frente; la musculatura del cuello se vuelve visible; y la postura del macho se vuelve más orgullosa y más resueltamente vertical.

Andre Ganswindt, de la Universidad de Pretoria en Sudáfrica, y sus colegas han encontrado que los machos jóvenes recientemente lanzados a su carrera de celo, cuando están solos, imitan el comportamiento básico de sus mayores: cabeza en alto, cuello hinchado, perseguir y empujar a las hembras y olisquear su orina en busca de signos de celo.

Pero si un macho dominante se pasea a la vista, los más jóvenes instantáneamente abandonan sus payasadas sexuales y buscan parecer pequeños e inocentes.

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GRANDES EXPLORADORAS

Los conservacionistas han declarado el 21 de junio como el Día Mundial de la Jirafa; el día más largo para el animal más alto, dijeron. Los investigadores también enfatizan la importancia ecológica de estos animales. “Como grandes exploradoras, cambian el hábitat”, dijo Fennessy.

“Pasan muchísimo tiempo alimentándose, podando, distribuyendo semillas por todo el paisaje, manteniendo el hábitat abierto para que lo usen otros animales salvajes”. Al pasar de un árbol a otro y de una flor a otra, añadió, incluso sirven como polinizadores.

Su característica piel color ocre y sus proporciones arbóreas se mezclan perfectamente con las acacias, de las cuales comen incesantemente, y se mantienen tan quietas como los árboles : nada de relinchos, gruñidos, bramidos o aullidos.

“Las jirafas son básicamente mudas”, dijo Kerryn Carter, una zoóloga de la Universidad de Queensland, en Australia. “Un resoplido es el único sonido que he escuchado”.

Además tienen una visión excelente. Sus ojos están entre los más grandes de los mamíferos terrestres, pueden ver en color y a grandes distancias frontalmente, y su visión periférica es tan amplia que esencialmente pueden ver detrás de sí mismas también. Su aguda visión les permite detectar a los predadores y mantenerse a la vista unas de otras.

Carter, de Queensland, y sus colegas siguieron a más de 400 ejemplares durante seis años, identificando sus extensiones de residencia y quién se asociaba con quién. Como reportaron los investigadores en la revista especializada Animal Behaviour, las hembras mostraron preferencias sociales claras y persistentes.

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DE CORAZÓN COMPLEJO

También de interés es el excepcional sistema cardiovascular de las jirafas. Una jirafa grande puede alcanzar los seis metros de alto y su cuello representa aproximadamente un tercio de su envergadura y sus largas cabezas lo mismo.

El desafío de los escalones múltiples, entonces, es como bombear sangre muy alto y recuperarla desde muy abajo, mientras se evita que las capilaridades estallen en el cerebro o la sangre se estanque alrededor de las pezuñas.

Como parte del Programa Danés de Investigación Cardiovascular de las Jirafas, veintenas de científicos han viajado a Sudáfrica para estudiar su fisiología. Han medido la presión sanguínea en diferentes sitios y encontrado lecturas que van desde altas a ridículas.

La jirafa tiene paredes de vasos sanguíneos extremadamente gruesas para evitar que la sangre se filtre al tejido circundante, mientras que fibras de colágeno resistentes e inflexibles en su cuello y patas ayudan a mantener en movimiento el tráfico sanguíneo, al igual que los ajustados trajes antigravedad usados por los astronautas.

Una compleja red de capilaridades y válvulas almacenan y liberan la sangre en el cuello, permitiendo a la jirafa inclinarse para beber agua y luego elevar la cabeza rápidamente sin desmayarse. Cuando la jirafa se queda quieta, los esfínteres en la parte superior de las patas limitan la circulación hacia las extremidades inferiores, para minimizar el riesgo de que se acumule fluido en las pezuñas.

Los investigadores también se sorprendieron al descubrir que, contrario al antiguo conocimiento de los libros de texto, no tienen corazones inusualmente grandes para animales de su tamaño.

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“Es medio punto porcentual de su masa corporal, y eso es lo mismo que vemos en una vaca, un perro o un ratón”, dijo Christian Aalkjaer del departamento de biomedicina en la Universidad de Aarhus en Dinamarca. Además, Aalkjaer y sus colegas han determinado que la cantidad de sangre bombeada a la circulación cada minuto es proporcionalmente menor al de los humanos.

Ese descubrimiento pudiera ayudar a explicar por qué las jirafas rara vez corren mucho tiempo: Sus corazones no pueden llevar oxígeno a sus músculos con la suficiente rapidez para permitir un ejercicio aeróbico prolongado.

Actualmente,  las jirafas se encuentran en toda el África sub-
sahariana, clasificadas actualmente como una sola especia con hasta nueve subespecies, que difieren en características como la forma de la cabeza y si la piel de sus patas es lisa o con patrón.

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