New York Times Syndicate

'No puedo dormir' ¿te suena familiar?

Problemas médicos, emocionales y psiquiátricos, el ruido excesivo, el cambio de horario al dormir, el despertarse muy temprano entre semana o mirar pantallas electrónicas antes de dormir, puede perturbar el sueño y ocasionarte insomnio, ¿haces o padeces alguno?
Jane E. Brody 
27 enero 2017 18:38 Última actualización 28 enero 2017 4:55
insomnio

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El insomnio es como un ladrón que llega en la noche, despojando a la gente de un necesarísimo sueño reparador, en especial a la de más de sesenta años. Como se lamenta el rey en la segunda parte de “Enrique IV” de Shakespeare: “Sueño, dulce sueño, suave nodriza de la naturaleza, ¿qué espanto te he causado, no quieres ya cerrar mis párpados y empapar mis sentidos en el olvido?”

Las causas del insomnio sin muchas y aumentan en número y gravedad con la edad. Empero, ese problema suele ser pasado por alto en los exámenes de rutina, lo que no solo disminuye la calidad de vida de las personas de edad, sino también puede provocar o agravar trastornos físicos y emocionales, por ejemplo, síntomas de pérdida cognoscitiva.

La mayoría experimenta amnesia episódica, es decir, noches en las que el cuerpo parece haber olvidado cómo dormir el número requerido de horas, si es que duerme algo.

Por angustioso que puede parecer ese problema en el momento, palidece en comparación con los efectos que padecen aquellos para quienes el insomnio –la dificultad de conciliar el sueño y de permanecer dormido así como el despertarse demasiado temprano– es un asunto de todas las noches.

Un estudio llevado a cabo en 1995 por investigadores del Instituto Nacional de la Edad con más de 9,000 personas de 65 años y más que vivían en tres comunidades reveló que el 28 por ciento tenía problemas para conciliar el sueño y 42 por ciento presentó dificultad tanto para quedarse dormido como para mantenerse dormido.

Pero en la actualidad, cuando millones de personas pasan el tiempo previo a dormirse mirando pantallas electrónicas que pueden perturbar el ritmo biológico del organismo, esas cifras probablemente sean mucho más altas.

El insomnio, advierte el Dr. Alon Y. Avidan, “es un síntoma, no un diagnóstico”, por lo que puede ser la clave de problemas de salud generalmente tratables y que, de persistir, deben ser tomados muy en serio. Avidan es director de la clínica de sueño de la Escuela de Medicina David Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles.

El llamado insomnio transitorio, que dura menos de un mes, puede ser causado por un problema temporal en el trabajo o una enfermedad aguda. El insomnio de corto plazo, que dura de uno a seis meses, puede surgir por una crisis financiera personal o por la pérdida de un ser querido.

Varios meses de insomnio son bastante angustiosos de por sí, pero cuando se vuelve crónico, cuando dura más de seis meses, puede causar graves trastornos físicos, emocionales y sociales.

Además de la excesiva somnolencia durante el día, que puede ser peligrosa en sí misma, Avidan señala que el insomnio crónico “puede perturbar el intelecto, obstaculizar el conocimiento, causar confusión, provocar retardos psicomotores y aumentar el riesgo de sufrir lesiones”.

Comprensiblemente, suele ir acompañado de depresión, ya sea como causa o resultado del insomnio persistente. Si no se trata, el insomnio también eleva el riesgo de sufrir caídas y fracturas, como demostró un estudio con residentes en casas de asistencia.

Existen dos tipos de insomnio. Uno, el llamado insomnio primario, es causado por un problema que ocurre solamente durante el sueño, como la apnea obstructiva de sueño, el síndrome de la pierna inquieta (que aflige de 15 a 20 adultos de edad avanzada), movimientos periódicos de las extremidades o la tendencia a actuar físicamente en los sueños, que puede ser uno de los primeros síntomas del mal de Parkinson.

A menos que su compañero de cama se lo señale, las personas con trastornos de insomnio primario pueden no saber por qué se perturba su sueño.

Para hacer un diagnóstico adecuado generalmente se requiere un estudio profesional del sueño, para lo cual la persona pasa una o dos noches en un laboratorio, conectada a instrumentos que registran la respiración, el ritmo cardíaco, la presión arterial, los movimientos del cuerpo y el tiempo pasado en las diversas fases del sueño.

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Trastornos del sueño. (Archivo)

El otro tipo de insomnio, el secundario, es más común y es consecuencia de un problema médico o psiquiátrico. También puede ser efecto secundario de medicamentos o estar causado por factores ambientales, como el consumo a destiempo de cafeína, alcohol o nicotina, o por hacer siesta en el día.

Puede deberse también a perturbaciones ambientales, como el desfase horario y el exceso de ruido o de luz en la habitación, en especial la luz azul de los dispositivos electrónicos.

Entre los muchos padecimientos médicos que pueden causar insomnio están la falla cardiaca, el reflujo gastroesofágico (agruras o acidez estomacal), enfermedad pulmonar, artritis, mal de Alzheimer e incontinencia. Cuando es posible tratar el padecimiento causante se puede aliviar el insomnio.

Sin importar las razones del insomnio, este puede convertirse en una conducta aprendida, cuando existe la angustia de tener dificultades para caer dormido o para volver a dormir después de despertarse a medianoche. La persona puede pasar horas despierta, dando vueltas en la cama, preocupada por no poder dormir. Y la ansiedad misma le impide dormir.

Mientras más nos inquietemos por la dificultad para dormir, esta será peor. Cuando me llego a despertar en las primeras horas de la madrugada y no puedo volver a dormirme, por lo general me levanto y hago algo útil, que me quita la maldición del insomnio.

Si me preocupa olvidar algo importante, lo escribo en una libreta que tengo junto a la cama, cuidando de no prender las luces. (Una luz brillante en medio de la noche puede reiniciar el reloj biológico; si usted se levanta en la noche para ir al baño, use una luz nocturna, una lamparita enchufada en un tomacorriente cerca del suelo.)

Las causas no médicas del insomnio generalmente pueden tratarse satisfactoriamente siguiendo una buena “higiene de sueño”, concepto elaborado por el difunto Peter J. Hauri, especialista del sueño en la Clínica Mayo.

Eso significa limitar las siestas a no más de 30 minutos al día, de preferencia temprano en la tarde, evitar estimulantes y sedantes, evitar comidas pesadas y reducir al mínimo los líquidos de dos a tres horas antes de irse a acostar, hacer diariamente un ejercicio moderado, de preferencia en la mañana o temprano en la tarde, exponerse lo más posible a la luz brillante durante el día y lo menos posible en la noche, crear condiciones agradables para dormir e irse a la cama solo cuando se empiezan a tener ganas de dormir.

Mucha gente equivocadamente recurre al alcohol para ayudarse a dormir. Si bien puede ayudar a quedar dormido en un principio, produce un sueño fragmentado e interfiere con los ciclos de movimientos oculares rápidos, advierte Avidan, entre otros.

Para quienes sigan requiriendo ayuda con el insomnio, la terapia conductual cognoscitiva ha resultado muy efectiva en ensayos clínicas, aunque puede ser difícil encontrar un especialista en ciertas zonas.

Las pastillas para dormir pueden ser problemáticas, especialmente para gente de edad que es más sensible a sus efectos secundarios, entre ellos la resaca del día siguiente. Incluso los medicamentos de corta acción pueden tener efectos secundarios.

Los remedios de venta libre pueden ser una alternativa, como la melatonina y la valeriana, cuya eficacia está apuntalada más en evidencias anecdóticas que en investigaciones. El cerebro produce melatonina, la hormona natural de la somnolencia, en reacción a la oscuridad.

También existen algunos alimentos que pueden ayudar, como el plátano, las cerezas, los kiwis, la avena, la leche y el té de manzanilla, aunque la evidencia de su eficacia también es meramente anecdótica. Por ejemplo, una amiga me dijo que resolvió un prolongado problema de sueño comiendo un plátano dos horas antes de irse a dormir.

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