New York Times Syndicate

Mientras Iglesia busca pruebas, Isnotú ya venera a un santo

Mientras los habitantes de Isnotú y sus alrededores ya lo veneran como a un santo, la Iglesia católica de Venezuela se encuentra en una misión para documentar un milagro que se le pueda atribuir a uno de los héroes folklóricos más populares del país: José Gregorio Hernández.
William Neuman
10 octubre 2014 17:46 Última actualización 11 octubre 2014 5:0
JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ

José Gregorio Hernández, el santo aún no canonizado de los venezonalos. (NYT)

VENEZUELA. Venezuela necesita un milagro. Y no se trata de encontrar una forma de reconciliar la política dividida del país, ni de arreglar a la economía dañada. La Iglesia Católica  se encuentra en una misión para documentar un milagro que se le pueda atribuir a uno de los héroes más populares del país: José Gregorio Hernández.

Nacido en Isnotú, un pueblito en las faldas de los Andes, el 26 de octubre de 1864, Hernández pasó gran parte de su vida en Caracas, donde estudió y ejerció la medicina. Llegó a ser conocido como “el doctor de los pobres” porque era frecuente que atendiera a los pacientes necesitados en forma gratuita.

Murió en 1919 atropellado por un automóvil. Fue tan querido que los reportajes en los periódicos de la época informaban que la ciudad se había quedado, prácticamente, desnuda de flores porque se usaron para hacer las coronas y los ramos para su funeral.

Decenas de miles de personas llenaron las calles afuera de la catedral, donde se llevó a cabo la ceremonia, dicen los relatos, que cuando estaban a punto de colocar el ataúd en la carroza fúnebre, estalló un grito: “¡El doctor Hernández es nuestro!”.

En un despliegue espontáneo de duelo popular, los ciudadanos de la capital llevaron en hombros el féretro hasta el cementerio. Al paso de los años, aumentó su leyenda. Los enfermos o lesionados le rezaban para que los curara y muchos creyeron que era responsable de algunos milagros.

Asimismo, también lo abrazaron los feligreses de dos religiones populares, en las que se combinan elementos del catolicismo romano con creencias africanas e indígenas.

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MÁS QUERIDO QUE HUGO CHÁVEZ

Actualmente, la imagen de Hernández es omnipresente en Venezuela, quizá todavía más que las fotografías de Hugo Chávez.

La figura familiar de Hernández, por lo general vestido con un traje negro, un sombrero de fieltro de corona alta y bigote, las manos colocadas en la espalda, se puede ver por todo el país.

“José Gregorio es quintaesencialmente venezolano”, notó Laura Zambrano, quien ayuda a impulsar el esfuerzo para que lo santifiquen que realiza la arquidiócesis de Caracas. “Llevó todas nuestras virtudes al extremo; al extremo de la perfección”.

JOSE GREGORIO HERNANDEZ
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CANONIZACIÓN INALCANZABLE

En 1986, el papa Juan Pablo II declaró “venerable” a Hernández, un paso hacia adelante para que sea considerado para la santidad. A fin de dar el siguiente paso, la beatificación, la Iglesia necesitaría mostrar que Hernández ha realizado un milagro. Una vez que se haya hecho eso, con la prueba de un segundo milagro sería posible que calificara para que lo declaren santo.

En dos ocasiones, en 1986 y en 2009, la Iglesia de Venezuela documentó que creía que existían milagros médicos atribuibles a Hernández. Envió la documentación a Roma para su aprobación por parte de un panel de expertos asignados a evaluar ese tipo de casos, pero la rechazaron en cada una de ellas.

Este año, la oficina a cargo de buscar la santificación ya ha recibido más de 800 testimoniales de posibles milagros, en comparación con 234 el año pasado y sólo 65 el año anterior.

En Isnotú, cada día llegan cientos de peregrinos para rendirle homenaje a Hernández en un gran templo que se ha convertido en la principal atracción de la ciudad.

Melvin Andrade, quien hace poco hizo el viaje de nueve horas en coche desde Caracas, rezó en silencio ante la estatua de Hernández, en mármol, de tamaño natural, con la mano derecha extendida, sosteniendo un frasco de píldoras y otras medicinas.

Andrade dijo que le rogó a Hernández que lo ayudara en una serie de operaciones extenuantes que le practicaron después de haber estado en un accidente de motocicleta en enero. Ahora había llegado a dar las gracias. “La operación espinal que me hicieron pudo haberme dejado inválido, pero salí perfectamente”, comentó.

Su novia, Marvella Rivas, de 46 años, no tenía ninguna duda sobre el estatus de Hernández. “Para mí, es un santo aunque todavía no lo hayan beatificado, algo que no puedo entender”, dijo.

Rivas recordó a una pariente adolescente, a quien le encontraron un tumor durante un examen médico. Sin embargo, en una prueba subsecuente, se encontró que el tumor había desaparecido en forma misteriosa. “Ella dijo que José Gregorio Hernández la había operado”, contó Rivas.

“No sabemos si fue un sueño o algo real, pero cuando le tomaron otros rayos X, ya no estaba el tumor”.

HERNANDEZ

SIN SU SANTO, ISNOTÚ ES INVISIBLE

No hay mucho más en Isnotú, además de una calle principal en la que dominan el santuario y los puestos de recuerdos en los cuales se venden chucherías y estatuillas de Hernández.

El gobierno federal construyó el santuario en los 1960, en el sitio donde estuvo la casa en la que Hernández pasó la infancia. En un acto que muchos habitantes lamentan, se derribó la casa para hacer espacio para el santuario.

No obstante, los venezolanos han abrazado a este pueblo como un vínculo con el hombre al que ya veneran como a un santo, a un grado que ha hecho que la jerarquía eclesiástica en Caracas se sienta incómoda. 

No se puede venerar a José Gregorio ahí, porque no han beatificado a José Gregorio, no lo han canonizado”, dijo monseñor Fernando Castro, el obispo auxiliar de Caracas, quien es el encargado de la campaña para ganar la santidad para Hernández. "Sólo se puede venerar a los santos”, agregó.

Castro dijo que la tumba de Hernández en una iglesia de Caracas, conocida como de la Candelaria, debería ser el centro de la atención, a medida que se acerca el 150 aniversario de su natalicio y no Isnotú.

Los lugareños dijeron que Castro llegó a Isnotú en diciembre de 2012 y pidió que se quitara la estatua de Hernández. Castro dijo que no podía recordar haber hecho esa solicitud. La estatua se quedó.

Helder Durán, un miembro de la comisión municipal para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Hernández, acusó a los dirigentes de la Iglesia en Caracas de buscar cambiar el centro de la atención de los devotos de Hernández hacia la capital.

“Económicamente, es más rentable para la Iglesia católica”, dijo, y acusó a la Iglesia en Caracas de querer meter las manos en los ingresos que generan decenas de miles de peregrinos que acuden en masa al templo de Hernández cada año. “Quieren hacer que Isnotú sea invisible”, señaló.