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La leyenda de la primera dinastía china encuentra respaldo en la ciencia

La primera dinastía china, la de Xia, contienen relatos de una Gran Inundación, arqueólogos han encontrado evidencia que la confirmaría.
Nicholas Wade
© 2016 New York Times News Service
19 agosto 2016 18:49 Última actualización 21 agosto 2016 5:0
Imagen temática de inundación. (Shutterstock)

Imagen temática de inundación. (Shutterstock)

NUEVA YORK _ Científicos han encontrado evidencia de una inundación catastrófica que cubrió la parte alta del valle del río Amarillo en China hace unos 4 mil años, un acontecimiento que, dicen, confirmaría la base histórica de la casi legendaria primera dinastía de China.

Textos chinos antiguos registran una mezcla de hechos históricos y leyendas. Algunos registros, como los relacionados con la segunda y tercera dinastías, fueron confirmados con sorprendente detalle cuando arqueólogos presentaron inscripciones en huesos de oráculo y bronces antiguos.

Pero los registros de la primera dinastía, la de Xia, contienen relatos de una Gran Inundación con un salvador estilo Noé, el emperador Yu, quien recibió el mandato del cielo después de excavar canales para dispersar las crecidas y hacer segura las tierras.


Historiadores se han preguntado desde hace tiempo si este relato de la inundación era un mito estilo la creación, el recuerdo popular de un hecho real o alguna mezcla de ambas cosas. Algunos han descartado la historia del emperador Yu como una ficción destinada a justificar el régimen centralizado y, en ausencia de alguna evidencia de una inundación enorme en esa época, muchos han considerado a los relatos de la dinastía Xia como más mito que historia.

Un equipo de arqueólogos y geólogos encabezados por Qinglong Wu de la Universidad de Pekín ha descubierto ahora evidencia de una inundación enorme que dicen pudiera ser la Gran Inundación mencionada en los anales chinos.

El marco para la inundación fue un deslave, causado por un terremoto, que formó una enorme represa natural a través del río Amarillo donde atraviesa el Cañón de Jishi después de salir de la meseta tibetana. A juzgar por los costados remanentes, escriben los investigadores en un ejemplar reciente de Science, la represa se habría elevado unos 244 metros por encima del nivel actual del río.

Durante un periodo de entre seis y nueve meses, según estima el equipo de Wu, el río dejó de fluir mientras el agua se acumulaba en el nuevo lago detrás de la represa. Luego, cuando el agua superó la cresta de la represa, esta rápidamente cedió, liberando hasta 15.8 kilómetros cúbicos de agua, una de las inundaciones más grandes conocidas en los últimos 10 mil años. La explosiva inundación pudo haber viajado hasta 2 mil kilómetros corriente abajo, rompiendo los márgenes naturales del río, causando extensas anegaciones e incluso haciendo que el río Amarillo cambiara su curso.

Las inundaciones a menudo son difíciles de datar. Pero el mismo terremoto que contuvo el río ofreció una fecha al destruir una aldea llamada Lajia unos 25 kilómetros corriente abajo. Las fisuras causadas por el terremoto están completamente llenas de sedimento de la inundación, sin los depósitos anuales de la tierra llevada por el viento que es común en la región, lo cual significa que la inundación ocurrió el mismo año que el terremoto, asegura el equipo de Wu.

La datación con radiocarbono de los huesos de tres niños que murieron en el terremoto estableció que el acontecimiento tuvo lugar alrededor de 1920 a.C.

La fecha ofrece un asombroso vínculo temporal con la dinastía Xia que, si existió, se piensa que empezó en esta época. Un proyecto de cronología china moderna establece el inicio de la dinastía en el 2070 a. C. Incluso más cerca, dos expertos que trabajan con registros astronómicos chinos, una declaración de que hubo una conjunción cercana de cinco planetas al principio del reinado del emperador Yu, han calculado que la dinastía comenzó en 1914 a. C.

Los anales chinos registran que el emperador Yu ideó una recuperación tras la Gran Inundación cavando canales de drenaje en vez de tratar de reparar las grietas en los diques del río Amarillo, como había hecho su predecesor. También tendió los cimientos de la civilización china que siguió al especificar qué regiones debían enviar tributo. El lugar donde empezó sus operaciones está registrado en Jishi, que tiene los mismos caracteres chinos que los del cañón donde ocurrió la represa del deslave.

El equipo de Wu dijo que su reconstrucción de la inundación explosiva desde el Cañón de Jishi demostraba que los antiguos relatos textuales de la Gran Inundación “bien podrían estar arraigados en un hecho natural histórico”.

El descubrimiento también apoya la idea, dicen los investigadores, de que los restos arqueológicos encontrados en Erlitou, un sitio a unos 2 mil 500 kilómetros corriente abajo del cañón, podrían haber sido la capital Xia, dado que la cultura de Erlitou data del 1900 a. C., la misma época que la inundación del Cañón de Jishi.

Pero los historiadores quizá requieran más evidencia antes de suscribir la tesis del equipo. No está tan claro cómo un recuerdo popular de la inundación podía haber sido mantenido con tanta precisión durante al menos 900 años, como sugirió el equipo de Wu, dado que los elementos en los textos empezaron hace unos mil años. Probablemente hubo muchas inundaciones, las cuales podrían haberse mezclado en la memoria popular, dijo Sarah Allan, una historiadora de la antigua China en el Dartmouth College. En su opinión, la Gran Inundación descrita en los textos antiguos es un mito para explicar cómo se formó el mundo, no un acontecimiento histórico.

“La historia empieza con agua en todas partes y el problema es cómo hacer habitable al mundo”, dijo. Aun cuando el mito se centrara en un hecho real, asociar esto con la inundación del Cañón de Jishi o la inundación con la cultura Erlitou es ir demasiado lejos, afirmó.

Paul Goldin, quien estudia el periodo de los Estados Belicosos de China en la Universidad de Pensilvania, también considera poco probable que los relatos de Yu y la Gran Inundación representen hechos históricos. Y datan mayormente del siglo IV a. C., mucho después de la inundación del Cañón de Jishi. “Estas son leyendas relativamente tardías que fueron propagadas por razones filosóficas y políticas, y es inherentemente cuestionable suponer que representan a algún recuerdo tenue del pasado”, dijo.

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