New York Times Syndicate

La aldea inglesa
que encabeza una revolución energética

Desde hace una década, Ashton Hayes, una pequeña aldea inglesa se ha sumado a la lucha contra el cambio climático instalando paneles solares y tomando menos aviones, con lo cual han conseguido una reducción de 24 por ciento en sus emisiones.
New York Times
10 septiembre 2016 22:23 Última actualización 11 septiembre 2016 5:0
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Ashton Hayes es un caso de estudio para la siguiente fase de la batalla contra el cambio climático: hacer que la gente cambie sus hábitos. (NYT)

ASHTON HAYES.- Esta pequeña aldea de unos mil habitantes se parece a cualquier otra localizada en el campo.

Pero Ashton Hayes es diferente en una forma importante cuando se trata de uno de los problemas más apremiantes del mundo: el cambio climático. Cientos de residentes se han unido para reducir las emisiones de gases de invernadero: usan tendederos en vez de secadoras de ropa, toman menos vuelos, instalan paneles solares y colocan cristales dobles en las ventanas para aislar mejor sus casas.

El esfuerzo, que cumple su décimo aniversario este año, ha conducido a una reducción del 24 por ciento en las emisiones, según sondeos realizados por un profesor de sustentabilidad ambiental que vive aquí.

Pero lo que hace a Ashton Hayes inusual es su enfoque; los residentes lo han hecho solos, sin incentivos del gobierno. Unas 200 localidades, ciudades y condados en todo el mundo _ incluidos Notteroy, Noruega; Upper Saddle River, Nueva Jersey; y el Condado Changhua, Taiwán _ se han acercado para informarse de cómo lo hicieron los residentes aquí.

Conforme la ciencia del clima se ha vuelto más aceptada, y los efectos de un planeta que se calienta se vuelven cada vez más evidentes, Ashton Hayes es un caso de estudio para la siguiente fase de la batalla contra el cambio climático: hacer que la gente cambie sus hábitos.

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“Simplemente pensamos que todos deberíamos tratar de hacer nuestra parte”, dijo Rosemary Dossett, residente de la aldea. “Y en vez salir y gritarlo, simplemente lo hacemos”.

Uno de sus secretos, al parecer es que la gente de Ashton Hayes se siente a cargo, en vez de seguir políticas gubernamentales. Cuando el miembro del Parlamento que representa a la aldea se apareció en su primera reunión pública en enero de 2006, le dijeron que no podía pronunciar ningún discurso.

“Dijimos: ‘Esto no es sobre usted esta noche, esto es sobre nosotros, y usted puede escuchar lo que nosotros tenemos que decir a favor de un cambio’”, dijo Kate Harrison, una residente y miembro inicial del grupo.

A ningún político se le ha permitido dirigirse al grupo desde entonces. La aldea ha mantenido el esfuerzo separado de la política partidista, la cual en opinión de los residentes solo los dividiría a lo largo de líneas ideológicas.

El proyecto fue iniciado por Garry Charnock, un ex periodista que se educó como hidrólogo y ha vivido en la aldea durante 30 años. Se le ocurrió la idea hace más de una década después de asistir a una conferencia sobre el cambio climático en el Hay Festival, una reunión literaria anual en Gales. Decidió intentar lograr que Ashton Hayes se convirtiera, como lo expresó, “en la primera aldea neutral en carbono de Gran Bretaña”.

“Pero aun cuando no lo seamos”, recuerda haber pensado en ese entonces, “tratemos de divertirnos un poco”.

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En ocasiones, los esfuerzos para reducir los gases de invernadero involucran generar sentimientos de culpa o plantear escenarios catastróficos que hacen que la gente sienta que el problema es demasiado abrumador para hacerle frente.

En Ashton Hayes _ unos 40 kilómetros al sudeste de Liverpool, con una iglesia anglicana del siglo XIX y una tienda de propiedad comunitaria que también funciona como oficina postal _, los residentes han aligerado el estado de ánimo.

Celebran reuniones públicas con queso y vino en las casas más grandes de la localidad, “para que todos puedan echar un vistazo”, y ver cómo viven las personas más ricas, dijo Charnock, director ejecutivo de RSK, una compañía de consultoría ambiental. “Ni siquiera nos aleccionamos unos a otros en Ashton Hayes”.

Unas 650 personas _ más de la mitad de los residentes de la localidad _ asistieron a la primera reunión, dijo Charnock. Algunos en la aldea fueron menos entusiastas, pero, poco a poco, empezaron a participar.

Algunos han ido más lejos. Cuando estaban buscando construir su casa eficiente en el uso de energía y escucharon hablar del proyecto neutral en carbono de Ashton Hayes, Dossett y su esposo, Ian, pensaron que podría ser la aldea perfecta para ellos.

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Se mudaron desde la cercana South Warrington y encontraron dos cabañas de granja antiguas, las cuales convirtieron en una casa de ladrillos de dos pisos, e instalaron enormes ventanas con triple cristal, celdas fotovoltaicas en el techo, una bomba de calor geotermal que calienta la casa y su agua, y una cisterna subterránea para almacenar agua de lluvia para los baños y el jardín.

“No quería que nadie pensara que vivíamos en una choza de adobe”, dijo Dossett, sentada en un sofá en su cálida sala de estar cálida y bien iluminada.

Los Dossett también tienen un huerto en el jardín, cultivan uvas para vino, elaboran cerveza y tienen dos vacas, las cuales podan el jardín y quizá eventualmente también se conviertan en su alimento en unos años. Pagan unas 500 libras esterlinas (alrededor de 650 dólares) al año por electricidad y calefacción.

Aunque aún se requieren profundas reducciones en todo el mundo para hacer un progreso más amplio, las acciones para reducir las emisiones, incluso por parte de localidades pequeñas, son un paso en la dirección correcta, dicen expertos que estudian la acción comunitaria sobre el cambio climático.

“El elemento de unión comunitaria de todo esto ha sido tan importante como el impacto ambiental hasta ahora”, dijo Sarah Darby, investigadora del Instituto para el Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford.


Añadió que Ashton Hayes estaba en buena posición para emprender este tipo de proyectos; es una aldea pequeña de personas adineradas y bien educadas, así que simplemente tomar menos vuelos cada año puede tener un impacto importante.

Los residentes pudieron reducir las emisiones en alrededor de 20 por ciento en el primer año, según sondeos usados para calcular las huellas de carbono que fueron desarrollados por Roy Alexander, un profesor local, y sus estudiantes.

Algunos han tenido reducciones aún más significativas: los hogares que participaron en los sondeos en el primer y décimo años redujeron su uso de energía en alrededor de 40 por ciento.

Charnock dijo que pensaba que la aldea podía reducir su huella de carbono de 2006 a 80 por ciento en los próximos años con la ayuda de fondos de subvención para comprar e instalar paneles solares en la escuela local y otros edificios.

Lo próximo que deben hacer, dijo, es lograr que el gobierno del condado se comprometa a reducir las emisiones tanto como Ashton Hayes. “Hay demasiada apatía”, dijo Charnock. “Necesitamos exprimir esa capa de apatía y eliminarla”.

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